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Un estudio publicado en la revista Science ofrece nuevas pistas sobre por qué los perros grandes viven menos que los pequeños. Aunque esta tendencia es conocida, sus “mecanismos subyacentes siguen sin estar claros”, como explica Corinne Simonti, editora de la revista, en un comentario sobre la investigación.
“El envejecimiento es un proceso biológico universal; sin embargo, los individuos de una misma especie pueden presentar diferencias muy marcadas en cuanto a la esperanza de vida y el riesgo de padecer enfermedades”, se lee en la introducción del estudio.
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Para intentar entender estos mecanismos, los investigadores analizaron la edad biológica de 894 perros de 120 razas. La edad biológica, como explica la Escuela de Medicina de Yale, “se refiere al estado en el que se encuentran nuestras células en el proceso de envejecimiento; en algunas personas, este proceso puede ser más rápido o más lento que el envejecimiento cronológico”. Con el paso del tiempo, señala la institución, las células, los tejidos y los órganos acumulan daños moleculares que pueden hacer que la edad biológica avance más rápido que la cronológica.
A partir del ADN de estos perros, los investigadores desarrollaron predictores de la edad biológica, en los que se estableció que la divergencia respecto a la edad cronológica se correlacionaba con el riesgo de mortalidad. En otras palabras, cuanto más se adelantaba la edad biológica de un perro a la cronologíca, mayor era su riesgo de fallecer.
Además, encontraron que los perros de mayor tamaño, los machos y los más jóvenes mostraban perfiles moleculares compatibles con un envejecimiento epigenético acelerado. Una de las claves para entender esto es la metilación del ADN, un proceso epigenético donde marcas químicas actúan como interruptores que activan o apagan genes sin alterar la secuencia genética. En los perros estudiados, este mecanismo aumentó en las zonas que reducen la actividad de genes vinculados al envejecimiento humano.
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Cabe señalar que los perros estudiados hacen parte del Dog Aging Project, una iniciativa que busca comprender cómo los genes, el estilo de vida y el entorno influyen en la salud y el envejecimiento.
“Nuestros hallazgos establecen, en términos generales, a los perros de compañía como un modelo traslacional para desentrañar los mecanismos moleculares de la variación en la esperanza de vida, la inestabilidad epigenómica y las enfermedades relacionadas con la edad. Demostramos que los perros con una vida más corta no solo mueren antes, sino que experimentan un envejecimiento molecular acelerado específico de determinadas localizaciones y estructuras genómicas. Por lo tanto, la variación en la esperanza de vida dentro de una misma especie se refleja no solo en el ritmo del envejecimiento epigenético, sino también en la arquitectura genómica a través de la cual se desarrolla el envejecimiento”, concluyen los autores del estudio.
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