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22 Jun 2022 - 2:00 a. m.

El reencuentro que Dioselina esperó 45 años con su familia

Con tan solo el dato de que había salido a los 17 años de su casa en Garzón (Huila), Dioselina Cadena inició la búsqueda de su familia, que tras su desaparición la consideraba muerta.
El reencuentro de Dioselina con su familia se dio el pasado jueves.
El reencuentro de Dioselina con su familia se dio el pasado jueves.
Foto: Cruz Roja Colombiana

En Acarigua (Venezuela) eran las 4:00 de la tarde cuando Dioselina Cadena salió de su casa con tres maletas que la acompañarían hasta Garzón (Huila), en Colombia, a reencontrarse con su pasado: la familia que dejó atrás hace 45 años y que tras considerarla desaparecida ya la daban por muerta.

Llegó a la terminal llena de nervios, esperando a que el reloj marcara las 9:30 p.m., para que el primer bus arrancara con rumbo a San Cristóbal, en el país vecino.Luego de siete horas de viaje se embarcó en un nuevo vehículo, que la transportó en 30 minutos hasta San Antonio, en las que no dejó de llorar. En el puente Internacional Simón Bolívar, en Cúcuta, tomó un taxi que la llevó hasta la terminal de transportes de la ciudad, desde donde inició su travesía a Bogotá.

Fueron 15 horas. A las 2:30 a.m., de su segundo día de viaje, Dioselina arribó a Bogotá desde donde saldría para Huila. En Garzón, municipio ubicado a tres horas de Neiva, su hermano Luis Ángel Cadena, de 86 años, la esperaba con los mismos nervios que ella, después de 45 años de no saber nada el uno del otro y de prácticamente estar convencidos de que ninguno de los dos estaría vivo.

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“Por cosas de la vida, cuando era adolescente, tenía en mi mente la idea del sueño americano, cuando el sueño americano era Venezuela. Me fui de Garzón a trabajar a Bogotá, allá conocí a una familia venezolana que me ofreció una mejor calidad de vida, económicamente, y me fui”, recuerda Dioselina, quien salió de su casa cuando tan solo tenía 17 años. Desde entonces perdió cualquier tipo de comunicación con su familia.

Y armó su vida. Tras trabajar con la familia con la que se fue a Venezuela, decidió montar un taller de modistería, que conserva hasta hoy. Formó una familia y tuvo dos hijos, pero más de 20 años después, cuando se motivó a buscar a quienes dejó en Colombia, en un accidente murió uno de sus hijos, por lo que detuvo la búsqueda.

La reinició hace cuatro años, y no fue nada fácil. En parte, por los retos que implicó la pandemia, así como por los retos que trajo el rastreo en Colombia. En Venezuela, el caso se recibió a través de la línea de Protección de Vínculos Familiares (PVF) de la Cruz Roja, que funciona en más de 190 países, y que como primer paso inició la articulación con el equipo de Huila, para hacer el rastreo de la familia.

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“Este caso me llegó a finales de enero, en ese momento lo remití a la seccional donde se tienen las noticias de la persona desaparecida y desde ahí ellos realizan su propia coordinación. Este es un caso muy particular, porque se resolvió en muy poco tiempo, pero hay otros que llevan abiertos hasta 20 y 30 años. Eso depende de muchos factores, como la cantidad de información, la articulación interinstitucional que podamos realizar”, explica Yenny Medina, coordinadora nacional de la línea PVF.

En Garzón, Mercedes Cequera, coordinadora del grupo de apoyo de la Cruz Roja del municipio, recibió el caso y empezó a indagar con las instituciones de salud de la vereda La Soledad, donde vivió Dioselina con su familia hasta los años 70. Sin embargo, allí no encontraron información. “Pasó un mes y me contacté con la voluntaria Adriana para que me ayudara con la búsqueda. Una amiga de ella conocía a la familia, y así obtuvo un número en el que nos contestó la hija de don Luis, hermano de Dioselina”, recuerda Cequera.

Y así, en el voz a voz, el grupo llego al hermano de Dioselina, Luis Ángel, de 86 años, y su familia para quienes no era posible que la mujer siguiera viva, por lo que no bastó con la carta que ella había escrito con su puño y letra para comprobar su existencia, ni el video en el que ella misma confirmaba que estaba buscando a su familia.

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“No me acordaba de la letra de ella. Cuando vi el video todavía no creía, decía que esa no era. Me pusieron más cerca y le presté más atención a lo que hablaba, preguntó por la mujer mía, los nombraba a todos, ahí me hizo llorar y dije que sí era ella. A mí me dijeron que ella había muerto hace 18 años, fueron con ese chisme allá a la casa. Hablamos entre hermanos tratando de buscar más información para saber qué había pasado, si había sido muerte natural, dónde había quedado, pero nada. Cuando ella se fue estaba mocita, estudiando, recuerdo que me dijo que seguramente no volvía pronto, pero volvió”, dijo entre lágrimas su hermano Luis.

Las últimas siete horas de viaje a Neiva fueron eternas. Era el último tramo del recorrido antes de que un equipo de la Cruz Roja, que concretó el reencuentro, la llevara a Garzón. Los nervios aumentaron, especialmente cuando le dijeron que ya habían llegado al municipio, en ese momento las lágrimas aparecieron una vez más. Iba a volver a ver a quienes dejó atrás hace 45 años.

El reencuentro se dio en el barrio Santa Clara, allí dos de sus hermanos, entre ellos Luis, sobrinos que no conocía y más familiares, la esperaban. En la entrada un arco de bombas blancas, amarillas y rojas le daban la bienvenida. El vehículo se estacionó frente a la fila de personas que estaban en la casa. Dioselina se bajó llena de lágrimas, miró fijamente a su hermano Luis, a quien después de algunos segundos, asimilando la situación, se lanzó a abrazar por cerca de dos minutos. Un momento que llenó de nostalgia a las personas que se encontraban allí.

“Había planificado muchos viajes. Sé que no estoy en otro planeta para justificar no haber venido antes. No hay justificación para haberme perdido por tanto tiempo, pero aquí estoy con ustedes. Tenía miedo, tenía cobardía de venirme”, fueron las palabras de Dioselina a su familia, después de cuatro décadas sin verlos.

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