También quiso ser tenista profesional

Fernando Aristeguieta, el delantero con vocación de escritor

El futbolista venezolano se va del América de Cali tras anotar 14 goles en la presente Liga Águila y dejar un legado de entrega innegociable.

Fernando Aristeguieta jugará la Copa América con la selección venezolana.América

En la imagen, tomada por allá en 2002, aparece un niño pelirrojo con un montón de pecas que sobresalen por su tez blanca, de orejas prominentes y con una camiseta deportiva Adidas más grande que su humanidad. El pequeño, que tiene diez años, sostiene un trofeo mientras su mirada pícara esquiva la cámara justo en el instante que se quiere inmortalizar.

A su lado, otro niño, de piel trigueña y pelo oscuro, sostiene el mismo galardón. Se deduce, solo con ver la foto, que ambos fueron campeones de un torneo de dobles por la indumentaria de tenistas, de esos que cargan morrales gigantes, usan tenis blancos y juegan todos los domingos. Uno es Fernando Aristeguieta, el otro es David Souto, venezolanos, del estado de Miranda, talentosos, de los mejores del país. Uno tomó la decisión de cambiar la raqueta por el balón de fútbol, el otro materializó el sueño de ser profesional en el deporte blanco.

Aristeguieta, quien anotó 14 goles en la Liga Águila, el hombre más rendidor del América de Cali, aún conserva esa expresión de astucia aunque esta se camufle de cuando en cuando por una barba tupida que lo hace lucir más serio, más pensativo. También sigue jugando tenis, pero por su altura ya prefiere apelar al saque y la red. Y lo hace con la naturalidad del que no olvida, con la inteligencia del que se adapta a los cambios, con movimientos que ya son maquinales así ahora todo lo haga con los pies.

Comenzó en el club de Tenis Altamira en Caracas, porque sus padres eran socios, y llegó a ser número dos de su país en la categoría de menores de diez años. Ganó varios torneos regionales y hasta fue finalista en dobles haciendo pareja con Luis Fernando Ramírez, su primo mayor (le lleva tres meses) y con el que a lo largo de la vida ha entablado una amistad que mutó en hermandad, que los hizo inseparables. “Cada vez que me visita en Miami jugamos tenis. Y se pone de mal genio cuando le gano, cuando le juego por el revés, que es su hueco. De hecho, trabajamos mucho ese golpe. Eso sí, tiene un gran servicio y varía muy bien de altura y potencia”, dice Luis Fernando.

Estuvieron un mes en la academia de Nick Bollettieri, famosa por haber sido cuna de jugadores como Boris Becker, Andre Agassi, Jim Courier, Monica Seles y Martina Hingis, entre otros. En la lejanía hicieron todo lo posible por seguir juntos mediante llamadas interminables cuando Luis estaba en la universidad y Fernando en el Nantes, de Francia. Horas de charlas, de contarle al uno lo que hacía el otro para que la soledad de ambos se esfumara paulatina y lentamente. “Siempre me ha apoyado y he tratado de hacer lo mismo con él”.

ariste_tenis_.jpg

Descripción: 
Aristeguieta (izq.) en su etapa como tenista.
Autor: 
cortesía Match Tenis

Pero su polivalencia (también juega golf y nada muy bien) no solo es deportiva, pues en sus 26 años ha cultivado la oralidad, entre otras cualidades ¿Cómo? Leyendo mucho, haciendo de las letras una costumbre, una adicción. Por eso fue normal que durante su estadía en el Philadelphia Union de la MLS (fue delantero de este equipo en 2015) pasara sus tardes sumido en la historia de las batallas napoleónicas expuesta por León Tolstói en Guerra y paz y en la sutileza y crueldad con la que el ruso mostró la realidad de su nación.

Le puede interesar: El proyecto de El Pecoso Castro para el América 2019

En la colección que prevalece en su memoria hay escritores de la talla de Françoise Frenkel, la judía polaca que retrató las atrocidades del régimen nazi, el británico Eric Arthur Blair (más conocido por su seudónimo de George Orwell) y su libro 1984, un texto muy adelantado para su época y que puso de moda la omnipresencia de una sociedad en decadencia (él mismo lo comparó con el manual de gobierno de Nicolás Maduro), hasta la novela Fiesta de Ernest Hemingway, texto que relaciona el período de entreguerras y muestra cómo la generación de autores que tuvo que vivir el conflicto bélico quedó marcada no solo en su vida sino en su literatura.

Las experiencias vividas gracias a cada página desarrollaron una sensibilidad muy suya, una vocación de escritor que fomenta en sus ratos libres. Su perfeccionismo, a veces exagerado, y hasta su pudor le han permitido publicar muy poco, pues entiende, como si esa fuera su profesión, que no todo es para todos y que uno mismo debe ser su primer editor.

“Yo sabía que no estaba totalmente curado de Corina, pero no tenía idea que era tan frágil como para quebrarme con un brevísimo contacto visual [...] Mi historia con Antonieta empezó en un Caracas-Magallanes. O en realidad fue después de un Caracas-Magallanes. El juego ni sé cómo quedó. Cuando en la parte baja del séptimo inning nos vinieron a cobrar las cervezas y nos explicaron que a partir de esa temporada cortarían las bebidas alcohólicas en el séptimo, pagamos y decidimos que era momento de irnos”, dice un aparte de su cuento titulado A cinco bancos, escrito en octubre de 2017, cuando jugaba en el Caracas F.C., equipo con el que debutó en la temporada 2009-2010. “Su curiosidad es muy grande y es todo un autodidacta. No se conforma con nada y a toda hora está cuestionando lo que no comparte. Eso sí, con argumentos”, apunta Luis Fernando.

Pero su repertorio no solo tiene historias de amor en medio de partidos de béisbol, también hay vivencias transpuestas en letras, como en su texto Futbolista, ¡eres una vergüenza!, en el que hace una reflexión sobre el profesional del fútbol y el sacrificio que el hincha y los medios de comunicación, a veces banales, no ven; hasta de las injusticias que desembocan en juicios de valor y que tienen como sustento una derrota.

El clamor de un venezolano

Fernando no es ajeno a la tragedia de su país y por eso habla con propiedad de la diáspora que ha generado el gobierno de Nicolás Maduro, porque siente como suya la desgracia de otros. “La mayoría de los venezolanos no puede suplir sus necesidades básicas y la dictadura se niega a dejar ingresar la ayuda humanitaria que no solucionaría, pero sí aliviaría un poco la situación”, dijo el jugador del América en sus redes sociales el 20 de febrero de este año. Sincero al extremo, Aristeguieta no oculta el malestar por lo que pasa con Venezuela, pero tampoco pierde la ilusión de que todo mejore, de que todo vuelva a ser como en las épocas en las que recorría la nación con una raqueta de tenis. Por ahora, con la impotencia enorme que sienten todos los que ven cómo Venezuela se consume entre sus propias llamas, Fernando seguirá leyendo y escribiendo mucho, quizá solo para él, y marcando goles para los demás, para que su nombre suene junto al de su país, para que las gentes repitan que, por ahora, el goleador del fútbol colombiano es un venezolano, un futbolista diferente.

@CamiloGAmaya

Correo: [email protected]
*Texto publicaco el 9 de marzo

843998

2019-06-04T11:37:13-05:00

article

2019-06-04T11:37:13-05:00

[email protected]

none

Camilo Amaya

Fútbol colombiano

Fernando Aristeguieta, el delantero con vocación de escritor

61

7584

7645