
Colombia acaba de recibir otro recordatorio de su dependencia del gas importado. Una falla técnica en la regasificadora de Cartagena obligó al Gobierno a declarar un racionamiento programado desde el 26 de octubre, mientras los trabajos correctivos reducen temporalmente la capacidad de la terminal. La medida no implica necesariamente cortes para los hogares, pero expone la importancia de una infraestructura de la que depende el abastecimiento nacional.
El episodio llega pocos días después de que Ecopetrol declarara desiertos sus procesos para contratar gas natural licuado (GNL) a cinco años. Las ofertas recibidas no cumplían las condiciones comerciales necesarias para garantizar la rentabilidad de las operaciones y evitar sobrecostos para los consumidores, según explicó la petrolera. Parte del problema estaba en que los compromisos de compra no tenían suficiente respaldo en la demanda de que los clientes colombianos estaban dispuestos a contratar.
El gran problema es que, más allá de conseguir moléculas de gas, el país necesita cubrir una oferta nacional insuficiente, y debe hacerlo en condiciones que pueda pagar y con una infraestructura capaz de recibir el combustible.
Nelson Castañeda, presidente de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios de Petróleo, Gas y Energía (Campetrol), advirtió sobre ese escenario en entrevista con El Espectador: "Nos toca acostumbrarnos a importar gas durante los próximos cinco años", afirmó. Según las cifras que citó, en septiembre las importaciones alcanzaron los 430 millones de pies cúbicos diarios, cerca del 33 % del consumo nacional.
El dirigente estima que, si la producción nacional no se recupera y entran en operación nuevos proyectos, la participación del gas importado podría llegar al 50 % del suministro en 2030.
De manera que la dependencia ya no es una posibilidad remota, es un presente continuo que tanto analistas como gremios han puesto sobre la mesa desde hace años, y esa tardanza en la toma de decisiones tendrá un costo mientras se desarrollan las nuevas fuentes de producción.
Contexto: ¿Racionamiento de gas en Colombia? Qué implica la medida por los trabajos en regasificadora
¿Puede duplicarse la factura del gas?
Castañeda planteó un escenario crítico para los consumidores. Si el gas importado representa la mitad del suministro en 2030 y su precio alcanza los USD 20 o USD 25 por millón de BTU (la unidad con la que suele comercializarse el combustible), la factura podría duplicarse o triplicarse.
Y la advertencia no es ajena a la situación del mercado. Cuando Ecopetrol declaró desiertos los procesos de importación, las cotizaciones ya rondaban cerca de los USD 25 por millón de BTU, con posibilidades de alcanzar USD 30.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre el precio de compra del combustible y el recibo que paga un hogar. La factura depende también de los contratos de suministro, el transporte, la distribución y otros componentes. Por eso, la comparación de precios internacionales no basta para demostrar que los recibos vayan a duplicarse o triplicarse.
Campetrol compara el gas nacional, que Castañeda situó entre USD 5 y USD 7 por millón de BTU, con escenarios de importación mucho más costosos. Tuvo un motivo: el presidente del gremio explicó que el GNL debe enfriarse para convertirlo en líquido, transportarse en buques y regasificarse antes de incorporarlo al sistema nacional.
Así, la advertencia toma color, porque el gas no solo abastece las cocinas de los hogares, sino que es un insumo clave para la industria y combustible para centrales térmicas que respaldan la generación eléctrica cuando la oferta de las hidroeléctricas disminuye (justo en plena época de sequía).
Si el combustible se encarece, las consecuencias pueden propagarse por la economía. No todos los usuarios enfrentarían el mismo impacto ni en la misma proporción, pero los costos de la energía y de los insumos industriales son variables que terminan influyendo en los precios de bienes y servicios, es decir, la inflación.
Una regasificadora que concentra el riesgo
Hoy en día hay otra contingencia: la concentración de la infraestructura de importación.
SPEC LNG, en Cartagena, es actualmente la única terminal que permite recibir gas natural licuado importado y convertirlo nuevamente en gas para incorporarlo al sistema nacional. Los trabajos correctivos reducen su capacidad de regasificación de 475 a 400 millones de pies cúbicos diarios, una disminución de 75 millones.
Según el Ministerio de Minas y Energía, las labores tomarían entre siete y ocho días. El racionamiento programado, no obstante, permanecerá vigente mientras continúen las condiciones que originaron la medida y hasta que la cartera declare oficialmente su finalización.
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La resolución establece prioridades para distribuir el combustible disponible. Primero se atiende la demanda esencial; después, la generación térmica y determinadas actividades industriales necesarias para transportar crudo destinado a refinación. Los demás contratos se atienden conforme al orden establecido, con las exportaciones de gas firme al final.
Eso no equivale a anunciar cortes generalizados, vale aclarar. La declaración permite administrar el suministro durante la contingencia y proteger los usos prioritarios, mientras los agentes ajustan sus operaciones.
Pero existe un antecedente que merece atención: en septiembre, una reducción similar llevó a declarar otra medida de racionamiento programado. La terminal recuperó entonces su capacidad plena el 29 de septiembre, antes de la fecha prevista inicialmente.
El gas que Colombia tiene, pero todavía no puede utilizar
Para Castañeda, la principal salida consiste en acelerar los proyectos que aumenten la producción nacional. El más relevante por su volumen potencial es Sirius, el yacimiento costa afuera desarrollado por Ecopetrol y Petrobras.
Según el presidente de Campetrol, las empresas han invertido alrededor de USD 1.000 millones en la delimitación del yacimiento y terminaron la perforación de cinco pozos. El proyecto podría aportar unos 450 millones de pies cúbicos diarios, pero su entrada en producción se estima para 2030 o 2031, siempre que no haya retrasos.
La diferencia entre descubrir gas y ponerlo a disposición de los consumidores es decisiva. Sirius necesita avanzar en los trámites correspondientes y construir infraestructura para transportar el combustible hasta el sistema nacional. Castañeda mencionó un gasoducto de aproximadamente 120 kilómetros y la necesidad de avanzar en las consultas previas.
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El proyecto podría aumentar considerablemente la oferta nacional, pero no resolverá por sí solo las necesidades inmediatas. Entre la situación actual y su eventual entrada en operación, hay varios años durante los cuales el país deberá combinar producción propia e importaciones.
Por ahora, tres proyectos en los reflectores: Sirius, en Costa afuera; Colectora, en La Guajira, y el gasoducto Antonio Ricaurte, la conexión energética entre Colombia y Venezuela. Este último ha cobrado especial relevancia desde la intervención de Estados Unidos al país vecino y los cambios en el escenario político. Desde entonces, el Gobierno Nacional puso sobre la mesa la posibilidad de que sirva como fuente adicional.
Para Castañeda, otra posibilidad es desarrollar recursos no convencionales en las cuencas del Cesar, Ranchería y Magdalena Medio. El líder gremial señaló el interés de empresas como Drummond y Ecopetrol, aunque las inversiones dependen de decisiones regulatorias y de la maduración técnica de los proyectos.
"Los yacimientos no convencionales en todas las cuencas que tenemos pueden multiplicar por 97 las reservas de gas que tiene hoy el país", dijo el dirigente. "El gas está descubierto, necesitamos ponernos de acuerdo para traer la molécula del subsuelo a los hogares".
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La recuperación también depende de los campos existentes
La respuesta no se limita a buscar nuevos yacimientos. Campetrol propone incentivar el recobro mejorado, que permite extraer una mayor proporción del petróleo que permanece en campos ya descubiertos.
Castañeda considera que elevar el factor de recobro de los campos colombianos podría aumentar los volúmenes recuperables. Para ello, plantea generar incentivos que hagan atractivas las inversiones adicionales.
El gremio también reclama condiciones tributarias y contractuales más competitivas para atraer nuevos capitales. Su argumento es que los inversionistas comparan las oportunidades de Colombia con las de países como Argentina, Brasil y Ecuador, y que la estabilidad jurídica influye en sus decisiones.
Según Castañeda, el número de taladros dedicados a perforar nuevos pozos pasó de 60 en noviembre de 2022 a 32 este año. Atribuyó a la reducción de la actividad la pérdida de más de 25.000 empleos directos e indirectos en el sector de bienes y servicios.
La prueba está en los próximos años
El sector prioriza tres decisiones: aumentar la producción en los campos existentes, desarrollar los proyectos de gas en tierra y costa afuera y evaluar el potencial de los recursos no convencionales.
El Gobierno y las empresas deberán demostrar qué parte de esas alternativas puede convertirse en oferta adicional, con qué inversiones y en qué plazos. Mientras tanto, el abastecimiento seguirá expuesto tanto a los precios internacionales como a las condiciones operativas de la infraestructura de importación.
Colombia ya sabe que necesitará importar gas durante los próximos años. Más pronto que tarde deberá resolver el costo de esa dependencia, qué proyectos solucionarán la brecha actual y si logrará poner la oferta antes de que el abastecimiento se vuelva una cifra en rojo para los consumidores.
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Eduardo Sáenz Rovner(7668)•Hace 21 horas"Gracias" Petro…
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Guillermo(n5sqs)•27 de octubre de 2026 – 18:47Resultado de las fantásticas politicas públicas de "decrecimiento" de Irene & Hildebrando Vélez, que el megalómano de Petro dió por ciertas sin contrastación alguna. Hace 4 años importabamos el 3-5% de gas ahora el 35-40%. La responsabilidad es del Pacto Histórico y su efecto es netamente electoral en 2027 como debe ser en las modernas democracias.
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Brayan Tibocha(jbw8b)•27 de octubre de 2026 – 18:14Todo gracias a la pésima política energética del tusi cocaíno borrachín drogadicto degenerado sugar daddy put añero 40+ chicas malas nauseabundo y mala vida de Gustavo Petro.
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Olegario(51538)•27 de octubre de 2026 – 18:12Pero estamos contribuyendo a la disminución del calentamiento global, según las directrices del Calígula intergaláctico y de la “experta” en minas Irene Vélez.