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La historia de la emprendedora que ayuda a los refugiados y ahora es modelo a seguir

Se llama Aline Sara y es la cofundadora de NaTakallam (‘Hablamos’ en árabe), que enseña idiomas mientras se ayuda a comunidades afectadas por el conflicto.

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Edwin Bohórquez Aya
07 de enero de 2026 - 11:24 p. m.
Aline Sara permite que "las personas afectadas por conflictos obtengan ingresos en línea como tutores de idiomas, profesores y traductores".
Aline Sara permite que "las personas afectadas por conflictos obtengan ingresos en línea como tutores de idiomas, profesores y traductores".
Foto: https://alinesara.com/
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Hace unos diez años estaba de viaje con una misión de empresarios colombianos por Singapur y Malasia. Ellos buscaban entender esas otras latitudes para concretar nuevos negocios mientras yo entendía esos mercados y su posible combinación con el talento colombiano. En medio de citas comerciales, de entrevistas en mi caso, de visitas a centros de desarrollo e innovación, una de las personas con las que compartía el recorrido y quien sabía que yo tenía una hija, me hizo una invitación: ¿Quieres donar un poco de tu tiempo para ayudar a pintar un jardín infantil que cuida a niños hijos de refugiados?

La pregunta, en medio del contexto y del lugar, me tomó por sorpresa. Entonces le indagué un poco más. Ella me contó que hacía parte de un grupo internacional de jóvenes que donaba tiempo y conocimiento a personas afectadas por la violencia en todo el mundo y que, justo para esa fecha, sus contactos de Malasia le extendieron esa invitación. Sin pensarlo mucho, le dije que sí. Al día siguiente, que era domingo, muy temprano en la mañana, tomamos un taxi desde una cómoda zona en Kuala-Lumpur y llegamos hasta un edificio gris, tenue, al otro lado de la ciudad. Nos recibieron dos personas: una mujer que vestía hijab con una bata larga, y un hombre en camiseta y pantaloneta, de esas que tiene muchos bolsillos a los lados. Los dos, con una sonrisa de oreja a oreja.

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Subimos una escalera larga hasta que cruzamos una puerta de metal. Entramos a un espacio similar al de un apartamento de unos 70 metros cuadrados que había sido acondicionado para recibir menores de edad. Para cuidarlos y enseñarles. Nos quedamos toda la mañana. Yo pinté, con colores naranja, amarillo, rojo, verde y azul, un niño viajando en una avioneta, una niña en un globo, muchas nubes y un puente que conectaba a dos mundos. Dibujé una porción de pasto en tierra firme y plantas colgadas de un pequeño arcoíris. Eran, en parte, los mismos dibujos que había hecho en algún momento con mi hija.

Con mi amiga y las dos personas que nos abrieron la puerta, escribimos palabras, muchas: soñar, volar, pasión, amistad, familia, hermandad, países, viajes, ayudar, etc. Ella escribió mensajes de esperanza, de unión, de esos que le hablan a las nuevas vidas y a las oportunidades en medio de la crueldad de la violencia. Ninguno de los niños, según los países de donde venían, hablaba inglés, nos contaron las dos personas que nos abrieron la puerta, pero en su nueva vida, era una tarea diaria aprenderlo. La forma de labrar un nuevo camino. De buscar más caminos por el mundo lejos de donde los desplazaron.

De esta anécdota de mi vida quedaron muchos aprendizajes: siempre hay alguien que necesita una mano, siempre hay alguien que quiere ayudar desinteresadamente, siempre hay un violento y siempre hay un violentado. Siempre los niños, sin entenderlo, van siendo testigos de un mundo que no es benevolente y generoso con todos por igual. Pero, en medio de muchos peros, hay personas como mi amiga, como la mujer que vestía hijab y el hombre de sonrisa amplia. Y como ellos, en mi opinión, es Aline Sara, la protagonista de esta historia con la que me encontré después de ver un video en la cuenta de Instagram del World Economic Forum.

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“Esta plataforma conecta a estudiantes de idiomas con profesores refugiados”, decía la imagen de presentación. “En NaTakallam, ponemos a los refugiados cara a cara con los estudiantes”, aseguraba Sara en una primera declaración allí publicada. “Llevamos a los refugiados a aulas enteras donde enseñan a los estudiantes un idioma y su historia. Y esto los humaniza. Les da el valor que se merecen”.

Pensé un poco en la historia de Coursera cuando la conocí en el Tecnológico de Monterrey, hace ya otros buenos años mientras hacía un reportaje en esa ciudad. También en Platzi, del colombiano Freddy Vega, a quien entrevisté para entender por qué es catalogado uno de los emprendedores más innovadores de los últimos años con su plataforma de educación en línea. Pero la gran diferencia de Sara está en la relevancia que le da a las personas refugiadas y su papel en medio de su propia historia. “NaTakallam ofrece enseñanza y traducción en nueve idiomas. Desde el árabe hasta el francés. Impulsado tanto por inteligencia artificial como por la experiencia de los refugiados, los usuarios pueden conectarse con hablantes nativos para recibir clases individuales”.

Si se piensa desde los modelos de administración, cuando se enseña de negocios, NaTakallam tiene varios valores agregados que los hace únicos: “se accede a interpretaciones fluidas”, “se participa de intercambios culturales”, “se perfeccionan sus habilidades lingüísticas mientras se apoya a personas que están reconstruyendo sus vidas”. Son, para ser sinceros, únicos. Y su propósito sí que es superior. Recordé entonces el programa de liderazgo que acabo de cursar y donde los negocios resultan mejor cuando van alienados con el propósito de vida del emprendedor. Justo lo que sucede con NaTakallam y Aline Sara.

“Me sentí impulsada a apoyarlos, primero desde el punto de vista de la supervivencia, porque muchas de esas personas no pueden trabajar. Millones de ellas tiene un alto nivel educativo. No tienen futuro por delante, a pesar del capital humano que representan. Pero, además, el trabajo de NaTakallam ayuda a tender puentes y fomentar el entendimiento. Y esto es lo que más le falta a la sociedad hoy en día”, le dijo la emprendedora a Foro Económico Mundial.

NaTakallam fue fundada por Aline Sara y Reza Rahnema como una empresa social que aborda un problema social, reconoce a los refugiados como personas cualificadas.

Todo, al final, comenzó desde una historia personal. Su deseo de ayudar “tiene que ver con mi herencia cultural. Soy libanesa, pero nací y crecí en la ciudad de Nueva York. A principios de la década de los 80’s había una guerra civil en el Líbano. Pero mis padres pudieron venir a Estados Unidos y fueron bienvenidos”, relató. “Algunos de los refugiados con los que hablo cuentan cómo se les cerraron las puertas, una tras otra. Huyes de la violencia. Lo has perdido todo. Llegas a un país y las puertas están cerradas. No puedes quedarte. No puedes trabajar. No puedes casarte. No puedes comprar una propiedad. Se te considera una amenaza”.

La plataforma les ofrece “un poco de apoyo” a las personas refugiadas, unas herramientas básicas en formación lingüística, y ya pueden comenzar a compartir su conocimiento ofreciendo clases. En contraprestación, reciben “una fuente de ingresos estable”. Hasta ahí el modelo parece soñado, pero tiene un componente adicional que lo eleva, que lo lleva a un nivel superior: el regalo más importante no es ofrecer una clase o recibir un pago a cambio, se trata de, dicho por las mismas personas refugiadas o tutores, de recuperar “su dignidad, su identidad”, además de las relaciones humanas que van construyendo. Sus historias de supervivencia son inspiradoras y también resilientes. Entonces muchas de las clases se convierten en conversaciones entre amigos. El resultado supera todas las expectativas para todos.

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Sara fue una de las ganadoras de los Premios de la Fundación Schwab 2025, en donde se reconocieron a 18 emprendedores e innovadores sociales de 15 organizaciones de 13 países que “impulsan cambios sistémicos en todo el mundo”. Fue, además, catalogada como Emprendedora Social del Año.

“Aline es becaria de la Iniciativa de Mujeres Cartier, Summit y Halcyon, y ha sido ponente en numerosos eventos de alto nivel, como TechCrunch Berlín y varias conferencias de la OCDE, la ONU y el Banco Mundial. Fue nombrada “Mujer Emprendedora del Año” en los Premios Elle Impact, ganadora de la Cumbre de la Juventud del Banco Mundial y ganadora regional del Desafío de Innovación Inclusiva del MIT. Aline es una apasionada defensora de los derechos humanos y de las mujeres, así como del intercambio intercultural. Su pasión y experiencia impulsan su liderazgo y guían a NaTakallam en la innovación para el cambio en el ámbito educativo", se lee en la plataforma digital que referencia el perfil de la emprendedora.

Con NaTakallam no pude evitar escarbar en mi memoria para recordar fracciones de momento de lo que viví en aquel espacio creado por las personas que querían ayudar a los niños de familias refugiadas en Kuala-Lumpur. A veces se trata de conectar puntos que viven sueltos, porque juntos podemos ser la cadena social más poderosa que nos hayamos imaginado. ¿Por qué no?

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

Edwin Bohórquez Aya

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa@EBohorquez_EyLebohorquez@elespectador.com
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