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La francesa que apostó por Colombia y terminó ganando un prestigioso premio de diseño

Su taller se llama Atelier L’Harmonie y fue reconocida con el Lápiz de Acero. Esta es su historia.

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Edwin Bohórquez Aya
12 de junio de 2026 - 03:20 p. m.
Lea Raymond creó Atelier L’Harmonie, el taller con el que ha formado a más de 120 estudiantes en patronaje y moldería de alta costura.
Lea Raymond creó Atelier L’Harmonie, el taller con el que ha formado a más de 120 estudiantes en patronaje y moldería de alta costura.
Foto: Cortesía Atelier L’Harmonie
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Cuando me contaron de Lea Raymond vi, sobre todo, la oportunidad de apoyar un talento ya reconocido incluso con un premio local; pero cuando leí su historia, contada por sus propias palabras, volví a creer que el propósito de este espacio sigue más vivo que nunca, el de visibilizar a las personas que, a pesar de las adversidades, siguen creyendo que es posible hacer empresa en Colombia y que lo hacen con un objetivo que además tiene un profundo valor social.

“Tengo una amiga francesa que vive acá y tiene un emprendimiento y una escuela de alta costura. Se acaba de ganar un premio Lápiz de Acero y me dijo que le gustaría contar su historia”, me escribió por chat una colega de El Espectador. Dos días después, ella es la protagonista de 23 preguntas para emprendedores y sus emprendimiento con su negocio llamado Atelier L’Harmonie, el lugar en donde “ha desarrollado colecciones para marcas colombianas de gran nombre como Olga Piedrahita, María Luisa Ortíz, Loborossa, New cross, Estefania, Off Matter/El Dorado edit, Umi Diseño y, más recientemente, con Artisanal Optimism, el proyecto con el que obtuvo el reconocimiento Lápiz de Acero, uno de los premios de diseño más prestigiosos de Colombia”.

1. ¿Cuántos años tengo? ¿Qué estudié?

Tengo 37 años. Crecí en el sur de Francia, donde desde pequeña sentí una atracción profunda por el arte y la creación. Estudié en una escuela de artes en Nimes y luego me especialicé en sastrería de vestuario feminino en la Academia de Corte Internacional de París, formándome en patronaje, corte y moldería de ropa femenina.

2. ¿Cuál fue mi idea y cuándo nació? ¿Qué fue lo que creé?

La idea nació de una convicción profunda: que era posible hacer alta costura de manera consciente, ética y sostenible. Y lo pude comprobar aquí mismo, en Colombia, en las condiciones más difíciles: la pandemia. En ese momento acompañé a la joven marca Priah Heritage a desarrollar por completo su taller — formé a dos personas, elaboré todos los patrones y escalados manual, cosí, y transmití todo lo que sé de la alta costura francesa. El resultado fue un éxito internacional increíble: la marca fue seleccionada en un concurso de Inexmoda en Qatar, lo que permitió apoyar directamente a las mujeres tejedoras de Boyacá, en Sogamoso y Tibasosa.

Esa experiencia me confirmó que mi lugar estaba aquí. En 2021 abrí Atelier L’Harmonie en Bogotá, con la misión de seguir apoyando a más empresas y a más artesanas de talento que necesitan algo más que dinero: el reconocimiento de su valor y su dignidad, a través de un pago justo.

Para leer: El emprendedor que elevó el concepto de reputación para generar “valor real” en los negocios

3. ¿Cómo logré hacerla realidad y llevarla a los hechos?

Con años de experiencia acumulada en algunas de las casas más importantes de la moda mundial — Azzedine Alaïa, Kenzo, Sonia Rykiel, Nina Ricci — y como profesora en la prestigiosa Academia Internacional de Corte de París (AICP), llegué a Colombia en 2020 con un bagaje técnico sólido y una vocación clara por la enseñanza.

Fue aquí donde decidí que era el momento de crear algo propio. Mi trayectoria como docente me abrió las primeras puertas: creé el primer taller y programa de la Facultad de Creación de la Universidad del Rosario en 2023, lo que me permitió insertarme en el ecosistema académico y creativo de Bogotá desde el principio. Fui construyendo mi reputación de manera completamente orgánica — sin publicidad, sin grandes inversiones en marketing — simplemente a través del trabajo bien hecho y del boca a boca entre quienes valoran la excelencia artesanal.

4. ¿De dónde saqué la plata para ponerla a andar y cómo la pagué?

Arranqué con mis ahorros propios: aproximadamente 5.000 dólares acumulados durante años de trabajo en París, en las grandes casas de alta costura. Pero la realidad del emprendimiento exige más que un capital inicial. A lo largo de tres años, un amigo que creyó en mí y en el proyecto me prestó en total cerca de 15 millones de pesos colombianos — sin contratos formales, solo con su confianza y su fe en que esto iba a funcionar-. Esa generosidad fue tan importante como el dinero mismo.

5. ¿Qué estoy logrando con mi emprendimiento? ¿Qué estoy cambiando con mi idea?

Estoy demostrando que desarrollar verdaderamente la moda de lujo en Colombia es posible, y que vale la pena ser exigente en toda la cadena de producción. Es una respuesta directa a una realidad que no podemos ignorar: el mundo de la confección en este país tiene problemas sociales profundos y sistemáticos — explotación laboral, precarización del oficio, invisibilización de quienes cosen-. Yo intento ser parte de la solución.

Durante un año fui asesora técnica de la Cámara de Comercio de Bogotá acompañando el programa ZASCA ( creado por Innpulsa ) en Suba, Ciudad Bolívar, Las Cruces y 20 de Julio — territorios donde el emprendimiento existe a pesar de todo-, con una fuerza que me marcó. También hice voluntariado en la Fundación de Johanna Bahamón, Acción Interna, dando oportunidades de formación a mujeres en proceso de reintegración post-penitenciaria. Porque creer en la dignidad del oficio no puede quedarse en un discurso: tiene que aterrizarse en personas reales.

Estoy cambiando la forma en que los diseñadores emergentes — que en su gran mayoría son primero mis estudiantes — perciben el valor de una prenda: no es la etiqueta de una marca famosa, sino la historia detrás de cada punto, cada corte, cada tela elegida con conciencia, y detrás de cada mano que la construyó con dignidad y con un pago justo.

Y algo más, especialmente para las costureras: que para poder cobrar mejor, primero hay que salir de la mediocridad. Que la excelencia no es un lujo reservado a Europa, sino una decisión que se puede tomar aquí, hoy, en Bogotá. Más de 120 estudiantes han pasado por el atelier aprendiendo no solo técnica, sino también esa filosofía: que un oficio bien hecho tiene valor, y ese valor merece ser reconocido y remunerado.

6. ¿Soy feliz?

Sí. Profundamente. No todos los días son fáciles — emprender nunca lo es — pero hay momentos que lo justifican todo: cuando entrego una prenda y veo la emoción en los ojos de quien la va a usar para una ocasión tan especial, cuando un estudiante entiende por primera vez cómo construir un patrón — con los piquetes incluidos —, o cuando una costurera encuentra la fuerza y el coraje de cobrar más por su trabajo, porque sabe que lo vale. En esos momentos siento, con absoluta claridad, que estoy exactamente donde debo estar.

7. ¿Vendería mi emprendimiento, mi empresa?

L’Harmonie es una extensión de mi visión del mundo. No lo vendería tal como está. Pero sí podría imaginar crecer en asocio con alguien que comparta genuinamente los valores de sostenibilidad, ética y excelencia artesanal.

8. ¿Qué tan duro fue para mí emprender?

Muy duro. Llegar a un país nuevo, sin red de contactos, en plena pandemia, con un idioma que estaba aprendiendo, y apostar todo a un proyecto propio... requiere una valentía que no sabía que tenía. Además, toda mi vida profesional había sido como empleada de grandes casas — y eso no te prepara para la responsabilidad total que implica ser independiente: la contabilidad, los clientes, la administración, las crisis. Todo cae sobre los mismos hombros.

Hubo momentos de duda profunda y de soledad. Quedarse en Colombia como extranjera tiene sus propias batallas, empezando por algo tan básico como obtener la visa de permanencia, un proceso que puede volverse agotador y que te recuerda constantemente que estás construyendo en terreno que no es el tuyo por nacimiento, aunque sí lo sea por elección.

Pero también hubo una claridad interna que me sostuvo. Y, sobre todo, hubo personas: mi comunidad de estudiantes, amigos y clientes que creyeron en el proyecto desde el principio y que fueron — y siguen siendo — mi red de apoyo real en este país.

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9. ¿Cumplí mi sueño? ¿Qué me hace falta?

Cumplí una primera etapa. Tengo mi taller, mi equipo, mi comunidad de estudiantes, mis colaboraciones con marcas — y eso ya es mucho-. Pero veo más grande: quiero que L’Harmonie se convierta en una empresa completa, con una academia, un taller-estudio, desarrollo de colección, mini producción y una fundación de carácter social. Un ecosistema entero, reconocido internacionalmente como referente de moda consciente hecha en Colombia.

10. ¿Y ahora qué? ¿Qué sigue?

Lo primero: esperar la aprobación de mi visa. Ganar El Lápiz de Acero nos abrió puertas, y quiero seguir cruzándolas. Hoy mismo recibí una noticia que me tiene muy emocionada: fui admitida en la residencia artística de La Boga, en Mompox, una fundación dedicada a honrar la tradición y los oficios momposinos, que busca fortalecer el patrimonio inmaterial de la depresión momposina y promover el diálogo entre la comunidad local y sus visitantes a través de actividades culturales, académicas y artísticas.

El siguiente paso es la mudanza: ya he visitado un espacio en Chapinero Alto, con más metros cuadrados y mejores condiciones para crecer. Planeo levantar fondos para equiparlo bien — nuevas máquinas, mesas, maniquíes — y convertirlo en un taller a la altura del proyecto. Quiero orientar la escuela hacia un perfil más profesional y, por qué no, explorar la posibilidad de obtener un reconocimiento formal de la Secretaría Distrital de Educación. También necesito contratar dos personas más para poder responder a las nuevas propuestas de colaboración que siguen llegando.

11. ¿Mi emprendimiento es escalable?

Sí, pero de manera inteligente. La alta costura por definición es artesanal y lenta — eso es su valor — pero la parte de formación y consultoría sí es muy escalable: podemos llegar a más estudiantes, en más ciudades. El reto es crecer sin perder la esencia.

12. Para crecer, ¿recibiría inversión de un desconocido? ¿Le cedería parte de mi empresa?

Lo analizaría con mucho cuidado. El dinero solo no es suficiente: necesitaría un inversor que entienda el sector, que respete los tiempos de la artesanía, que comparta los valores éticos del proyecto, y que pueda ocuparse de la parte jurídica y administrativa de la empresa. Alguien que complemente lo que hago, no que lo dirija.

13. ¿Qué no volvería a hacer?

Apostar por diseñadores que no están listos. He aprendido a reconocerlos: son los que piden descuento antes de ver el trabajo, no tienen su marca registrada, no responden correos a tiempo, no cumplen citas, y no reconocen el valor de lo que reciben. El tiempo es el recurso más escaso que tengo — y el más valioso-. Soy francesa, la organización y la precisión son parte de mi ADN profesional, y no estoy dispuesta a negociarlas. Hoy elijo con quién trabajo, y esa es una de las mejores decisiones que he tomado.

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14. ¿Quién me inspiró? ¿A quién me gustaría seguir?

Azzedine Alaïa fue una inspiración enorme: su obsesión por el cuerpo, por el corte perfecto, por la artesanía sin concesiones. También me inspiran los movimientos de moda sostenible que están redefiniendo la industria globalmente. Y en Colombia, me inspira la riqueza artesanal del país — los tejidos, los bordados, las tradiciones — que tienen un potencial inmenso y poco valorado.

15. ¿Fracasé en algún momento? ¿Pensé en tirar la toalla?

Hubo momentos muy difíciles, especialmente al inicio: adaptarme a un mercado nuevo, a una cultura diferente, construir confianza desde cero y aprender, a veces por las malas, a protegerme de las estafas que suelen apuntar a los extranjeros. Hubo noches en que me pregunté si había tomado la decisión correcta al dejar París.

Pero cada vez que lo dudé, aparecía algo que me recordaba por qué estaba aquí: un cliente satisfecho, un estudiante entusiasmado, una colaboración inesperada. Poco a poco, el reconocimiento fue llegando de manera orgánica — recomendación a recomendación — hasta posicionarme dentro del nicho de moda vanguardista de Bogotá que realmente me importa.

16. ¿Hago parte de algún tipo de comunidad que me ayuda en este camino de emprender?

He construido vínculos orgánicos con la comunidad creativa y de diseño de Bogotá, a través de colaboraciones, clases y proyectos compartidos. Y recientemente apliqué para ser socia de Chapinero District, la red de emprendedores de mi localidad, que busca fortalecer el tejido empresarial del barrio y generar conexiones entre quienes construimos desde aquí.

17. ¿Lo que estoy haciendo trasciende? ¿Podrá impactar a nuevas generaciones?

Creo que sí. Cada estudiante que forma L’Harmonie se convierte en portador de un oficio que está en riesgo de desaparecer. La alta costura artesanal es patrimonio inmaterial. Si logramos que las nuevas generaciones la valoren y la practiquen — con consciencia ambiental y social — habremos hecho algo que va mucho más allá de un negocio.

18. ¿Cómo me veo en 10 años y cómo veo a futuro mi emprendimiento?

Me veo al frente de una academia de lujo reconocida en América Latina, dedicada exclusivamente a la enseñanza de la alta costura. Igualmente quiero desarrollar una red de satélites con un sello único de altísima calidad, y — algo que sería una novedad real en el país — asociar a esa academia valores de trabajo que garanticen la ética y la dignidad social en toda la cadena de producción.

19. ¿Qué papel han jugado mi familia y mis amigos?

Mi familia está en Francia y no estuvo directamente ligada a este proyecto — la distancia es real-. Pero aquí, en Bogotá, son mis amigos quienes me sostienen y me inspiran cada día. Ellos son mi familia en Colombia, y sin esa red afectiva, emprender sola en un país nuevo hubiera sido imposible.

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20. Yo lo logré. ¿Ayudaría a otros emprendedores a que lo logren?

Ya lo hago — y hace tiempo-. La formación y la asesoría son parte central de L’Harmonie. He dado mentoría para la Cámara de Comercio de Barranquilla, promoviendo la inscripción a los talleres ZASCA en el centro de Baranoa. Apoyé a perfeccionar los patronajes del jefe de taller de New Cross, implementé técnicas de escalado al sastre de Olga Piedrahita, y actualmente estoy realizando un análisis completo para Old Máquina.

21. ¿Qué papel jugó mi equipo? ¿Quién es?

Mi equipo es pequeño pero muy preciso. Milton Albeiro Rozo Sánchez, mi sastre, y Leidy Tatiana Murillo García, en aprendizaje en el taller. Los complementan dos colaboradores independientes que se suman cuando el proyecto lo exige: uno especializado en escalado digital y otro en confección de prendas en seda.

22. ¿Cuál es mi sello personal? ¿Qué me diferencia del resto?

Mi sello es la unión entre el rigor técnico de la alta costura francesa y una visión profundamente humana y sostenible de la moda. Construyo objetos que duran, que se adaptan al cuerpo real de cada persona, que tienen historia. En un mundo de fast fashion, L’Harmonie es una declaración de que vale la pena tomarse el tiempo para hacer las cosas bien.

23. ¿Qué he aprendido de todo esto?

Que emprender es, ante todo, un ejercicio de autoconocimiento y disciplina. He aprendido que la perseverancia vale más que el talento solo. Que construir confianza toma tiempo. Que Colombia tiene una energía creativa extraordinaria que el mundo todavía no conoce suficientemente.

Y después de siete años en este país, puedo decir algo que no hubiera podido decir al principio: que sé quién soy. Todos los sacrificios, las dudas, los momentos difíciles me enseñaron a estar alineada y coherente conmigo misma. Cuando uno trabaja desde sus valores más profundos — aunque el camino sea duro — todo tiene sentido.

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

Edwin Bohórquez Aya

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa@EBohorquez_EyLebohorquez@elespectador.com
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Lares(24179)Hace 17 minutos
Admirable, señora, muchas gracias.
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