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¿Por qué no dialogamos? Una invitación a “dejar de confundir liderazgo con protagonismo”

Si en el mundo, como es evidente, estamos sentados en orillas tan lejanas, ¿qué podemos hacer para volver a acercarnos, escucharnos y “dejar de figurar”? Aquí va una reflexión para el camino.

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Edwin Bohórquez Aya
13 de enero de 2026 - 05:25 p. m.
"El verdadero diálogo no ocurre en los grandes foros, sino en la renuncia silenciosa al ego, al control y a la necesidad de figurar", dice Rodrigo Zárate, del CESA.
"El verdadero diálogo no ocurre en los grandes foros, sino en la renuncia silenciosa al ego, al control y a la necesidad de figurar", dice Rodrigo Zárate, del CESA.
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Recuerdo que en noviembre pasado, durante las conferencias de World of Business ideas, en su paso por Colombia (es catalogada como la “organización líder mundial de contenido empresarial que acompaña y empuja a directivos y empresas con ideas de management”), y que por cierto ahora tiene como premisa “Inspiring Ideas”; apareció una figura delgada con un acento paisa, único, inconfundible.

Se trataba de Rigoberto Urán, el llamado “toro de Urrao”, ese afamado ciclista que no solo cosechó un cúmulo de triunfos sino miles de aprendizajes como ser humano, y quien dejó varios mensajes sobre liderazgo a una audiencia, como se esperaba, mayormente empresarial: “Inténtelo, no importa lo que les digan” y “Descubrimos capacidades cuando tenemos necesidades”. Esas dos, de entre muchos, fueron contundentes porque van entrelazadas y nos llevan por el camino que estamos labrando con este texto y que tiene que ver con el diálogo.

Sin embargo, una de esas reflexiones fue más allá: “Resultados individuales no necesitamos, no sirven para nada”. “Necesitamos hablar y conectarnos con nuestros equipos”, dijo. “Hay que aprender a escuchar. Un buen líder sabe escuchar a su equipo”. Eso parece obvio, pero no se hace con frecuencia. ¿Por qué? Porque, como me lo decían varios mentores en un programa de liderazgo que acabo de terminar bajo el nombre “1.000 líderes por Colombia” de la Fundación Origen, las conversaciones difíciles son, de entrada, eso, difíciles, y muchos por condición humana preferimos evitarlas. Y la otra, porque venimos cargados de sesgos, somos hechos por esos sesgos, lo que nos enseñan en casa, en la familia, en nuestro entorno académico; y cuando no estamos en la capacidad de quitarlos los lentes de los sesgos, no es posible ver cómo y por qué los demás piensan y actúan como lo hacen.

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Y recordé lo que sucedió ese día porque después de una intensa jornada de conferencias, nos fuimos muy rápido hasta la redacción de El Espectador, pues tenía una conversación con Alex Rovira, un ícono también el liderazgo. Ese día, en una charla exclusiva para suscriptores, le pregunté por cómo un buen líder político podría generar cambios desde la política que nos llevaran a buen puerto, ganando todos y todas, con humildad.

Su respuesta me dejó sin aliento. Me dijo que no era posible que un político, embebido de poder, fuera humilde. Pensé, entonces, que el poder tiene un efecto como el que tienen los cobertores de ojos de los caballos: solo dejan ver en una dirección. Y, a menos que el animal haga un esfuerzo por ver a los lados, las riendas de quien lo controla no se lo permiten. En un mundo amplio, muy ancho, se quedan solo con lo que tienen al frente. No ven más allá de lo que tienen abajo de su nariz. Pensé entonces en todos esos políticos que se viven amarrando a la silla, que llevan décadas viviendo de la llamada “teta del Estado”, que tienen la capacidad de brincar de un partido a otro, de un cargo a otro, no pueden ser portadores del cartón de la humildad. No dialogan, solo cabalgan en una misma dirección.

Y toda esta reflexión porque, adportas del nuevo encuentro en Suiza, a donde llegarán los más importantes líderes mundiales, tanto empresariales como de la sociedad civil -y, claro, políticos-, escribí este que a la vez invitaba a otra reflexión: “¿De qué van a hablar los líderes mundiales en Davos? De “diálogo”, sí, todo un desafío". , le pregunté a un experto por qué nos cuesta tanto dialogar, más allá de lo que dice el Foro Económico Mundial y su objetivo de “fomentar la confianza y promover soluciones”.

“Vivimos en la era de la comunicación permanente y, sin embargo, nunca nos ha costado tanto dialogar. Resulta paradójico que, mientras líderes globales se reúnen en el Foro Económico Mundial en Davos para hablar de cooperación, sostenibilidad y futuro compartido, en muchos espacios, desde la esfera pública hasta las organizaciones, el diálogo se haya erosionado hasta convertirse en confrontación, ruido o simples monólogos enfrentados”, dice Rodrigo Zárate, profesor investigador y director del doctorado en Administración - DBA, en el CESA.

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Recordé, también, que hemos venido pasando -no solo en Colombia, basta girar la mirada a Estados Unidos, a Argentina, a España, por ejemplo-, de polarización a radicalización. Los asuntos políticos, que cruzan todos los renglones de nuestra vida, y los líderes de esos asuntos políticos, con discursos de odios, nos han ido llevando a ese terreno.

“No es que hayamos perdido la capacidad de conversar; es que hemos perdido la humildad. Dialogar exige reconocer que no tenemos todas las respuestas y que el otro puede aportar una perspectiva valiosa. Pero en una cultura que premia la certeza, la visibilidad y la velocidad, admitir límites se percibe como debilidad. Preferimos defender posiciones antes que explorar ideas. Preferimos tener razón antes que comprender. Así, las conversaciones dejan de ser encuentros y se transforman en trincheras”, apunta Zárate.

Justo, en la misma línea de lo que ha dicho el Foro Económico Mundial: “Existe una polarización cada vez mayor en las sociedades de muchos países. Estamos en una nueva época en la que las reglas se cuestionan, las alianzas cambian y la confianza se deteriora. A medida que se intensifican la volatilidad y los riesgos combinados, todas las organizaciones, independientemente del tipo que sean, deben adaptarse constantemente a un conjunto de dinámicas sumamente complejas”.

Entrar a las redes sociales es entrar a ese tipo de escenarios. Y el algoritmo lo sabe. Nos ofrece información para validar a lo que le hemos dado un “me gusta”, y me aleja de todo aquello que está marcado como “diferente”. Ese es el juego contrario del diálogo. La razón del porqué terminamos creyendo, al final del día, que todos los demás piensan igual que nosotros. Sí, la prueba de que la burbuja del algoritmo existe y nos deja por fuera del resto de la realidad. Como el caballo que lleva tapados los ojos y solo ve lo que está abajo de su nariz.

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Pero, sigamos con el análisis de Zárate. “A esta falta de humildad se suma algo más incómodo: la necesidad de mostrar poder y el anhelo egoísta de figurar. Muchas veces no dialogamos para construir en conjunto, sino para destacar, ganar visibilidad o posicionar una imagen personal que permita crecer individualmente. El diálogo se convierte en un escenario donde se compite por el foco, por la última palabra o por imponer una narrativa propia. En lugar de escucharnos, competimos por ser vistos. El resultado es predecible: conversaciones llenas de palabras, pero vacías de sentido”.

La invitación, con el desarrollo de estos textos enfocados en asuntos de liderazgo, es más que claro: escuchar. No escuchamos. Estamos presentes en las reuniones pero lejos de las conversaciones. Lejos de dialogar. “El tercer gran enemigo del diálogo es la obsesión por mantener el control. El diálogo auténtico es, por definición, incómodo y riesgoso. Puede llevarnos a cambiar de opinión, a perder protagonismo o a aceptar que la mejor idea no es la nuestra. Por eso preferimos conversaciones “seguras”, diseñadas, moderadas y predecibles, donde nada realmente importante esté en juego. Controlamos tanto el intercambio que terminamos anulándolo", agrega el analista del CESA.

Y si no hay diálogo, ¿qué hay que hacer? El Foro Económico Mundial lo tiene identificado: “Un espíritu de diálogo”, así se llama la reunión anual de este 2026. Los encuentros buscarán responder: ¿Cómo podemos cooperar en un mundo más cuestionado? ¿Cómo podemos acceder a nuevas fuentes de crecimiento? ¿Cómo podemos invertir mejor en las personas? ¿Cómo podemos implantar las innovaciones a gran escala y de manera responsable? ¿Cómo podemos crear prosperidad sin superar los límites planetarios?

Por ahora, en una visión académica, Rodrigo Zárate cree que “tal vez el primer paso sea dejar de confundir liderazgo con protagonismo. La humildad no debilita al líder; lo vuelve creíble. Escuchar no reduce el poder; lo legitima. Y renunciar al control absoluto no genera caos, sino inteligencia colectiva. Volver a dialogar exige líderes dispuestos a salir del centro, a poner el propósito por encima del ego y a aceptar la incomodidad de no tener siempre la razón. El verdadero diálogo no ocurre en los grandes foros, sino en la renuncia silenciosa al ego, al control y a la necesidad de figurar. Y esa renuncia, hoy, parece ser el acto más revolucionario de todos”. ¿Será que entre todos podemos?

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

Edwin Bohórquez Aya

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa@EBohorquez_EyLebohorquez@elespectador.com
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