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En la montaña rusa que armó el presidente de Estados Unidos Donald Trump con su nueva política comercial, Colombia quiere tener el cinturón abrochado ante una situación volátil, que cambia con cada anuncio de la Casa Blanca y las respuestas de los afectados.
Frente a lo que el propio Gobierno Nacional define como una “reconfiguración del comercio global”, Colombia ya trazó una hoja de ruta para enfrentar posibles impactos en las exportaciones.
El primer movimiento llegó este viernes, cuando el país formalizó su intención de entrar en la fila de interesados en negociar con la administración Trump mejores condiciones comerciales ante el arancel del 10 % que, desde la semana pasada, cobija a todos los socios comerciales de Estados Unidos.
Como lo explicó Cielo Rusinque, ministra encargada de Comercio, Industria y Turismo, se enviaron dos cartas con las cuales se formalizó la intención de abrir un diálogo directo con Estados Unidos, donde se ponga sobre la mesa una reducción del gravamen, tasas diferenciadas para ciertos productos y, si la conversación fluye, una eliminación total del arancel.
Entre tanta incertidumbre, este puede ser un buen momento para hacer una pausa y revisar qué aranceles siguen vigentes para Colombia, qué está en juego con Estados Unidos y cuál es la estrategia del Gobierno para enfrentarlos.
¿Por qué seguimos hablando de aranceles?
Aunque Donald Trump reculó con sus aranceles recíprocos, la medida que generaba mayor preocupación en el mundo debido a que incluía tasas elevadas para algunos países y más bajas para otros (dependiendo del déficit comercial que Estados Unidos tuviera con ellos), no todos los gravámenes desaparecieron.
A la fecha, Colombia sigue bajo el paraguas de un arancel base del 10 %, impuesto a todas las importaciones hacia Estados Unidos, con excepción de los productos mineroenergéticos (como el petróleo o el carbón), que quedaron exentos.
Dicha medida aplica por igual a más de 180 países y fue ratificada por la Casa Blanca. Así las cosas, si no hay un nuevo giro en el guion, todas las exportaciones colombianas de productos no mineroenergéticos deberán asumir una tasa del 10 % al ingresar a Estados Unidos.
En el pasado, algunos productos, como el café o las flores entraban sin aranceles gracias al Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE. UU. Ahora, las decisiones de Trump generan un escenario de incertidumbre que afecta a los exportadores y, por ende, a la economía colombiana.
¿Qué está en juego con Estados Unidos?
Estados Unidos ha sido históricamente el mayor socio comercial de Colombia. Solo en 2024, el país exportó US$14.336 millones, casi el 29 % del total de sus ventas externas.
Más del 50 % de esos envíos fueron productos mineroenergéticos (como el petróleo), que están exentos del arancel, y el restante corresponde a flores, café, alimentos, textiles y químicos.
Aún no está claro si, con las negociones en curso, todos los no mineroenergéticos se verán impactados por el arancel, el Gobierno busca actuar antes de que se concreten afectaciones.
La posición de Colombia
El viernes, durante una rueda de prensa, el Gobierno Nacional dio a conocer su visión sobre la coyuntura.
La ministra encargada de Comercio, Industria y Turismo, subrayó que aún es pronto para hacer balances definitivos. “La invitación es a evitar un poco precipitarnos en los análisis, en las especulaciones”, dijo.
Según la funcionaria, se trata de un escenario que cambia constantemente y que obliga a reaccionar con estrategia, no con apuro.
Los riesgos de los aranceles están sobre la mesa, como la posible afectación a productos de la industria y el agro -este último se ha consolidado como motor de la economía colombiana-, pero también se identifican oportunidades.
Un ejemplo son las rosas: en palabas de Rusinque, mientras otros países que exportan este producto a Estados Unidos deben pagar un arancel base del 6,8 % —que ahora se suma al nuevo gravamen del 10 %—, Colombia parte de una base de 0 %, gracias al TLC vigente desde 2012.
“Estamos hablando de que otros países tienen un 6,8 % de base que, si lo sumamos con este 10 %, estamos hablando del 16,8 % de arancel. Cuando Colombia, al haber tenido en el marco del tratado un arancel cero, estamos hablando que Colombia en este momento tiene el 10 %”, explicó la ministra.
Es decir que el país mantiene una posición competitiva en ciertos productos frente a otros países exportadores, lo que el Gobierno ve como un punto de partida para las negociaciones por venir.
Desde el Ministerio de Agricultura, también se ha advertido sobre los desafíos que enfrenta el agro ante la incertidumbre global. “Hasta el momento nosotros no tenemos una afectación (…) pero el mercado (global) sí se está cerrando”, señaló Martha Carvajalino, ministra de Agricultura.
Uno de los productos más expuestos, según el Gobierno, es el aguacate hass, que compite directamente con México, país que conserva un arancel cero en sus envíos a Estados Unidos.
“Cuando Estados Unidos dice ‘mantengo arancel cero con México’, pues el tema del aguacate tiene un reto inmenso”, afirmó Carvajalino. “Creo que dos productos que están altamente impactados son flores y aguacate”, agregó.
La estrategia con Estados Unidos
EL Gobierno fue enfático en que Colombia no acudirá a mecanismos formales de resolución de controversias ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). En cambio, se prioriza un diálogo directo.
La idea es apelar al carácter “transaccional” de la política comercial de EE. UU. bajo la actual administración Trump, y mostrarle al país norteamericano las ventajas de mantener condiciones favorables en el comercio con Colombia y que los llamados “irritantes” se pueden solventar.
“Hay unos escenarios en los cuales sabemos que el gobierno de Estados Unidos está interesado en trabajar (…). Unos irritantes que ellos observan como unas ciertas barreras que tiene nuestro comercio que deberíamos entrar a revisar”, indicó Rusinque.
Lea también: El rompecabezas de los aranceles: puntos que Colombia podría negociar con EE. UU.
Para fortuna del país, la Casa Blanca ha dado señales de que sí quiere tener ese acercamiento.
A finales de abril, según la ministra Rusinque, llegará a Colombia un delegado comercial del gobierno estadounidense para revisar temas de la agenda bilateral. “De alguna forma es una materialización de ese diálogo que ya hemos solicitado emprender”, aseguró.
Sobre una posible renegociación del TLC con Estados Unidos, vigente desde 2012, Rusinque señaló que se están valorando las condiciones de ese tratado y que, en esta coyuntura “hay que entrar a revisar cómo podemos hacer que, bajo ese TLC que nos rige, bajar ese arancel del 10 %”.
El camino de la diversificación
Si bien la atención por estos días se ha centrado en la relación de Colombia con Estados Unidos, el Gobierno Nacional aseguró que esta coyuntura no hace más que reforzar una idea que ya estaba sobre la mesa, aunque todavía es lejana: diversificar los mercados de exportación y reducir la dependencia de un solo socio comercial.
Por ejemplo, se contempla profundizar en el comercio con países del bloque latinoamericano, aprovechando escenarios como el foro de la CELAC.
Y, además del trabajo con América Latina, la ministra Rusinque anunció acercamientos con China. Algo que, según la funcionaria, no es nuevo, ni debe interpretarse como un alejamiento de Estados Unidos.
Al respecto, la ministra de Agricultura destacó el papel de la diplomacia sanitaria como herramienta para diversificar las exportaciones colombianas, tanto en productos como en socios.
“Tenemos admisibilidades en cítricos en Asia y tenemos un reto inmenso en el mercado europeo, que tiene que ver con pacto verde y con la presencia de residuos mínimos”, dijo.
La estrategia pasa por encontrarles nuevos mercados a productos como flores, cítricos, carne bovina, porcina y de pollo, e incluso lograr la apertura del mercado estadounidense para la carne bovina colombiana.
“Venimos trabajando entre otras cosas en poder abrir el mercado de carne en Estados Unidos, un proceso de admisibilidad sanitaria que lleva muchísimos años y que logró un avance el año pasado”, indicó Carvajalino.
Lo único claro en medio de la incertidumbre es que las negociaciones apenas comienzan y podrían tardar, mientras en los escritorios de los diplomáticos estadounidenses se acumulan cartas de otros países, algunos con ofrecimientos concretos.
A Colombia le toca, por ahora, esperar su turno y mantener un ojo puesto en Asia, Europa y Latinoamérica.
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