
Si se mira la curva de la inflación en Colombia en el último año, lo que se ve es que, con algunos bemoles, los precios no han parado de subir: a paso lento, y con algunos retrocesos, pero hacia arriba en definitiva.
Y estas no son buenas noticias en general: le suman tensión a las decisiones de tasas de interés del Banco de la República y le suman más presión al bolsillo de los colombianos, justo en una época en la que los estragos de El Niño comienzan a sentirse en términos de escasez de lluvia (algo que puede pegarle al ciclo productivo de una variedad de alimentos).
Este lunes, el DANE publica la información acerca de cómo se comportó el Índice de Precios al Consumidor en agosto, luego de que la medición de julio diera un leve respiro en el crecimiento del indicador en el país.
Cómo se ha comportado la inflación en Colombia
La inflación en Colombia dio un respiro en julio, más de lo que el mercado tenía calculado. El DANE reportó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una variación anual de 6,03 % en julio, por debajo del 6,14 % de junio.
En términos mensuales, es decir, entre junio y julio, la inflación aumentó un 0,17 %. En lo corrido del año (enero-julio), la variación acumulada llegó a 4,94 %.
Cabe resaltar que la caída de la inflación anual a 6,03 % fue mayor a la esperada por el mercado: por ejemplo, los analistas consultados por Fedesarrollo proyectaban un dato de 6,21 % para julio.
De las doce divisiones de gasto que mide el DANE, seis subieron por encima del promedio nacional (0,17 %) y las otras seis quedaron por debajo, tres de ellas incluso en terreno negativo.
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Las dos divisiones que más restaron al índice mensual fueron Alimentos y bebidas no alcohólicas (-0,13 %), por la caída en productos como el plátano (-6,82 %) y el tomate (-3,89 %), y sobre todo Transporte (-0,24 %), arrastrado por el retroceso del transporte de pasajeros en avión (-4,95 %).
Y en el otro extremo de la recta se encuentran renglones específicos como la papa, el arriendo y el transporte urbano, que fueron los que más subieron en la medición de julio.
La papa es el más llamativo: acumula un alza de 49,85 % en el IPC en lo corrido del año y de 41,60 % en los últimos doce meses, la subclase con el aumento más pronunciado de toda la canasta.
Otros rubros que también presionan el bolsillo de los hogares en el último año son el transporte urbano, con un alza de 10,67 %, el servicio doméstico (13,90 %) y la carne de res y sus derivados (14,37 %). En el otro extremo, lo que más ha bajado de precio en el año es el tomate, con una caída anual de 17,21 %, seguido de las dulces y confites (-18,44 % en lo corrido del año) y el arroz (-5,60 % anual).
¿Qué tan mal le puede ir a la comida con El Niño?
Para julio, los alimentos no fueron el rubro que más registró alza de precios, pero sí el segundo que más contribuyó a la variación anual del IPC. En otras palabras, aunque no fue lo que más se encareció en la mirada de un año, sí fue determinante para registrar la marca de 6,03 % del mes pasado.
Para este punto, con incendios en varios lugares (especialmente en Tolima) y alerta de desabastecimiento de agua en otros tantos (Santander, por ejemplo), todas las miradas están puestas sobre cómo se dará el impacto en el agro, lo que se traduce en abastecimiento y precios de la comida.
Y, a su vez, esa ficha del dominó termina por pegarle al esquema de la inflación.
En general, no es positivo que el renglón de alimentos pese más en la inflación. Pero es particularmente malo cuando se tiene en cuenta que, cuando se configura este escenario, el IPC comienza a castigar especialmente a los hogares más pobres y vulnerables.
De entrada, el comportamiento del renglón de los alimentos es volátil, difícil de predecir. Aunque tiene sus ciclos, acordes a los procesos de siembra y recolección, en él también confluyen presiones inflacionarias que van más allá de los límites del territorio colombiano.
Sin embargo, la entrada de un Niño que se proyecta como histórico, y que podría extenderse hasta 2027, según reconoció esta semana la Organización Meteorológica Mundial (OMM), implica mayores riesgos para el desarrollo normal del campo.
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Según el Ministerio de Agricultura, el agro concentra 82 % de los daños y pérdidas por eventos de sequía.
Con la llegada de El Niño, una de las principales preocupaciones es la alimentación del ganado: puede haber menos pastos disponibles. Un animal mal alimentado produce menos leche y engorda más lento, lo que reduce la disponibilidad de carne para el sacrificio. En los casos más severos, algunos animales pueden morir. El resultado, advierte la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), es una menor oferta y, con ella, precios más altos para el consumidor.
El sector hortofrutícola también siente con fuerza el impacto de la sequía. El estrés hídrico y térmico altera la fisiología, la sanidad y la comercialización de frutas y hortalizas, según la Asociación Hortifrutícola de Colombia (Asohofrucol).
La falta de agua hace que los cultivos colapsen y se marchiten. En frutales de exportación como el aguacate Hass, la uchuva y las pasifloras, explica la asociación, “la sequía prolongada detiene el llenado del fruto y restringe severamente su tamaño, limitando la producción a calibres deficientes que no cumplen con los estándares de los mercados internacionales”.
A esto se suma el llamado “golpe de sol”, que deja manchas en mangos y cítricos e impide su comercialización por razones estéticas. Bajo condiciones de estrés hídrico extremo, además, los árboles priorizan su propia supervivencia y provocan el aborto masivo de flores y frutos.
El panorama de las tasas de interés en Colombia
La inflación en Colombia sigue lejos de la meta del Banco de la República, que es de 3 %. Y, si bien la variación del IPC está en menos de la mitad de lo que se registró en la cima de su crecimiento pospandemia (13,34 % en marzo de 2023), los resultados recientes no muestran un panorama tranquilizador.
Este año, la junta directiva del Banco de la República ha hecho tres aumentos de tasas de interés: dos de 100 puntos básicos, el primero en enero y el segundo en marzo, y uno de 75 puntos básicos en junio.
En la última reunión, el pasado 31 de julio, la junta decidió dejar quietas sus tasas de interés en 12 %: cuatro codirectores votaron a favor de esta decisión y tres por aumentarla en 50 puntos básicos.
Aunque hubo una pausa en el aumento de tasas, las minutas de la reunión muestran que hay preocupación por el futuro de la inflación, principalmente por los posibles efectos del fenómeno de El Niño.
Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, señaló que el equipo técnico contempla que la inflación cerrará en 6,9 % este año y que, aunque se espera una reducción durante 2027, el indicador todavía estaría por encima de la meta.
Los resultados de inflación de este lunes, entonces, se convierten en un insumo crítico no sólo para trazar un camino más certero en las tasas, sino para proyectar qué tanto se están colando en los precios tensiones como el impacto del Niño en alimentos y energía.
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