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El dinero no aparece por decreto. Cuando no alcanza el recaudo, el Estado sale al mercado a pedir prestado. Eso, en esencia, es lo que acaba de hacer el Ministerio de Hacienda al autorizar un cupo de endeudamiento por COP 152 billones para 2026.
La decisión quedó formalizada en el Decreto 1478 del 30 de diciembre de 2025, con el que el Ministerio habilitó la emisión de Títulos de Tesorería (TES) Clase B, el principal instrumento de deuda interna del país. Son papeles que compran bancos, fondos, aseguradoras y otros inversionistas, y que el Estado paga con intereses en los próximos años.
Primero, hay que entender el motivo: no hay caja para cubrir gastos ni deuda. A noviembre de 2025, la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) reportó un recaudo tributario acumulado de COP 277,09 billones, un crecimiento de 11 % frente al mismo periodo de 2024. Pero aun así, faltan más de COP 28 billones para cumplir la meta anual fijada en 305,5 billones, el equivalente a todo lo que el Estado recauda en un mes bueno concentrado en diciembre.
El desafío es mayúsculo: para cerrar la brecha, diciembre tendría que romper todos los récords y superar los COP 28 billones. La vara está alta si se mira el pasado reciente: en 2024 apenas se llegó a 17,41 billones, en 2023 a 15,76, en 2022 a 15,17, en 2021 a 13,35, en 2020 a 9,75 y 2019 a 9,89.
La historia muestra que diciembre nunca ha sido tan generoso.
La diferencia de COP 11 billones frente a la meta de 305 billones será un lastre para 2026, que ya suma una emergencia económica para cumplir con el presupuesto de este año, con un descalce de COP 16 billones tras la caída de la tributaria en el Congreso.
Dos tipos de deuda, dos objetivos distintos
El monto total autorizado se divide en dos bolsas que conviene no mezclar:
- $85,25 billones para financiar directamente el Presupuesto General de la Nación de 2026.
Es deuda estructural: sirve para cubrir gasto público ya aprobado —salud, educación, funcionamiento del Estado— cuando los ingresos no alcanzan.
- $67 billones para operaciones temporales de tesorería.
Es deuda de corto plazo, usada para tapar baches de liquidez durante el año (como cuando una familia se endeuda unos meses mientras entra un ingreso esperado). Estos títulos deben tener vencimientos superiores a 30 días e inferiores a un año y pueden renovarse.
La primera compromete vigencias futuras; la segunda busca evitar que el Estado se quede sin caja en momentos puntuales, aunque igual genera costos financieros.
¿Por qué importan los TES?
Comprar un TES es como prestarle dinero al Gobierno con un pagaré. Es un mecanismo normal en la financiación de
Pero emitir más TES (ponerlos en disposición de compra, como hizo el Minhacienda) implica pagar más intereses en el futuro.
Si las tasas están altas, endeudarse es más caro.
Y hoy, las tasas están lejos de ser bajas.
Tasas altas, mercado nervioso
La autorización llega en un momento delicado. Durante 2025, la Nación aumentó de forma considerable la emisión de TES, llevándola a niveles que solo se vieron durante la pandemia.
En diciembre, el Ministerio de Hacienda informó la venta de TES por COP 23 billones a un inversionista extranjero, cuestionada por la falta de transparencia y con tasas cercanas al 13,15 %. Esta vez con fecha de vencimiento a 2029, 2033, 2035 y 2040.
También cerró su programa de TES de corto plazo con una subasta de COP 380.000 millones a una tasa de 10,5 %, con vencimiento en diciembre de 2026. La demanda superó lo ofrecido, pero el precio fue alto: pagar intereses de dos dígitos. Es decir: por cada COP 100 pesos, el Estado debe devolver 110.
El decreto de diciembre deja claro que los TES destinados a financiar el presupuesto se pagarán con recursos de vigencias fiscales posteriores.
Eso plantea tensiones frente a un menor espacio fiscal para políticas públicas, mayor sensibilidad a movimientos en tasas de interés y más presión para cumplir metas de recaudo de impuestos.
Si de por sí el descalce actual ha sido reconocido por la DIAN, en un futuro, la inflexibilidad de la deuda podría jugar aún más en contra.
Ahí, la deuda deja de ser una herramienta y empieza a ser una restricción.
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