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PISA 2025: solo el 1 % de los estudiantes colombianos puede leer textos complejos, ¿por qué?

Aunque el país obtuvo resultados similares a los de 2002 en las pruebas PISA, para algunos expertos sigue estancado en sus aprendizajes. Solo el 46 % de los estudiantes alcanzó el nivel básico en lectura, lo que prende las alarmas. Señalan la pandemia y la falta de una política de recuperación de aprendizajes como causas de este desempeño inquietante.

10 de septiembre de 2026 - 09:03 a. m.
Los resultados de las pruebas PISA 2025 mostraron que Colombia sigue estancada en sus procesos de aprendizaje.
Foto: Gustavo Torrijos - Gustavo Torrijos
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Los resultados de las pruebas PISA 2025, que evalúan las competencias de estudiantes de 15 años en 91 países y economías, siguen dando de qué hablar. El descenso global del rendimiento, especialmente en lectura y matemáticas, alimenta el debate en países europeos como España, donde los estudiantes obtuvieron algunos de los peores resultados de su historia. En Colombia, los resultados dejan otra discusión sobre la mesa. Frente a 2022, el desempeño del país se mantuvo relativamente estable, pero sigue muy por debajo del promedio de la OCDE.

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Más información: PISA 2025: Colombia sigue estancada en aprendizaje y lejos del promedio de países evaluados

Después de casi dos décadas participando en PISA, esa estabilidad se parece más al estancamiento, según coinciden algunos expertos. “No son buenos los resultados ni alentadores”, resume Edna Bonilla, exsecretaria de Educación de Bogotá. Para Bonilla, de hecho, retrocedimos en una crisis internacional de aprendizajes. La pregunta es: ¿por qué nos ha costado mejorar el desempeño de los estudiantes?

En PISA 2025, Colombia obtuvo 414 puntos en ciencias, 399 en lectura y 381 en matemáticas, frente a 482, 461 y 463, respectivamente, en el promedio de la OCDE. Y, aunque las diferencias varían según el área, el país también quedó por debajo de otros países de la región como Chile o México. Para entender ese estancamiento, es útil irnos más atrás. En 2006, el puntaje de Colombia en Ciencias fue de 388, en Matemáticas llegó a 370 y en Lectura obtuvo 385. Para Gloria Bernal, directora y cofundadora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, saber por qué seguimos estancados resulta cada vez más difícil.

Una de las razones, explica, es “porque la información que permitía tomarle la temperatura al proceso educativo se ha venido deteriorando. Hoy la información recogida por las pruebas Saber, que evalúan a los estudiantes en tercero, quinto y noveno, tiene limitaciones importantes”. Además, dice, hay obstáculos en las evaluaciones docentes. “Es paradójico que necesitemos entender mejor las causas del estancamiento, pero contamos con menos información para hacerlo”, anota.

Los resultados colombianos se dimensionan mejor al desagregar algunos datos. En el país solo el 29 % de los niños y niñas alcanzan el nivel básico en matemáticas, frente al promedio de la OCDE, que es del 65 %. En Lectura, solo el 46 % llega a este nivel básico y únicamente el 1 % logra el superior. “Ahí uno dice: «Tenemos problemas»”, comenta Bonilla.

Más información: PISA 2025: ¿Por qué inquietan los bajos puntajes de Colombia en Matemáticas y Lectura?

Los inquietantes resultados de Colombia en las pruebas PISA 2025

Entonces, ¿qué pueden explicar esos bajos resultados? Los expertos apuntan a una variedad de razones, entre ellas, los efectos de la pandemia de covid-19, cuando el país se vio obligado a decretar la pausa de las clases. Frente al panorama global, las escuelas y colegios colombianos estuvieron más días cerrados. Un total de 152. Aunque los resultados de las pruebas PISA 2022 ya daban algunas pistas de los rezagos de la pandemia, a juicio de Isabel Segovia, exsecretaria de Educación de Bogotá, era “más evidente que el golpe pospandémico se iba a notar con los hallazgos de 2025”.

El foco que explicaría mejor el golpe pospandémico lo pone Luz Karime Abadía, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana, en la edad de los estudiantes que presentaron la prueba. Tenían entre nueve y diez años cuando llegó la pandemia y, por cuenta del prolongado cierre de los colegios, pudieron acumular rezagos especialmente importantes en primaria. A su juicio, justamente en esos primeros años se desarrollan habilidades y se adquieren conocimientos que sirven de base para el resto de la formación, especialmente en lectura y matemáticas.

En Colombia, durante la pandemia los colegios estuvieron cerrados durante 152 días, lo que pudo influir en los resultados de las pruebas PISA 2025.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos Zuluaga

Pero el cierre prolongado de las instituciones educativas no fue el único problema. En opinión de Bonilla y Segovia, a ese periodo le siguió otro vacío: Colombia no tuvo un proceso suficientemente sólido de recuperación de los aprendizajes perdidos. Segovia, quien fue viceministra de Educación Preescolar, Básica y Media entre 2008 y 2010, considera que a esa generación de la pandemia “le dejamos esos vacíos en la escritura, en el conocimiento básico y en conceptos que después son más complejos de compensar”.

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Por ejemplo, frente a la lectura crítica, una habilidad que Bonilla considera especialmente rezagada, “no hubo un programa serio” que permitiera su recuperación. En esta área, los 399 puntos que obtuvo Colombia en las pruebas PISA 2025 la ubican en el puesto 57 de entre los 91 evaluados a nivel global y sexto en América Latina, por debajo de Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil y México.

A ese panorama en lectura, Segovia dice que le agregaría un componente más que también comenzó a masificarse en la pandemia y se consolidó después: el uso problemático de las herramientas tecnológicas. Recuerda que durante el covid-19, cuando cerraron los colegios, se incentivó a los niños y niñas a que iniciaran el uso de dispositivos móviles para complementar la educación presencial. La dificultad, añade, es que en ese proceso también se terminó instalando la idea de que estos podían ser una forma habitual de aprender. “Es una nueva forma de aprendizaje nociva”, dice la exviceministra y considera que “esta es la generación más afectada por el uso de tecnología”.

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Abadía coincide, en términos generales, con esa lectura. A sus ojos, el uso constante de estas tecnologías puede estar modificando la manera en que los jóvenes se relacionan con la información. Al estar expuesto constantemente a videos cortos y contenidos de entretenimiento que cambian rápidamente, explica, el cerebro se acostumbra a recibir grandes cantidades de información en poco tiempo. Una consecuencia de eso, plantea, es que actividades que exigen mayor concentración, como leer, pueden terminar resultando menos atractivas.

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De hecho, los resultados de PISA 2025 ofrecen una pista en esa dirección. La OCDE indica que los estudiantes están más propensos a “leer apresuradamente”: responden rápido, pero de manera incorrecta. No necesariamente porque no comprendan el tema, sino porque no se toman el tiempo suficiente para leer con cuidado y procesar la información antes de responder.

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Según los datos publicados por la OCDE, entre 2018 y 2025, los casos en los que los estudiantes leen rápido y de manera imprecisa casi se duplicaron, pasando de 6,6 % en 2018 a 11,4 % en 2025. Mientras esta cifra aumentó, el informe señala que la proporción de jóvenes que leen con cuidado y aciertan cayó cerca de 7 puntos.

En esta conversación sobre celulares y redes sociales, Abadía, magíster en Economía, pide no perder de vista el rol que ha cobrado la inteligencia artificial. Opina que el sistema educativo colombiano todavía no ha hecho los ajustes necesarios para enfrentar su llegada, especialmente en aspectos como el desarrollo del pensamiento crítico y creativo y la manera de plantear las tareas y los métodos de enseñanza. Pese a esa falta de ajustes, los datos de la OCDE muestran que la inteligencia artificial ya hace parte de los hábitos de aprendizaje de muchos jóvenes. El 46 % de los estudiantes usa chatbots de IA semanalmente para ayudarse a aprender.

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Colombia no se queda atrás y el uso es incluso mayor que el promedio mundial, pues el 56 % de los estudiantes aseguró utilizarlos al menos una vez por semana. Uno de los datos que más llama la atención, indica el documento, es que quienes emplean estas herramientas para resumir textos, investigar temas o redactar tareas obtienen, en promedio, 20 puntos menos en ciencias que quienes no las usan para esos fines.

La OCDE plantea otra posible explicación para el panorama colombiano: que el sistema educativo haya incorporado a más jóvenes que históricamente estaban por fuera del colegio y que enfrentan mayores desventajas socioeconómicas y educativas. La entidad muestra que entre 2018 y 2025 aumentó el número de jóvenes de 15 años elegibles para presentar PISA. Sin embargo, como lo dice en este artículo Hernando Bayona, exviceministro de Educación Preescolar, Media y Básica, esta deducción no es tan clara y se necesitan más datos para hacer una suposición así.

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Para Bonilla, en todo caso, ampliar el acceso a la educación es un esfuerzo que debe valorarse, pero no garantiza por sí solo mejores resultados. También es necesario mirar qué ocurre después: la pertinencia de la educación, el acompañamiento a los estudiantes y la deserción, entre otros factores. “Si no tenemos en cuenta estos complementos, los resultados van a seguir siendo malos. Nos vamos a quedar en acceso, pero incrementarán índices menos positivos”.

Entre esos índices que no son tan positivos, resaltan los resultados de las pruebas PISA 2025, es el de asistencia escolar. En el informe, la OCDE sostiene que el 30 % de los estudiantes colombianos faltó al menos un día durante las dos semanas previas a la presentación de las pruebas PISA, frente al promedio de la OCDE, que fue del 22 %. Además, el 52% de los niños y niñas del país dijo que había llegado tarde a clase, por lo menos una vez en las últimas dos semanas. Esto, advierte Bonilla, “es dramático porque influye en el proceso de aprendizaje”.

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También hay otro factor que puede incidir en el aprendizaje: el acompañamiento de las familias, señala Bernal, doctora en Análisis de Gobernanza y Políticas. En 2022, el 79 % de los estudiantes decía hablar con sus padres sobre el colegio; para 2025, esa proporción bajó al 78 %. Esto es importante, dice la académica, porque en el proceso de aprendizaje de los jóvenes hay una corresponsabilidad. ”Las familias responsabilizan a los docentes; los profesores, a las familias o directivos; los colegios, al gobierno; y todos, a las tecnologías y a las redes sociales. Parece más fácil encontrar a quién atribuirle el problema que reconocer la parte de responsabilidad que le corresponde a cada uno”, reflexiona.

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El panorama que dejan las pruebas PISA 2025 y las explicaciones que ahora estamos intentando encontrar hacen parte, en opinión de Jorge Valencia Cobo, coordinador del Observatorio de Educación de la Universidad del Norte, de un diagnóstico que Colombia conoce desde hace años. El sistema educativo, dice, está ampliamente diagnosticado en sus distintos niveles; el problema está en que “mantiene dificultades para traducir ese conocimiento en transformaciones sostenidas”.

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Eso, para Cobos, implica que ahora hay que llevar a la agenda pública “ajustes institucionales, pedagógicos y territoriales que permitan mejorar, de manera efectiva, la calidad y la equidad del sistema educativo”. Algunos de los puntos que, a sus ojos, deberían estar en la agenda pública son los “ajustes institucionales, pedagógicos y territoriales que permitan mejorar, de manera efectiva, la calidad y la equidad del sistema educativo”.

Todos esos esfuerzos darán resultados, sugiere Abadía, si están articulados alrededor de una política educativa nacional, con objetivos claros sobre los aprendizajes básicos que todos los estudiantes deberían alcanzar en cada nivel. Sin esa definición, considera difícil que Colombia consiga cambiar una tendencia que lleva años mostrando pocos avances. Para todos, ese puede ser el reto que dejan estas pruebas: pasar del diagnóstico a los cambios que permitan que los resultados, finalmente, empiecen a moverse. De no hacerlo, advierte Segovia, “estaríamos perdiendo una generación completa. No es aceptable que Colombia no mejore”.

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Por Paula Casas Mogollon

Escribe temas ambientales y perfiles de las mujeres que trabajan o han trabajado en ciencia. Desde hace dos años maneja el tema editorial de Bibo, la campaña ambiental del periódico. Además, realiza “Supercampeonas”, un formato en video donde se habla de las mujeres en el deporte. PauCasasM pcasas@elespectador.com
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