“Cualquiera puede ser el adecuado, siempre que tenga, claro está, un título nobiliario, una buena posición y una buena planta”.

“Effi Briest”, del alemán Theodore Fontane (1819-1898), publicada en 1895, es un reflejo de las estructuras sociales de la época, inspirada en vivencias de la propia historia familiar del autor. El eje central de la obra es el adulterio, el adulterio femenino, por supuesto, porque el masculino es anodino, normalizado y aceptado en la sociedad decimonónica. Effi Briest es como una Emma Bovary o una Ana Karenina que añora vivir, amar, ser amada y dar cabida a una explosión de sentimientos a pesar de las convenciones sociales. La obra contiene, además, una prosa realista que da cuenta de otros temas como la eterna tensión entre la pasión y el deber moral, el paso de la niñez a la adultez y la tristeza generada por un matrimonio impuesto. Christoph Hubig afirma: “Las últimas novelas de Fontane, especialmente “La adúltera” (1880) y “Effi Briest” (1895), pueden considerarse como representativas de las insuperables contradicciones de la época, en cuanto a que en ellas el autor ha plasmado, en la tipificación de los personajes, tanto las opuestas influencias de su propia biografía como las corrientes intelectuales de su tiempo” (“Repliegue y desarrollo. Del genio clásico al yo existente. La filosofía y el arte tras la muerte de Goethe”, en “Historia de la literatura”, Akal, V. 5 p. 62).
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Effi Briest es una joven aristócrata de 17 años que, por mandato de su familia, se casa con el barón Geert von Innstetten, un hombre 21 años mayor que ella. Su marido es un funcionario prusiano destinado a una región del norte de Polonia en un lugar pequeño. Effi, hasta antes de su obligado matrimonio, era alegre, le gustaba leer sobre mitología, jugar, correr y pasear por el campo. En su nueva vida se ve abocada al abandono, porque su marido trabaja y viaja con frecuencia; al aburrimiento, a la soledad; al miedo de la casa en la que viven, que está llena de historias de misterio. En un momento dado, la joven comienza una relación amorosa con el mayor Crampas, un hombre también casado. El romance termina y Effi sigue con su matrimonio. Años después el barón descubre unas cartas enviadas por el mayor. A pesar del paso del tiempo decide retar a duelo al mayor Crampas y lo mata. Ella sufre un ataque nervioso al sentirse culpable de la muerte de una persona. Innstetten repudia a Effi y la deja condenada socialmente. Además, le quita a su hija. Sin embargo, el barón se cuestiona esa defensa acérrima de un honor impuesto por una moral social.
La obra plantea como tema central el fuero íntimo de una mujer frente a la moralidad pública. Antes de su gran tragedia, Effi no había sido una heroína que enfrentaba un régimen establecido de manera consciente. Ella era soñadora, idealista e impulsiva, pero había aceptado el mandato social al terminar con su relación. Aunque su falta no puede ser perdonada por el paso de los años, incluso si el marido la quisiera absolver. La transgresión femenina es una falla imperdonable, por eso la sociedad exige exclusión. Y esa diferencia frente a los hombres es lo que pone la novela de presente, lo mismo que el honor y la hipocresía social: “La ‘justicia divina’ que algunos invocan tan pomposamente es una tontería; por el contrario, nuestro culto al honor es toda una forma de idolatría, y mientras sigamos teniendo ídolos deberemos someternos a ellos”.
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Ahora bien, la novela es también una pintura de una sociedad rigurosa y frívola: “Se notaba en todos ellos la influencia del estilo berlinés: preocupación por la apariencia y lo superficial, y un notable desconcierto e inseguridad al hablar de las grandes cuestiones”. Los personajes que rodean la trama tienen una función específica en el laberinto moral y cada uno está edificado con la profundidad psicológica propia de la novela realista decimonónica. Precisamente, Fontane no utiliza escenas melodramáticas para describir la tragedia y exponer la crítica social, sino que se vale de diálogos, actitudes de los personajes, situaciones de la vida cotidiana e incluso silencios. Es preciso al expresar que las contradicciones de los seres humanos provienen de lo que el colectivo espera de nosotros en un período determinado: “Todo lo que pueda hacernos ilusión está ligado al momento y a las circunstancias, y lo que hoy todavía nos hace felices, mañana carece de todo valor”.
“Effi Briest” critica a la sociedad prusiana y a cualquier mandato social que anteponga las convicciones morales a los sentimientos individuales. Fontane no se limita al cliché del conflicto entre una mujer adúltera y un marido que necesita vengar su honor, sino que despliega un problema sociológico: las estructuras sociales no siempre son justas. Esa crítica se presenta a partir de un aparato narrativo novedoso. Cierro con una cita de Thomas Mann sobre Fontane y su sensibilidad social y artística: “Pero la humildad de Fontane tenía raíces más profundas que solo lo social. Fue producto de aquel escepticismo artístico dirigido contra el arte y todo el gremio de artistas, y del que se puede afirmar que afectó a toda la dignidad del gremio” (“El viejo Fontane” en: “Introducción a la edición de Penguin clásicos”, p. 6).
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