
El terreno donde se libraría la batalla cultural del Gobierno de Abelardo de la Espriella abrió preguntas desde antes de que se posesionara. El día que asumió el cargo, el presidente volvió sobre esa idea y dejó ver un poco más de qué estaría hecha esa contienda. Desde el Cantón Militar Pichincha, afirmó que “el renacer en la patria milagro también deberá ser cultural” y que sus pilares serían “el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios y la responsabilidad individual”.
Desde entonces, algunas de sus primeras decisiones, como la propuesta de reducción del presupuesto al Ministerio de las Culturas o la suspensión de los Premios y Reconocimientos del Programa Nacional de Estímulos para este año —justificadas en el mal manejo de los recursos durante la administración del presidente Gustavo Petro—, han dado pistas sobre la dirección que podría tomar la cultura en los próximos cuatro años. Uno de los episodios más recientes ocurrió en el Instituto Caro y Cuervo, después de que su director, Sergio Vélez, publicara en las redes sociales de la institución un video sobre Gonzalo Arango, a propósito de los 50 años de la muerte del escritor.
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Vélez abrió el video con una pregunta: "¿Qué ocurre cuando el profeta que enseñó a toda una generación a escupir sobre las estatuas, a dinamitar los dogmas y a burlarse de los altares, termina de rodillas, cegado por el resplandor de la fe y rendido ante el misterio de Dios?". Después describió a un Arango que se desengañó de la izquierda y de la revolución y que, en lugar de traicionarse, alcanzó una "iluminación". Para él, el poeta entendió que "la verdadera y única revolución no se hace en la barricada, ni con el odio de clases, sino en las honduras de la conciencia individual".
Para Lucas Ospina, profesor de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes, Vélez deja por fuera la obra previa de Arango y construye el relato alrededor de lo que presenta como su alejamiento del arte y su posterior acercamiento a la religión. "Me da la impresión de que es una terapia de conversión, pero para el arte, es decir, deja de ser artista para convertirse en un profeta religioso. Si bien la interpretación que él da de esa trayectoria de Arango como artista puede tener elementos de verdad, en todo caso está ignorando la obra previa y también está haciendo coincidir esa apostasía del arte y esa aparente iluminación con un eslogan de gobierno, como podría ser un ‘Cristo Rey'", afirma.
Desde su perspectiva, el video de Vélez es un ejemplo de cómo se usa la batalla cultural: "una estrategia como de judo: coger la fuerza cultural del arte e invertirla para apropiársela para propaganda". En este caso, dice, lo que hizo fue tomar a Gonzalo Arango y ponerlo "solo bajo un perfil, no bajo la amplitud de su espectro" para defender una ideología.
Sin embargo, más allá de esa lectura sobre Gonzalo Arango, el video llevó la mirada hacia el uso de las plataformas institucionales para difundir una interpretación personal y un contenido que algunos calificaron como “proselitismo religioso”.
Ospina dice que el problema está justamente en que esa opinión se publique desde la cuenta oficial del Instituto. “La libertad de expresión se puede usar con un derecho pleno. Pero ya usar la cuenta oficial del Instituto Caro y Cuervo para hacer eso me parece que es un uso errado de las comunicaciones y más cuando se usa sobre todo para dar una opinión personal”.
Daniella Sánchez Russo, exdirectora del Instituto, también cuestiona la forma en que una opinión personal se presenta como una posición institucional. “Me preocupa que se presente la mirada de una sola persona sobre la literatura o las lenguas del país como si fuera una mirada institucional y del Estado. Uno no puede, como director o funcionario, salir a dar unos puntos de vista muy personales. Cuando uno trabaja en lo público se debe a su condición de funcionario. Y esas intervenciones de una editorial totalmente dirigida a un segmento muy ideologizado complejizan las instituciones que finalmente son del Estado. Me preocupa también que el dogmatismo religioso del nuevo director vaya a poner una traba sobre lo que, de ahora en adelante, puede investigar o no el Instituto Caro y Cuervo; los relatos que va a crear sobre los movimientos literarios en Colombia, sobre los escritores y sobre las obras de los escritores en Colombia”, afirma.
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Es una preocupación que comparte, además, Catalina Valencia, directora de la Línea de Cultura de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) y exsecretaria de Cultura de Bogotá. “Son instituciones del Estado, más allá del gobierno que asuma. Lo que está pasando con el Instituto es preocupante. No es que nunca haya tenido una línea de (pensamiento) de este tipo, sino que es un Instituto que se dedica a la investigación y, por lo tanto, la rigurosidad en términos de investigación no puede ser ideologizada o politizada”, sostiene.
El riesgo para la investigación
La memoria institucional también está en el centro de las preguntas sobre el rumbo del Caro y Cuervo. Ospina cuestiona la trayectoria de Vélez en el sector cultural colombiano y su conocimiento del trabajo que ya se había desarrollado en el Instituto. “No se le conoce realmente trabajos con el tejido social colombiano, con el grupo cultural. Son personas que están muy desvinculadas y no tienen la memoria institucional. Imagínate lo que es llegar a una institución con una persona que la ponen a dirigir y no tiene la memoria de lo que se ha hecho”.
A esas dudas sobre lo que Vélez conoce del Instituto se suma lo que Valencia advierte sobre lo que hará con él. Según explica, el director “dijo que iba a desideologizar del marxismo al Instituto y lo que está haciendo es ideologizarlo a sus modos. Creo que acá ya es muy claro que el presidente de la República y el Ministerio de Cultura tienen una línea que es por la batalla cultural”.
Para Sánchez Russo, la afirmación de que el Instituto se convirtió en un “fortín del marxismo cultural” puede estar relacionada con su propio trabajo académico en la crítica literaria marxista. “Entonces, creo que él proyecta sobre mi gestión sus propias percepciones de mis proyectos de investigación”.
Sin embargo, recuerda que durante su administración convivieron distintas líneas de formación e investigación. Según explica, algunas de las perspectivas que el nuevo director cuestiona, como los estudios poscoloniales y decoloniales, así como un curso sobre literatura palestina, eran apenas una mirada entre muchas dentro de la institución y coexistían con los estudios comparativos, los estudios sobre el español y otras aproximaciones a la lengua y la literatura. Continuaron, además, los cursos de latín y griego y se creó un nuevo diplomado en mediación de lectura. También se publicó el primer tomo de la obra completa del crítico literario Rafael Gutiérrez Girardot.
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La posibilidad de que esa diversidad se reduzca es lo que preocupa a Valencia. “Esto sí daña, de alguna manera, las posibilidades de que un centro como ese vuelva a producir, problematizar, generar preguntas y demás. Eso es lo preocupante”, afirma.
La falta de información sobre lo que hará la nueva dirección con el Instituto también enciende las alarmas. Sánchez Russo dice que Vélez aún no ha explicado sus planes. “Lo que el nuevo director no dice —y ya tres semanas de haberse posesionado es importante que la ciudadanía lo sepa— es qué proyecta de ahora en adelante para el Instituto, cuáles son sus planes, qué proyectos busca que sigan, qué proyectos no busca que sigan, cuál es su mirada sobre el Instituto que recibió”, afirma.
Entre los asuntos sobre los que, según la exfuncionaria, falta conocer esa posición están el doctorado presentado ante el Ministerio de Educación y el proyecto de documentación de lenguas que comenzó en 2025. También menciona las líneas de investigación, el Museo de Yerbabuena, que está por abrirse, y los libros que estaban por publicarse en el sello editorial.
“A la vez que está creando el nuevo director mucho ruido dentro de las redes institucionales, no toca el centro más importante, que es su gestión, el cómo se proyecta como director y cómo proyecta a la institución en el futuro”, dice la exdirectora del Caro y Cuervo.
Al final, dice, todo esto es una muestra de que la batalla cultural será de dos bandos: los que quieren administrar la cultura como si tuviera una sola cara y los que insisten en la pluralidad de saberes, tradiciones y formas artísticas.
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Álamo(88990)•Hace 34 minutos¡Sale caro criar un cuervo! Y Colombia ha sido caldo de cultivo ora de Gonzalo, ora de Sergio: dos caras de una moneda ahora en manos cristeras. Pero el texto del lechuguino es lo de menos, lo mefítico es el ‘subtexto’ que clama ‘por-dios-eros’; y de esos un buen (lab)oratorio es el país del ‘sangrado corazón’. Así, pues, señora lengua: "¡No es hora de (en)callar!".
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Juan(cnp52)•Hace 3 horas¿Dudas? Otro eufemismo para nombrar las evidencias.