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La filosofía como antídoto de la vida cotidiana

En esta charla, Matilde Orlando, Lu Beccassino y Roberto Palacio conversan sobre las múltiples maneras en las que el pensamiento filosófico puede ayudarnos a entendernos mejor, a relacionarnos de forma más consciente y a enfrentar los desafíos cotidianos con mayor lucidez.

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Santiago Gómez Cubillos
30 de marzo de 2026 - 04:29 p. m.
Esta edición de "Los diálogos de El Magazín" nos sumerge en la pregunta de ¿cómo puede ayudarnos la filosofía a afrontar problemas del día a día?
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Foto: Toru Wa / Unsplash
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“La academia no está en el negocio de producir ideas, está en el negocio de producir citas APA”, sentenció Roberto Palacio, filósofo, ensayista y divulgador, durante la última edición de Los diálogos de El Magazín, un espacio de conversación alrededor de los temas de la cultura, las artes y el pensamiento.

Él, junto a Lu Beccassino, escritora y creadora de contenido sobre sociología y filosofía, y Matilde Orlando, doctora en filosofía y también divulgadora, se sentaron en la biblioteca del Gimnasio Moderno para reflexionar sobre una pregunta: ¿cómo puede ayudarnos la filosofía a afrontar los problemas de la vida cotidiana?

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La conversación tocó varios temas, entre los que no solamente estuvo la concepción que cada uno tenía de esta disciplina y cómo la había incorporado en su propia vida, sino también sobre cómo ellos se habían enamorado del método filosófico, las fallas que veían en el sistema académico y las formas en las que se podía “desacartonar” la filosofía.

Para Palacio, por ejemplo, hay un punto en el que “deja de tener sentido” producir ideas solo para otros filósofos. El círculo vicioso en el que se ha encerrado el pensamiento filosófico trunca su verdadera naturaleza de espacio de diálogo.

Y esa brecha crece aún más, como lo apuntó Orlando, cuando la filosofía se condiciona al estudio de la historia únicamente. “Espantamos a la gente si les decimos: ‘No puedes leer Hegel si antes no leíste a Kant, a Hume y a Descartes’. Y en los colegios y en las universidades todavía se piensa mucho que la filosofía, que es más bien historia de la filosofía, debe tener ese desarrollo biográfico y cronológico”, expresó durante el conversatorio.

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Además, si a eso se le suma que, tanto para ella como para Beccassino, esa enseñanza usualmente está atravesada por una visión primordialmente occidental y estructuralmente machista, estamos en un panorama que no parece muy esperanzador para pensar en la filosofía como una herramienta para entender el mundo. Aunque también argumentaron que hay algunas salidas para esto.

“Sería más interesante hablar de historia de los problemas y la historia de los conceptos. Hay que dejar de venerar a los filósofos y más bien pensar que han sido personas a lo largo de la historia que se han planteado los mismos problemas que nosotros, solo que 600 años atrás”, afirmó Orlando.

Por su parte, Palacio acotó que, más que enseñar a repetir ideas o a escribir para el mismo grupo académico de siempre, la filosofía se trataba de un método para analizar los problemas importantes de nuestra vida. “La filosofía es una conversación sobre las conversaciones que no estamos teniendo. Y necesitamos muchas, pero para tenerlas necesitamos parar”, afirmó.

A pesar de que muchas veces este método deje más preguntas que respuestas: “La filosofía enseña a vivir con incertidumbre; enseña a vivir con complejidad”, agregó Palacio. Y, para él, esto significa que no necesariamente todo el mundo está preparado para entrar de lleno en esta disciplina.

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Ahora, para Lu Beccasino, hay una parte de la filosofía de la que nadie debería poder zafarse. “Creo que sí hay una dimensión de la filosofía que sí nos corresponde a todos y es la ética. A mí me gusta mucho una frase de Kurt Vonnegut que dice: ‘Hay muy pocas cosas que sabemos de cómo funciona el mundo. Hace frío en invierno, hace calor en verano, pero, maldita sea, hay que tratar de ser amables’. Y yo creo que tenemos un deber para con las otras personas de tratar de ser más compasivos, más cuidadosos, más conscientes”, afirmó.

Entre posiciones encontradas, consensos, autores citados, anécdotas e ideas, muchas ideas, se desarrolló este evento que, durante una hora, puso a estos tres invitados a reflexionar sobre hacia dónde iba la disciplina y cómo podía dejar de asociarse únicamente con hombres calvos y barbudos que se sientan a pensar todo el día. La filosofía, como ejercicio vivo, tiene un espacio en la vida cotidiana, pero requiere se requiere paciencia para encontrarlo.

A continuación, pueden ver el conversatorio completo.

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Santiago Gómez Cubillos

Por Santiago Gómez Cubillos

Periodista apasionado por los libros y la música. En El Magazín Cultural se especializa en el manejo de temas sobre literatura.@SantiagoGomez98sgomez@elespectador.com
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2. no paran de reclamar, en fin ...esta filosofía, esta gimnacia de la magnecia no es la cura para los dolores estomacales; solo podemos rescatar la ética peripatética de los moralistas vegestorios arrepentidos, y el método del conocimiento, además de la carreta sobre el arte y la belleza , que todavía siguen en veremos con su discusión interminable; además, y no es carreta, en la academia confunden, no se si a propòsito, la filosofía de la historia con la historia de la filosofía.
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Tulio Claudio (70717)30 de marzo de 2026 - 02:28 p. m.
1. La filosofía , según todos los manuales del mundo, no sirve para nada: el aburrimiento lo cura el alcohol, la migraña el acetaminofén, la infecciones la penicilina y la fiebre de poder los antipiréticos, pero la filosofía no sirve pa nada; tal vez pa mamar gallo tomando aguardiente, o para descansar el agotamiento con sal de frutas o alkaseltzer; las cuentas de la luz y de los servicios públicos siguen creciendo, las necesidades básicas singuen insatisfechas;
  • AndresL(61213)30 de marzo de 2026 - 05:17 p. m.
    Sería bueno que le diera una leidita a la filosofía para ver si deja de pensar de esa manera. Para eso también le puede ayudar la filosofía.
Dagoberto Chavarro(51763)29 de marzo de 2026 - 02:41 p. m.
Una de la particularidades del acto de reflexionar tiene que ver con lo que se entiende esto en ámbitos como el educativo: nichos donde no existe el diálogo reflexivo, donde el currículo se entiende como un acto transmisionista. Una escuela jerárquica, poco o nada dialogante, en la que predomina la imposición y el dogma.
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