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¿Cuál es la diferencia entre el agua con gas y la soda y cuál comprar?

Agua con gas y soda suelen confundirse porque ambas tienen burbujas, pero no son exactamente lo mismo. La diferencia está, principalmente, en lo que contienen además del agua y del dióxido de carbono que produce la efervescencia.

Aunque ambas tienen burbujas, el agua con gas y la soda no son lo mismo: la soda suele llevar sales o minerales añadidos, como bicarbonato de sodio, que le dan un sabor ligeramente más salado.
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Se parecen mucho, pero no son lo mismo. El agua con gas y la soda comparten las burbujas; lo que las separa es lo que viene disuelto en ellas, y a la hora de elegir cuál consumir, la respuesta no está en el nombre de la botella, sino en su etiqueta. Así lo explican Rosa Margarita Campo, nutricionista y médica, y Diana León, experta en nutrición culinaria, quienes coinciden en algo clave, cualquiera de las dos puede ser una buena opción, siempre que no traiga azúcar.

Ambas bebidas nacen del mismo principio, agua con gas carbónico, que es lo que le da “esas burbujitas y ese toque ligeramente ácido”, como lo describe León, quien también recurre a datos históricos para hablar de su consumo sosteniendo que el agua con gas nació en 1767, cuando a un químico inglés se le ocurrió disolver ese gas en agua y descubrió que el sabor le encantaba. Hoy, el gas puede llegar por dos caminos, "en algunas aguas minerales naturales, el gas carbónico está presente desde el manantial; en otras, se incorpora durante el proceso de elaboración”, explica Campo.

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El agua con gas simple tiene una composición muy sencilla, agua y gas, “es justo eso una mezcla de agua y burbujas”, según explica León. La soda, en cambio, contiene sales minerales añadidas. Campo menciona el bicarbonato de sodio o los citratos; León agrega bicarbonatos, cloruros o sulfatos. Por eso, señala Campo, la soda “puede tener un sabor ligeramente más salado o mineral que el agua con gas”.

El cambio grande, advierte León, llega cuando a esas burbujas se les suma azúcar, acidulantes o cafeína:, ahí ya no estás tomando agua con gas ni soda, sino una gaseosa”. Por eso, si la botella trae azúcar o edulcorantes, su recomendación es clara que no es nada distinto a tratarla como lo que es, una gaseosa. A la hora de elegir la correcta, las dos expertas coinciden en la misma acción a la hora de comprarla hay que voltear la botella, "no te quedes solamente con la palabra ‘soda’, ‘agua carbonatada’ o ‘agua con gas’”, recomienda Campo.

¿Qué hay que revisar antes de consumir soda o agua con gas?

Campo y León y son enfáticas en que los consumidores deben tener en cuenta varios factores, el primero son los ingredientes, "si dice agua y gas carbónico, o agua con sales minerales en el caso de la soda, adelante", dice León, mientras que Campo sugiere buscar una composición sencilla con pocos ingredientes. El segundo punto es el azúcar y los edulcorantes, ninguna de las dos debe traer en su etiqueta que contiene azúcar añadida, si es así es una gaseosa. Y por último y no menos importante, el sodio, Campo aconseja "mirar la tabla nutricional porque el contenido de este puede varriar considerablemente entre productos".

¿Qué cuál es buena y cuál no se recomienda para el consumo? Ambas son recomendables siempre y cuando no contengan azúcar, León y Campo aseguran que cualquiera de estas dos bebidas "tanto el agua con gas como la soda pueden ser buenas alternativas para quienes quieren disminuir el consumo de gaseosas, jugos endulzados y otras bebidas azucaradas".

Las burbujas, explica la médica, aportan una sensación refrescante y diferente, y pueden hacer más agradable tomar agua durante una comida o en cualquier momento del día. A la hora de consumirlas, su sabor puede variar, se puede servir con hielo, rodajas de limón o pepino, hojas de hierbabuena o menta, o un poco de fruta y puede convertirse en una opción refrescante y saludable para disfrutar en cualquier momento.

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Además de refrescar, por ejemplo, el agua con gas tiene varios usos en la cocina y en la mesa. Si estás preparando sopas y guisos, ayuda a disminuir los olores, y en los fritos y los apanados ayuda para que tus preparaciones queden más crocantes. En la coctelería aporta efervescencia y es también un buen mecanismo de ayuda para darle una buena limpieza a los alimentos.

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