A solo horas de que se abran las urnas y más de 41 millones de colombianos habilitados para ejercer su derecho al voto salgan a elegir al próximo huésped de la Casa de Nariño, la defensora del Pueblo, Iris Marín, envió un contundente mensaje al país para que sea una jornada pacífica y que se respeten los resultados, sin importar quién gane la contienda presidencial.
En diálogo con El Espectador, la defensora Marín reflexionó sobre el complejo panorama que atraviesa el país, de cara a la segunda vuelta presidencial. Un contexto en el que se combinan los mensajes incendiarios por parte de algunos sectores políticos con las amenazas de los actores armados en las regiones en las que intentan constreñir los votos de los electores.
La defensora Marín hizo un llamado para comprender el ejercicio democrático del voto como punto de encuentro y no de división como país: “La democracia no nos pide renunciar a nuestras convicciones, pero sí nos exige reconocer la legitimidad de quienes piensan distinto. En una sociedad plural como la colombiana, las diferencias políticas son inevitables e incluso necesarias; lo verdaderamente importante es la manera en que decidimos convivir con ellas”.
Lea también: Las claves del expediente por paramilitarismo que vuelve a tocar a Álvaro Uribe
La funcionaria agregó que estas elecciones presidenciales deberían llamar a la ciudadanía a pensar en una reflexión que no se debe dejar pasar por alto. “Cuando el desacuerdo se transforma en desconfianza absoluta y el contradictor empieza a verse como un enemigo, se debilita la convivencia democrática y se crean condiciones que pueden derivar en violencia política, exclusión y fractura social”, dijo Marín.
Agregó que le preocupa que se hayan normalizado los discursos políticos “que deshumanizan, estigmatizan o ponen en duda la legitimidad de cualquier resultado que no coincida con nuestras expectativas”. Incluso, que llaman a “tomarse las calles” en caso de tener un resultado contrario al esperado o a aniquilar a los opositores políticos en el escenario de llegar al poder.
“Ninguna democracia puede sostenerse si se pierde la capacidad de escuchar, de reconocer la dignidad del otro o de aceptar que las instituciones existen precisamente para tramitar las diferencias de manera pacífica”, dijo la defensora Marín. Agregó que el país tiene un reto muy importante: defender la cultura democrática desde la comprensión de las diferencias.
Le puede interesar: Murió alias “Marlon”, jefe de las disidencias señalado por el atentado del túnel de Cajibío
“Colombia necesita fortalecer una cultura democrática basada en el respeto, la empatía y la responsabilidad colectiva. Aprender a disentir sin destruirnos es, quizás, uno de los desafíos más importantes que tenemos como sociedad. Todos y todas somos colombianos y estamos unidos como nación, tenemos derecho a pertenecer y a no ser excluidos solo por el hecho de que un sector político llegue a la Presidencia de la República”, dijo Marín.
De paso, insistió en el llamado que ha hecho durante semanas desde la entidad a su cargo, para que Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, los dos candidatos que hoy se disputan la llegada a la Casa de Nariño, respeten y reconozcan los resultados de las elecciones, sin enviar discursos que alimenten la desconfianza de la ciudadanía en el Estado y en sus instituciones.
“Después de una elección, el país queda emocionalmente expuesto. Hay esperanza en unos, frustración en otros, miedo, alivio, incertidumbre. Y en esos momentos las palabras importan mucho más de lo que a veces creemos. Lo que dicen quienes tienen visibilidad pública puede ayudar a bajar la tensión o, por el contrario, profundizar heridas y alimentar la desconfianza entre ciudadanos e inclusive generar violencia”, expresó Marín a este diario.
Lea: Cinco historias para conocer la barbarie de las Farc contra indígenas y afros en el Caribe
A renglón seguido señaló que las diferencias no pueden ser motivo para que los ciudadanos se conviertan en enemigos. Justo esa ha sido, en gran parte, la razón de la violencia que durante años ha golpeado al país. Su invitación, por el contrario, es a “recordar que ninguna diferencia política justifica romper los vínculos básicos que nos permiten convivir”.
Agregó: “Tal vez el reto más grande de la democracia no sea ganar una elección, sino aprender a habitar el desacuerdo sin destruirnos en el intento (...) Insistimos en la importancia de desincentivar cualquier forma de violencia o estigmatización, evitar afirmaciones sobre posibles fraudes electorales sin sustento probatorio suficiente y tramitar las controversias e inquietudes relacionadas con el proceso electoral a través de los mecanismos institucionales establecidos”.
La jefa de la Defensoría del Pueblo señaló que, aunque este domingo el país se jugará en las urnas la defensa de los valores claves del Estado y definirá el sentido que tendrá la hoja de ruta para los próximos cuatro años, la institucionalidad de Colombia es fuerte, está siempre abierta al ejercicio de la participación y dispuesta al diálogo entre las personas.
Más contenido: Fiscalía confirma que halló talio en el locker de Zulma Guzmán en un club de Bogotá
“A quienes el domingo puedan sentirse frustrados, derrotados o inquietos por el resultado electoral, quisiera recordarles que la democracia no se agota en una jornada de votación ni en el triunfo de una opción política. La democracia también se construye en la manera como asumimos la diferencia, en la capacidad de escuchar al otro incluso cuando no compartimos sus ideas, y en la decisión colectiva de seguir habitando este país sin convertir el desacuerdo en ruptura”, dijo Marín.
Además, le puso sobre la mesa al candidato que gane las elecciones de este domingo una tarea: “Quien quede elegido ocupará un lugar de poder, pero también de sujeción a la Constitución y la ley. Esa Constitución y las instituciones del Estado, independientes del Gobierno, asegurarán que el nuevo Gobierno deba actuar en favor de todas las personas y no solo en favor de quienes lo eligieron o en contra de quienes ocupen el lugar de la oposición política. Confiemos en nuestras instituciones”.
Concluyó: “Ningún resultado electoral modifica aquello que nos une en lo esencial: seguimos compartiendo el mismo territorio, las mismas incertidumbres, los mismos dolores y también la responsabilidad común de cuidar la vida, la convivencia y las instituciones democráticas. Las sociedades democráticas se fortalecen no cuando desaparecen las diferencias, sino cuando aprendemos a tramitarlas sin odio, sin violencia y sin deshumanizar a quien piensa distinto”.
Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.