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“Los archivos del DAS pueden demostrar la persecución a mi familia”: hijo de Pedro Movilla

A Jose Movilla Vergara, hijo del líder sindical del Partido Comunista de Colombia Pedro Julio Movilla, le fue entregada una carpeta con cerca de 250 folios del DAS. Entre ellos, destaca un documento del 16 de febrero de 1993, en el que las autoridades ordenan realizar seguimientos a su familia. Menos de tres meses después su padre desapareció y, desde entonces, no se han vuelto a tener noticias sobre su paradero.

Ana Sofía Montes Peláez

05 de agosto de 2026 - 05:58 p. m.
José Movilla Vergara, hijo del dirigente, explica por qué estos archivos podrían convertirse en una prueba clave y qué esperan ahora de la justicia.
Foto: Cortes
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Treinta y tres años después de la desaparición forzada del líder sindical Pedro Julio Movilla, el caso sigue sin esclarecerse. Aunque la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) declaró responsable al Estado, la familia desconoce el paradero de sus restos y las identidades de los responsables. Esta semana se produjo un avance clave: la entrega de los primeros archivos desclasificados del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) relacionados. Entre ellos, un documento que ordenaba hacer seguimiento a Movilla meses antes de su desaparición. En conversación con El Espectador, José Movilla Vergara, hijo del dirigente, explica por qué estos archivos podrían convertirse en una prueba clave y qué esperan ahora de la justicia.

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¿Qué significa para usted y para su familia recibir ahora los archivos del DAS relacionados con la desaparición de su padre luego de tantos años?

Es la culminación de un trabajo que ya se había hecho. Nosotros llevamos más de dos años asistiendo y revisando el Archivo General de la Nación. Con esto podemos hacer más público que los seguimientos que se estaban haciendo contra mi padre y contra mi familia tenían, en parte, un origen en la inteligencia del Estado, no solamente del antiguo DAS, sino también de la inteligencia del Ejército, que ya lo tenía perfilado. Esta misma estrategia de guerra sucia se ejecutó contra muchas otras familias. Este documento es solo uno de los muchos que pueden demostrar cómo fue esa persecución que se vivió en los años 80 y 90.

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¿Qué encontraron cuando empezaron a revisar los archivos del DAS?

En 2024 encontramos un archivo que hablaba de una investigación que se estaba haciendo sobre mi padre y en el que se le daba la orden al DAS de Córdoba para que hiciera una investigación encubierta, es decir, con agentes propios. Esa investigación era sobre mi familia en Montería. El documento señala que el 16 de febrero de 1993 se dio la orden de seguimiento a Pedro Julio Movilla y, pocos meses después, el 13 de mayo de 1993, fue desaparecido forzadamente. Ahora, nos entregaron una carpeta de más o menos 200 o 250 folios. De estos, el más importante es el que solicité. Los otros documentos podrían tener algún tipo de relación con el caso de mi papá. Lo que sucede es que, dentro de esa carpeta, hay cierto desorden y algunos documentos tal vez no tienen nada que ver con el caso de mi papá. Estos archivos que hoy tenemos en nuestro poder y que hemos encontrado revelan que, efectivamente, teníamos razón: que había grupos dentro del Estado, financiados con recursos públicos, que están relacionadas con la desaparición de mi papá.

¿Se podría decir que lo que les entregaron está incompleto?

Sí, apenas contiene unos pedacitos. Es una de las miles de piezas en el pajar que conseguimos, pero dentro de toda esa maraña de cajas que hay en el archivo del DAS, que son parte de ese inventario de 57.000 cajas, todavía hay más documentos sobre mi padre. Mejor dicho, todavía no ha habido una persona que haya podido acceder a todo ese archivo y leerlo por completo. Además, la carpeta de mi padre fue deslegajada (separada), estoy seguro, porque encuentro artículos y distintas páginas de su archivo en diferentes cajas y algunas no tienen nada que ver con el caso de mi padre. Los hechos relacionados con ese proceso ocurrieron entre 1992 y 1993, y yo encuentro documentos suyos en cajas de 2005 y 2006 que no tienen ningún tipo de relación.

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¿Qué ha pasado con la investigación de la desaparición de su padre?

En las primeras fases de la búsqueda de mi papá se consiguieron varios elementos probatorios. Sin embargo, casi 16 años después se declaró el archivo del caso. No fue sino hasta que llegamos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que se logró llevar a otra instancia y empezamos a tener algunos resultados en la búsqueda y en la investigación. Después, cuando el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), cambió completamente la situación. En estos últimos cuatro años hemos avanzado profundamente sobre el caso, aunque todavía se están haciendo acciones que debieron haberse hecho hace más de 25 años.

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En la sentencia de la Corte IDH del 13 de septiembre de 2022, mediante la cual el Estado colombiano fue condenado por la desaparición de mi padre, se impartieron varias órdenes. Entre ellas, está la búsqueda de Pedro Julio Movilla. También se nos reconoce el derecho autónomo a la verdad y se ordena la entrega de los archivos de inteligencia. Nosotros somos de las pocas víctimas que, por medio de la Corte, hemos tenido acceso a ese archivo. Ingresar es muy complejo e implica una inversión considerable de tiempo y unos costos emocionales muy grandes. Además, se requiere un conocimiento previo para poder acceder a ellos, revisarlos y comprender la información que contienen.

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¿Qué espera encontrar en esos archivos que no conocen sobre el caso de su padre?

Queremos encontrar los momentos concretos en los cuales fuimos vigilados: ¿qué conocían de nosotros y qué no? También queremos saber qué pasó con Pedro Julio Movilla, después de que se lo llevaron: ¿qué saben ellos de su paradero y del de otros compañeros? Esta investigación ha avanzado gracias al trabajo que ha hecho el Colectivo de Abogados y Abogadas José Alvear Restrepo (Cajar). Hemos podido investigar los hechos relacionados con la Brigada 20 del Ejército, que ejecutó muchísimas violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, además de realizar labores de vigilancia y seguimientos ilegales sobre el propio colectivo.

Esperamos que esa información pueda darnos pistas sobre el paradero de mi padre y sobre cómo ocurrieron los hechos. Estas verdades tienen una importancia capital para nosotros y también pueden ayudar un poco a reparar, a recuperar nuestra dignidad y a demostrar que no somos unos locos, como en algún momento nos hicieron sentir. Nos decían que eso no estaba ocurriendo, que jamás había pasado y que cómo se nos ocurría desconfiar de la Policía. Nos decían que ellos estaban ahí para cuidarnos, que eran la ley y que jamás permitirían que pasaran esas cosas. Ahora queremos que se sigan desclasificando los archivos. La conservación de estos documentos es indispensable. Estos archivos hacen parte del patrimonio de la Nación y allí cuentan una historia que, en algún momento, la sociedad tiene que conocer. Aunque tal vez no esté preparada para conocer estas cosas, debe hacerlo como parte de una catarsis, para ver si algún día superamos este problema de violencia crónica que hemos tenido como una forma de expresión política.

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¿Qué pasó con la Brigada 20 del Ejército y el cuerpo de su padre?

Tiempo después de que el Estado reconoció su responsabilidad internacional por la desaparición de mi padre, apareció el testimonio de José Leonario Dorado Gaviria, un exagente de inteligencia que hizo parte de la Brigada 20. Esa versión nos dio por fin algunos lugares donde podíamos buscar a Pedro Julio Movilla. Era una investigación que en ese momento se hacía de manera extrajudicial. Nos dieron unos puntos y unas señales y, cuando fuimos a revisarlos, tres días antes miembros del Ejército se presentaron e hicieron una excavación sin autorización. Allí encontramos indicios de que había habido una excavación y, posteriormente, se estableció que había un rastro de sangre humana. Para mí, para mi familia y para quienes vimos ese lugar, quedamos con la impresión de que de allí habían retirado un cuerpo. Muy probablemente podría haber sido el de mi padre o, en todo caso, el de una víctima de la Brigada 20, una persona desaparecida o ejecutada por esa unidad. Quedamos con ese sinsabor. Todavía estamos esperando que la Fiscalía investigue, que determine quiénes fueron los responsables y recupere lo que se llevaron de allí.

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¿Quién era Pedro Movilla para usted?

Mi padre fue una persona maravillosa. Fue un maestro de vida y un ejemplo para su familia, para la sociedad y para sus compañeros de lucha. Incluso, ayudó a buscar a personas desaparecidas en esa época. Era una persona alegre y autodidacta. Dedicaba mucho tiempo al estudio de la política, la economía y los idiomas. También escribía cuentos y otras cosas. Esa era su vida. Yo era un niño muy inquieto y, aunque era inteligente, a veces mis profesores perdían la paciencia conmigo porque decían que no les hacía caso. Mi papá era quien tenía la paciencia para enseñarme y ayudarme a aprender. Cuando él desapareció, yo apenas tenía 11 años.

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¿Qué recuerda de 1993 y de los días posteriores a la desaparición de su padre?

Ese año fue muy fuerte para nosotros como familia. Hace parte de mi infancia recordar que había seguimientos, que había cosas raras cuando mis hermanos y yo nos movíamos por la ciudad, que veíamos rostros muy conocidos, personas que encontrábamos frecuentemente y que no tendrían por qué estar cruzándose con nosotros en una ciudad tan grande como Bogotá. Había llamadas, carros, vehículos y motos extrañas. No lo estábamos imaginando: había un movimiento de seguimiento sobre mi padre y sobre nuestra familia. El punto débil de mi padre éramos mi hermano, mi hermana y yo. Ese tipo de prácticas fueron aplicadas contra muchísimos luchadores

Cuatro días después de que se llevaron a mi papá, mi mamá fue a recogernos al colegio. Fue a sacarnos porque, en ese momento, la estaban siguiendo. Salimos temprano y, cuando íbamos camino a una avenida para tomar un transporte, se nos acercaron varias personas. Nos metimos a una cafetería. En ese momento ni siquiera teníamos plata para nada y mi mamá, extrañamente, estaba gastándome un buñuelo. Cuando me lo estaban sirviendo, me agarró y tuvimos que salir corriendo. Se nos atravesaron varios tipos como para cerrarnos el paso, así que corrimos y nos subimos al primer bus que vimos para llegar a una oficina de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Asfaddes).

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Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Por Ana Sofía Montes Peláez

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