Al final de la fila

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Como vienen advirtiendo distintos columnistas, legisladores y miembros de la comunidad científica y médica, el gobierno de Iván Duque se quedó dormido en lo que respecta a la negociación de la vacuna contra el Covid-19, negligencia que ubica a Colombia al final de la fila de la vacunación junto con otros países pobres.

Según datos del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke hay acuerdos de pre-adquisición negociados con las distintas farmacéuticas al tenor de 10,000 millones de dosis. De existir un acuerdo mundial sobre el acceso igualitario a la vacuna como bien público, no solo por cuestiones de justicia sino por seguridad sanitaria global se podría vacunar con estas a prácticamente todos los 7,800 habitantes del planeta. Sin embargo, con excepción del mecanismo Covax, co-dirigido por la Alianza para las Vacunas (Gavi), la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (Cepi) y la OMS, que pretende asegurar vacunas para un 20% de la población en los países de ingreso bajo y mediano, una iniciativa de la Fundación Slim para asegurar 150 millones de vacunas de AstraZeneca producidas en Argentina y México para toda América Latina y el Caribe, y el acuerdo en bloque de la Unión Europea, la gran mayoría de las negociaciones han sido de carácter bilateral.

Uno de los principales resultados de esto es la concentración de aquellas vacunas que se hallan en las etapas iniciales de producción y distribución, o próximas a ser aprobadas, en manos de pocos países, entre los cuales el nuestro no figura. Si bien la atención se ha enfocado en aquellos como Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Unión Europea y Australia que han pre-adquirido varias veces más dosis que el tamaño de sus poblaciones, una diversidad de otros estados ha tenido iniciativas similares. Es el caso de Japón, Vietnam, India, Israel, Suiza, Indonesia, Tailandia, Egipto, Turquía, Tailandia y Malasia. En América Latina, se han negociado acuerdos que cobijan más del 100% de los habitantes (Chile y México), entre 70 y 50% (República Dominicana, Brasil, Costa Rica y Panamá), y entre 48 y 38% (Ecuador, Argentina, El Salvador y Perú), siendo Colombia entre los están cobijados hasta ahora solo por el Covax.

Aún si se confirman las pre-adquisiciones que Colombia dice estar negociando con varias farmacéuticas, se estima que las empresas más cercanas a poder distribuir la vacuna masivamente no podrán ni siquiera satisfacer los acuerdos existentes en 2021. Sin contar los inevitables obstáculos y retrocesos en la producción y repartición que ya comienzan a presentarse. Adicional a ello, como recién ingresado a la OCDE el apoyo exclusivo de nuestro país en el mecanismo Covax también nos deja vulnerables, toda vez que existe acceso preferencial para los menos desarrollados y hasta ahora solo se ha asegurado una parte de las dosis programadas.

Es indignante y vergonzante que un gobierno que se ufana de ser “campeón” en América Latina en materia de vacunación, sea tan negado a la hora de anticipar las necesidades de sus ciudadanos. Siendo optimistas, la mayoría de colombianos no tendremos acceso a la vacuna sino hasta 2022, pero es más realista incluso pensar que el tiempo de espera puede prolongarse. Salvo por supuesto quienes puedan viajar “de compras” a Miami u otro lugar extranjero.

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