Carne mamerta

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El Concejo de Bogotá promueve un día sin carne. José Félix Lafaurie tiene el derecho de controvertir el sustento científico de la idea. En efecto, el Concejo de la capital ha aprobado una iniciativa cuyo propósito es advertir a la comunidad sobre el impacto de la ganadería en el cuidado del medio ambiente. Un tema cada vez más acuciante dados los riesgos del cambio climático. La propuesta tomó en consideración informaciones de carácter científico sobre el efecto de esa actividad, en particular por el volumen de gases de efecto invernadero que deposita en la atmósfera, amén de las consecuencias de la deforestación que, aunque no son inherentes por sí mismas a la actividad ganadera, en el caso de Colombia han conducido a un uso patológico del suelo. Hay una desproporción enorme entre el número de hectáreas dedicadas a la agricultura y los inmensos sabanales con una ocupación ganadera de muy baja densidad. Por otro lado, tampoco son menores las argumentaciones en materia de salud pública sobre algunos riesgos del consumo de carnes rojas, no obstante reconocer que son fuentes importantes de proteínas.

Pero Lafaurie se equivoca, porque el día sin carne no fue ideado como una prohibición de consumo. Es un llamado de atención sobre las informaciones existentes.

Alguien dirá que es un asunto menor. Pero no. En defensa de su postura, señaló que la propuesta es parte del mamertaje nacional, típica jugada castrochavista en beneficio de la izquierda. Esa es la pepa: cualquiera que promueva cambios es comunista. Con ese criterio, la larga tradición preventiva de la humanidad pertenecería a determinadas corrientes políticas. Proclamar los riesgos del tabaco, del diésel, de los aerosoles destructivos de la capa de ozono, de la utilización de plásticos de un solo uso, del carbón, de los combustibles fósiles, de la deforestación, de la talidomida, del ajenjo, del exceso de sal o de azúcar y hasta del trigo en descomposición que denunciaron los egipcios son todas conductas a las que habría que buscarles acomodo en la vasta taxonomía política.

Circula un video en el que el vocero de los ganaderos controvierte a la concejal animalista Andrea Padilla. La concejal se quejó, con razón, de la artillería descompuesta de Lafaurie quien, en un acto de machismo reprochable, acudió al viejo truco que no es original, ni respetuoso. Un acto de patanería: “Cómo se ve de linda cuando está brava”. El aparente elogio a la belleza física encierra un desprecio por la persona en su condición de mujer. Lo que quiere decir esa maniobra desgastada y anacrónica es realmente: “De ti no interesa tu cerebro. Solo tus facciones y tus curvas”. Es un acto de humillación y ninguneo. La concejal airada se vino con un rotundo madrazo. Quizás no era el lenguaje apropiado, pero sí traduce un sentimiento de indignación totalmente justificado.

Tal parece que la carne es de izquierda y la res de derecha.

Coda. Se acumulan acciones de policías contra la población. Quienes ponemos esto en la agenda lo hacemos porque sabemos que la Policía es el eslabón de ingreso al Estado de derecho. Buscamos su mejoramiento. No se sabe con exactitud el grado de responsabilidad de los agentes en el suceso del incendio de un CAI. Pero es muy grave que el cliché de respuesta del ministro Carlos Holmes Trujillo sea la descalificación de quienes denuncian.

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