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El defensor del Pueblo

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En la Asamblea Constituyente de 1991, luego de largas discusiones, se optó no solo por mantener la Procuraduría General de la Nación, sino además crear la Defensoría del Pueblo como organismo independiente, pero bajo la suprema dirección de aquella para velar por la promoción, el ejercicio y la divulgación de los derechos humanos. ¿Y por qué los dos? Porque el objeto de la vigilancia disciplinaria, que se dirige a la violación de la ley, es muy distinto de aquella de defender los derechos de los ciudadanos. Muy buena gestión hizo Carlos Alfonso Negret, quien deja el cargo tras cumplir su período. Estuvo atento a las muchas denuncias que formularon ante la entidad y presto a atender sus responsabilidades. Pasó poco tiempo en su oficina (que, por lo demás, estaba en construcción), se puso las botas y el traje de campaña para constatar, con sus propios ojos, cómo se estaban violando los derechos humanos en las regiones más olvidadas del país.

Llega ahora a la Defensoría del Pueblo Carlos Camargo Assis, quien no solo fue secretario general de la Registraduría Nacional del Estado Civil y magistrado del Consejo Nacional Electoral, sino además estudioso de esos fenómenos como lo demuestra ser autor del libro Hitos electorales en el contexto de la evolución político-constitucional de Colombia. Tiene un gran reto al llegar a la Defensoría del Pueblo, organismo que parece no le será ajeno, ya que también ha incursionado en la investigación de los procesos de paz. Cuando se discutía el tema en el país, publicó también un libro de análisis que tituló Caminos de paz, un estudio comparativo sobre las diversas negociaciones de esa clase de conflictos en el mundo.

Le tocará poner en práctica muchos de los aspectos tratados en su obra en este país que hoy sufre tanto y mucho requiere la defensa de los derechos humanos.

Confiemos en que sea un buen defensor del Pueblo y no, como uno de sus antecesores, un defensor del puesto.

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