El modelo de Estado de los chupópteros

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Uno de los efectos de la pandemia es que ha hecho visibles a más de seis millones de micronegocios y más de dos millones de empresarios del campo que eran transparentes para una parte de la política pública y de los privados, constituyendo esa anormalidad denominada “sectores informales” que había que ayudar a disminuir o combatir, porque en muchos casos se confundían con la ilegalidad. Lo que fue aflorando es que la infranqueable barrera que se ha venido construyendo por la excesiva complejidad y la apabullante normatización del Estado, antes que disminuir, ha aumentado exponencialmente, a pesar del gran esfuerzo del Gobierno por simplificar. Más de 100.000 resoluciones, directrices y decretos en los últimos 20 años dan cuenta de esto. Esa barrera autoimpuesta ha creado dos Colombias. Una formal, para la que también en muchos casos ha sido difícil el acceso, y otra gran masa de empresas y ciudadanos que al no poder alcanzar la formalización quedan en buena parte excluidos de los beneficios y servicios del Estado. Esta población no cree en las instituciones y menos en una justicia tardía e incapaz de resolver sus problemas, generando entonces un “todo vale” que a su vez incuba violencia y corrupción.

En la creación de esta pesadilla normativa, legalista, absurda, que divide, que crea barreras infranqueables, que hace que cualquier bien público sea prácticamente imposible de ejecutar, pues los tiempos se multiplican por años y no por semanas, los protagonistas son los chupópteros. Personajes que, sin prestar ningún servicio efectivo, sin realizar ningún bien, viven de los demás y de paso van “reconociendo derechos” sin ponderar las obligaciones correlativas de estos y los impactos económicos y sociales que conllevan; cada vez complejizan más el desarrollo, crean nuevos trámites y consultas con el ropaje garantista que lo hacen imposible. Y es en este punto donde aparecen los ideochupópteros, cuya ocupación principal es ideologizar las actividades públicas que les corresponde ejercer. Estos chupópteros, que son el estadio más avanzado de los TAKERS, nunca han trabajado en el mundo de los MAKERS, viven de lo público, del Estado en todos sus niveles, consideran que su deber es exprimir a los que crean riqueza. Y mientras más demoren, complejicen y frenen cualquier actividad público-privada, resulta mejor para su ideología, porque beneficiándose de su propio mal obrar efectivamente logran frenar el desarrollo, reafirmando su eslogan de que el Estado es fallido, sin confesar que han hecho todo lo posible para que pase y que esta es su visión del Estado hacia el ciudadano.

Pero el deber ser del Estado es otro, hay que mirar qué le conviene y le sirve al ciudadano, devolverse a comprender cuál es el verdadero arreglo institucional, entendido como las normas, instituciones y procesos esenciales para que sus necesidades sean suplidas de la mejor forma. Esto irremediablemente llevaría a una simplificación radical de toda esa copiosa normatividad, a ponderar los derechos y deberes frente al beneficio de las mayorías, y no a la dictadura de unos pocos. Y para coronar el absurdo, ahora que el país requiere millones de nuevos empleos, vienen los ideochupópteros a proponer una reforma tributaria que asfixia los sectores productivos imposibilitando su desarrollo. No queda claro dónde se confunde la ignorancia con la mala fe. ¿Sabían ustedes que una de las ventajas competitivas de la China es que todos estos trámites se hacen en días o semanas?

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