¿El populismo de los referendos?

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En respuesta al editorial del 5 de noviembre de 2020, titulado “El populismo de los referendos”.

Del editorial sobre los referendos, queda la impresión de que todo esfuerzo por acudir a un mecanismo de participación directa fuera “lanzar fuegos artificiales”, además de un acto esencialmente “populista”, pero no es así. No solo son mecanismos contemplados constitucionalmente, sino que son un conato de lucidez democrática al entender las múltiples falencias y ficciones que rodean la representación política.

Sin embargo, en esta democracia sin demócratas, no es sorpresivo que quienes han sido investidos con dicho mandato de representación terminan siendo los únicos que emplean estas figuras y, es verdad, esto podría ser solo para llamar la atención con miras al 2022. Pero de eso se trata la arena política, de llamar la atención, ojalá sobre los problemas fundamentales, como lo son la JEP, el control ciudadano a la Presidencia, la renta mínima vital, etc.

Si bien desde el uribismo el referendo es un pataleo desesperado por mantenerse vigente, desde la oposición puede ser igualmente un pataleo, pero por la desesperación ante la inoperancia del Congreso. Todo ello puede ser triste, pero definitivamente no es populista.

Y es que el manoseo de este término para referirse a todo aquello que podría ir en contra de las instituciones democráticas (como si el referendo no lo fuera) resulta en la simplicidad analítica y el desconocimiento de la legitimidad de la participación directa.

Considero que, de alguna forma, detrás de las críticas del editorial hay también un pensamiento antidemocrático, en la medida en que expresan un fastidio o un desdén por lo compleja, imperfecta y costosa que puede ser la democracia. Pero democracia es lo que le falta a este país y deberíamos ponerle el pecho a todo lo que conlleva.

Por otro lado, por más que sean evidentes los intereses personales y electorales de estos referendos, hay que leerlos también como una oportunidad para que el debate público y la reflexión política se masifiquen e infiltren en la cotidianidad de los hogares y las conciencias.

Desgraciadamente esta, como toda sociedad capitalista, es una sociedad del espectáculo, por lo que estos “fuegos artificiales” podrían ser la más efectiva razón para que las masas hablen y piensen en política. Y ojalá que distraigan a la mayor parte de la gente, que se distraigan del fútbol, la farándula y las redes sociales; es decir, que los distraigan de las distracciones alienantes que tan amablemente llamamos entretenimiento.

* Abogado y estudiante de Ciencia Política.

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