La descarbonización, una megatendencia

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El inicio del cambio climático disruptivo enfatiza la urgencia de limitar el calentamiento global a 1,5 °C sobre los niveles preindustriales. Si se fracasa, las consecuencias serán disrupciones sociales y económicas de gran alcance. El éxito depende de la descarbonización de la economía global, lo que implicaría una transformación económica de la escala de la primera Revolución Industrial, que fue impulsada por los combustible fósiles.

Para los negocios en todos los sectores, esto involucraría descarbonizar los modelos de negocio y las cadenas de valor en su totalidad. Las principales palancas de esta transformación son los recursos renovables a precios competitivos, la “electrificación de todo” (transporte, calefacción, operaciones industriales, etc.) con energía limpia, la eficiencia optimizada digitalmente y la adopción de la generación de energía descentralizada, particularmente por los corporativos.

Como una megatendencia, emerge ahora un paquete de soluciones de captura de carbono que permita a las empresas incrementar las palancas claves, no solo para evitar emisiones sino para revertirlas. Estos enfoques de eliminación de carbono incluyen soluciones de ingeniería, tales como la captura de aire directo y la conversión de gases de desechos; así como soluciones naturales, tales como la captura del carbono en el suelo, reforestación y forestación. Todo esto revierte la situación del carbono, al capturarlo y convertirlo en una fuente de valor.

Para los mayores emisores, estas soluciones de captura y reutilización brindan otra herramienta para acelerar el impulso hacia la neutralidad del carbono. Pero, para muchas empresas globales, la capacidad de capturar y revalorizar el carbono abre el camino para convertirse en carbono negativo, con lo cual eliminarían más CO2 del que emiten o causan. Un informe de EY enfatiza la importancia de la descarbonización y su impacto positivo en la economía global. En Colombia, los avances han sido tímidos, al igual que en otros países de la región. Por ello es necesaria la implementación de reformas estructurales que tengan embebidas políticas tendientes a la descarbonización y los incentivos que ello conlleva.

En Latinoamérica dependemos de los bienes primarios. En otras palabras, somos dependientes de los recursos naturales, renovables y no renovables; este es un dato significativo para la región y en especial para el norte, donde la biodiversidad y la fauna juegan un papel fundamental en nuestro ecosistema. En este ecosistema, no estamos solo enfocándonos en el medioambiente, sino en la sociedad en general y consecuentemente en la economía. Recordemos que cuanta más población tengamos, más posibilidades tenemos de crecer económicamente. Pero este crecimiento depende de qué tan conscientes somos del cambio climático y también de cómo ha cambiado la normalidad producto de la pandemia. En este sentido, las empresas tienen que incluir estrategias de verdadero valor en el largo plazo y para ello es necesario comprender, de manera holística, que el retorno de inversión no solo debe considerar a los accionistas en el corto plazo sino también al medioambiente, su modelo de gobierno y cómo están impactando positivamente en lo social. En nuestra región aún hay mucho camino por recorrer. Como se mencionó anteriormente, la economía latinoamericana es dependiente de los bienes primarios y eso conlleva a la necesidad perentoria de un compromiso con la reducción de emisiones de carbono. No obstante, hemos comenzado a ser conscientes en materia de estas actividades, pero eso ha dejado al descubierto la necesidad de financiación a favor de la descarbonización. Por esta razón, ya hay varias compañías latinas que empiezan a pensar en la emisión de bonos verdes, sostenibles y/o bonos en pro de la descarbonización.

En Twitter: @JnicaV

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