Sería una traición de Uribe

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Álvaro Uribe Vélez en los últimos 20 años ha sido el político colombiano de mayor relevancia. Si en los años 50 el país miraba las formas o códigos del poder encarnados en Alberto Lleras, en lo que va de este siglo, para bien o para mal, el liderato en los tejemanejes de la actividad pública está en las manos del exsenador y jefe natural de su propia creación, el Centro Democrático. Pero el desgaste entendible de dos décadas mandando, lo esta llevando a acabar incluso con sus buenas prácticas políticas, que también tuvo, en su paso como poderoso hombre de Estado.

Uribe fue el único aspirante a la presidencia de Colombia que en las dos oportunidades que se presentó a esas elecciones ganó en la primera vuelta. Desde la aprobación de la Constitución de 1991 es la excepción porque ganó de forma aplastante los comicios. Con esas sendas victorias en los comienzos del años 2000 impuso un modelo soportado en su dureza contra los grupos guerrilleros, en especial las FARC. Esa fortaleza la utilizó para devolverle a los colombianos la posibilidad de reconstruir un país que durante el gobierno de Andrés Pastrana cayó en la categoría de nación fallida. Primera buena práctica:{ Uribe le cumplió a sus cuantiosos electores y mantuvo poderosos índices de aprobación de su gestión.

Durante el ejercicio de su presidencia, Uribe tuvo una segunda buena práctica: buscó por todo el país nuevos prospectos de liderazgo. Hasta ese momento pocas personas sabían de la existencia de muchos ministros, viceministros, directores de departamentos que fueron persuadidos por el mensaje de la seguridad democrática, la confianza inversionista y el fortalecimiento del tejido social. En un país donde los partidos tradicionales tienen un torniquete ante la posible llegada de nuevas caras, Uribe se dedicó con paciencia de alfarero a potenciar su prestigio vía novedosos perfiles que, si bien le sirvieron para agrandar su poderío al mando de Colombia, también le dieron oxígeno a sus intereses electorales futuros.

Ejemplo de esto fue Andrés Felipe Arias, quien como Ministro de Agricultura se ganó el guiño del mentor y estuvo a pocos votos de ganar una consulta interna de su partido que le hubiera permitido aspirar a la Casa de Nariño guiado por la mano del que le dio origen a su apocope de “Uribito”. También Óscar Iván Zuluaga (no lo descarten para el 2022) fue un alfil uribista que acarició la Casa de Nariño. No hablo de Juan Manuel Santos porque este bogotano ya estaba “crecidito” cuando Uribe le dio el empujón final. La cristalización del comportamiento de Uribe de buscar otros líderes fue la llegada al poder de Iván Duque. Solo un dato: con Duque el sector uribista tendrá un expresidente de 46 años, lo que significa en Colombia ser un ex.

La tercera pericia del expresidente Uribe fue impedir que sus familiares más cercanos ingresaran a la actividad política. Tomás y Jerónimo fueron siempre emprendedores que con sus ancestros paisas supieron encontrar nichos de trabajo para, con criticas o no, encontrar la realización de sus proyectos. Hasta hoy han sabido sortear su defensa frente a los ataques de sus inversiones. Lo cierto es que hasta estos días la prole no se involucró en la bregas de la cosa pública. Por supuesto que la no llegada de ellos a la arena política fue una decisión estratégica de Uribe Vélez, para poder potenciar a desconocidos en un país de regiones que vieron frustradas sus legítimas aspiraciones por la ambición de los dirigentes de unas colectividades egoístas y avaras que no supieron renovar sus cuadros.

El procedimiento le ha salido beneficioso. Por estas tres habilidosas huellas que le han permitido extender sus influencias en Colombia, no veo cómo Uribe a estas alturas se traicione.

@pedroviverost

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