Una nueva versión de la derecha surgió como consecuencia de la victoria de Abelardo De la Espriella. Al mismo tiempo que el presidente electo construye el gabinete que lo acompañará por los próximos cuatro años, se perfila como el nuevo líder de una fuerza política que crece más allá de la sombrilla que representó el uribismo en las últimas dos décadas. Por ello, el Centro Democrático intenta replantearse en un escenario más allá del expresidente Álvaro Uribe, nacen disidencias políticas que apuntan a la conformación de partidos y las colectividades tradicionales buscan cómo acomodarse ante esa nueva identidad.
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Nada es gratuito. En efecto, De la Espriella no solo le arrebató el relato de los “nadie” a la izquierda para convertirlos en los “nunca”, sino que se impuso sobre figuras como Paloma Valencia en la primera vuelta presidencial. Eso explica por qué uno de los grandes perdedores el 31 de mayo fue la figura que había dominado la derecha en las últimas dos décadas: Álvaro Uribe. El desgaste de su partido, en el cual no pudo proyectar un sucesor claro para su liderazgo, con voces que piden la escisión y ruidos sobre la candidata derrotada, ayudaron a pavimentar el escenario de una nueva derecha que el presidente electo venía construyendo a punta de simbolismo y emocionalidad.
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Ahora el Centro Democrático se designó como partido de Gobierno, y justo este martes confirmaron que sus 47 legisladores se sumarán a las fuerzas de coalición del nuevo mandatario. De hecho, en otro replanteamiento, el nombre de Paloma Valencia, quien ahora es denominada como vocera política y programática, suena para ser la nueva directora de una colectividad que aún dirige Gabriel Vallejo.
La primera de esas decisiones se tomó en una reunión que se extendió durante cinco horas en Bogotá. Al final del encuentro, no solo se ratificó que se harán de nuevo parte de una coalición oficialista al sumarse a las filas de De la Espriella a partir del 20 de julio próximo, sino que se definió que buscarán las jefaturas de algunas comisiones por cuenta de los 3 millones de votos que lograron para continuar en el Senado. Y aunque no se ha definido en qué año les correspondería la presidencia de la Cámara alta, estarían interesados Andrés Forero, Esteban Quintero, Cristian Garcés, Honorio Enriquez, Alirio Barrera y Enrique Cabrales.
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La reinvención de la colectividad se veía precisamente desde esas legislativas, realizadas el pasado 8 de marzo. En ese momento, cobraron protagonismo figuras como el representante a la Cámara más votado del país, Daniel Briceño, o la segunda mujer en la lista al Senado, Julia Correa; ambos perfiles jóvenes que apuntan a nuevas bases y nuevos electorados.
“Tenemos un partido en proceso de renovación y transformación que será de utilidad para su militancia (...). El uribismo es una sombrilla muy grande que recoge personas más allá del Centro Democrático”, le confirmó uno de los congresistas electos a El Espectador.
Pero mientras sus filas se reinventan, en las últimas 48 horas su líder natural, el expresidente Uribe, casó una pelea con Carlos Suárez, uno de los miembros del círculo de confianza del nuevo jefe de Estado. El exmandatario señaló al asesor de haber gestionado reuniones del senador Iván Cepeda con exintegrantes de los paramilitares extraditados, además de supuestamente difamarlo “para vincular a mi familia con negocios con el partido”.
En respuesta a estas acusaciones, Suárez le respondió que “no me asustaron los dinosaurios, menos lo harán sus fósiles”. El intercambio de mensajes siguió cuando el exmandatario aseguró que “es mejor ser un viejo como yo, que un bandido solapado que pretende limpiar su imagen, como Carlos Suárez”.
Pese a estos choques, el expresidente Uribe y el electo De la Espriella ya tuvieron una conversación sobre los posibles acuerdos programáticos. Esto fue clave al momento de decidir si serían o no parte de la coalición de Gobierno.
En lo que la derecha se reorganiza ante un nuevo líder, este mismo se dedicó en su segundo día de mandatario electo a darle más forma a lo que será su administración desde el próximo 7 de agosto. Entre las decisiones recientemente tomadas está un viaje a Estados Unidos para reunirse con el presidente Donald Trump y una gira por otros dos países antes de su posesión oficial.
También examinó las hojas de vida que tendría listas para cada cartera; por eso, el nuevo presidente se reunió con sus opciones ministeriales para definir si cumplen o no con sus estándares. Por ahora, es fijo que del círculo interno conformado por Mauricio Gómez Amin, Jaime Andrés Beltrán, Indalecio Dangond, el mismo Carlos Suárez y Joaquín Gutiérrez tendrán sillas en el gabinete. El Espectador, además, pudo conocer que los dos últimos suenan para jefe de gabinete y que las fichas que plantee José Manuel Restrepo, vicepresidente electo, tendrán preponderancia.
¿Hacia la radicalización?
Entre tanto, antiguas militantes del Centro Democrático, como María Fernanda Cabal y Paola Holguín, quieren armar rancho aparte. La primera pidió la escisión desde principios de año y recientemente le confirmó a El Espectador que sí quiere tener su propio movimiento; por ello, solicitó “una salida digna” para cumplir sus planes de “fundar una nueva derecha, que es lo que está hoy en el mundo ganando las elecciones”.
A esta nueva corriente estarían cerca figuras como su esposo, José Félix Lafaurie, quien renunció al partido para irse a la campaña de De la Espriella, y la misma Paola Holguín. Si estas nuevas toldas cogen vuelo, tras darse el divorcio con el Centro Democrático, tendrán que encontrar una identidad en la derecha. Algunas fuentes del entorno de Cabal aseguraron que se irían más al extremo de esa corriente, punto donde ya está Salvación Nacional.
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Ese fue el mismo partido que avaló al nuevo presidente y logró cuatro curules en el Senado y una en la Cámara, con lo cual no solo le quitó votos al Centro Democrático, sino que reconstruyó las narrativas de la derecha hacia una línea más internacional. Eso se reflejó en sus referentes, entre los que están Vox de España o La Libertad Avanza de Argentina, que plantean un mercado mucho más abierto, un sector privado más grande y más prevalencia de lo que consideran son los derechos religiosos.
Pero hay más. Los resultados del domingo, con un presidente que en campaña les dio la espalda a los partidos, dejan a las colectividades tradicionales en una posición de cambio en sus filas para construir puentes con el nuevo gobierno y un gran poder de negociación, pues cuentan con cerca de un tercio de las sillas en el legislativo. De hecho, este diario supo que el nuevo presidente tiene interés en quiénes integrarán las comisiones primeras de Cámara y Senado, que se encargan de los asuntos constitucionales; y también de las terceras, por el manejo económico; al igual que las séptimas, por los asuntos de salud y pensiones.
En La U puede estar uno de los congresistas claves en el primer año del siguiente gobierno: Alfredo Deluque. El senador guajiro –quien consiguió 113.000 votos– se decantó por De la Espriella desde el minuto uno, un hecho que creó roces con la copresidencia de esa colectividad que veía con mejores ojos la candidatura de Paloma Valencia. Ahora, está en la baraja para ser el primer presidente del Senado en el legislativo que se renueva oficialmente el próximo 20 de julio.
Deluque le dijo a El Espectador que esta nueva administración no tendrá un diálogo tradicional con el Legislativo. “Podemos entablar un diálogo de manera distinta; construir las mayorías de la forma clásica no es tan acertado en este nuevo escenario. El presidente debe invitar al Congreso a actuar diferente a partir de una relación clara, (...) sin mermelada o dádivas”, agregó.
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Desde su partido todavía no han pensado en cómo acercarse al nuevo presidente; hasta ahora la copresidenta de esa colectividad, Clara Luz Roldán, se está reuniendo con miembros de su bancada para definir las prioridades que tendrá el partido en los próximos cuatro años. La senadora más votada de estas toldas, Norma Hurtado le dijo a este diario que “estamos evaluando situaciones propias de cada territorio, esperando los escrutinios y que podamos tener certeza de que no habrá un cambio sustancial; así, la próxima semana, comenzamos los primeros diálogos”.
Otra de las fuerzas que tomarán un papel clave en la nueva derecha será Cambio Radical. El partido que perdió hace unos meses a su líder natural, Germán Vergas Lleras, intentó reescribir la forma de hacer política desde la oposición y no les funcionó, por lo que ahora le apuntarán a las figuras de las regiones donde tienen más fuerza. En esa ecuación está la casa Char, que se quedó con la copresidencia del partido y tiene uno de los nombres que podrían estar entre la baraja presidencial de 2030: el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char.
“La intención principal es que esto sea un partido de los barrios, de las regiones, del territorio, que sea un partido que no se entienda con ese énfasis capitalino. La bancada de Cambio Radical está distribuida en todo el país”, le dijo a El Espectador el representante electo por el Atlántico, Samir Radi.
En Cambio Radical estaría una de las fichas que suena para el gabinete: la representante Lina Garrido, quien fue la primera de ese partido en apoyar al presidente electo y ahora suena para el Ministerio de Agricultura o la Consejería para las Regiones. Otro enlace político de esta administración es Juliana Gutiérrez, quién estaría entre las opciones para dirigir el ICBF; la excandidata al Senado por Creemos —partido que apoyó a De la Espriella— es hermana del alcalde de Medellín, Federico “Fico” Gutiérrez, otro de los dirigentes políticos locales que estaría en la camada de la nueva derecha tras dejar su cargo en 2027.
Y pese a que De la Espriella señaló durante toda la campaña no estar rodeado de los partidos tradicionales, al oído le hablaban figuras partidistas como el mismo Mauricio Gómez Amín, quien pertenecía al liberalismo; Rodrigo Lara, que fue parte de Cambio Radical; o el presidente del partido Conservador, Efraín Cepeda, que suena como ministro también y quien busca que su colectividad se convierta en partido de Gobierno. De hecho, este martes logró que el antioqueño Carlos Trujillo saliera de las filas azules luego de estar los cuatro años apoyando a la administración de Gustavo Petro en contravía de las mayorías de esa colectividad.
Este camino muestra los puentes que se abren con los partidos, los cuales serán clave en un Congreso dividido y que hasta el momento solo podría asegurarle cerca de 57 de los 102 senadores si logra acuerdos. Y todos los diálogos son necesarios, según fuentes del entorno de De la Espriella, pues el nuevo presidente se eligió con un margen sobre Iván Cepeda que apenas llega a los 250.000 votos.
Y mientras desde Barranquilla se empieza a dibujar un gabinete que se acerca de a poco a los tradicionales, es por todo esto que desde Bogotá y otras ciudades la derecha intenta reorganizarse. El Centro Democrático quiere construir una imagen post-Uribe; las nuevas figuras quieren colectividades propias; y los tradicionales buscan morder un pedazo del pastel sin cambiar sus colores del todo. Aunque este fue el segundo día de una administración recién elegida, todas estas movidas tienen impacto en una izquierda que ahora, desde la oposición, también apunta a nuevos aires.
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