El arranque del gobierno de Abelardo de la Espriella trae consigo un sacudón en las estrategias a implementar en todos los sectores políticos con miras a las elecciones territoriales de 2027. Aunque esos comicios se ven lejanos, el pulso por no perder terreno y visibilidad desde las regiones, a la par que los partidos buscan afianzar electorado, entrará en una fase de planeación detallada que ya tiene sus primeras puntadas.
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Son varios los partidos que ya han avanzado en esos primeros diálogos sobre cómo afrontar la llegada del nuevo gobierno, iniciando por el Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe. Esa bancada inició sus movimientos luego de la derrota de Paloma Valencia, a quien proyectaron para obtener la Presidencia. A pesar de capitalizar 3,2 millones de votos en las consultas de marzo, la estrategia adoptada por el presidente Abelardo de la Espriella sacudió la base uribista que finalmente respaldó la campaña del abogado de 48 años. Fueron 10,3 millones de votos para el electo presidente, contra 1,6 que se llevó Valencia en la primera vuelta.
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En ese sentido, los ataques que sufrieron en campaña –tanto Uribe como Valencia y el propio Centro Democrático— como el aterrizaje de un nuevo partido en el espectro de derecha con la chapa de Defensores de la Patria encendió las alarmas en el uribismo que no quiere ceder terreno. “Somos un partido con vocación de poder”, dijo la excandidata Paloma Valencia entrevista con El Espectador. Según detalló, aunque no hay nombres puntuales con los que ese partido vaya a jugar en las regionales, sí se tiene claras las banderas a relucir y las regiones en las que estas se izarán.
Otras fuentes de este diario en el seno uribista dijeron que se dará prioridad a sostener el poder en Antioquia. En las regionales del 2023 ese partido se hizo con 28 de las 125 alcaldías del departamento, así como con la gobernación. Y a pesar que se ha marcado una distancia con Andrés Julián Rendón, gobernador abanderado por el uribismo, el objetivo es tener un sucesor dentro de la misma casa. Sin embargo, ese territorio también está en la mira del abelardismo, que tiene el andamiaje político del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, al servicio del nuevo presidente.
Y es que esa disputa entre la figura de Álvaro Uribe y Abelardo de la Espriella será una constante, pues ambos apuntan a la misma masa electoral. Es más, el expresidente ya ha hablado de un temor porque se quiera, desde el partido del presidente electo, desplazar al uribismo en el poder. Fue cuando llegó su frase: “Si el Tigre por su entorno ruge para acabar al Centro Democrático, nos toca volvernos unas abejas laboriosas y defendernos como se defienden las abejas cuando las atacan”.
En medio de esta puja por el poder, otros sectores como el liberal o conservador, acudirán a la solidez de sus bases desde las regiones. Si bien han cedido terreno ante el surgimiento de nuevas fuerzas políticas, esos dos partidos siguen siendo fuertes e incluso pueden marcar la parada en determinadas regiones el país. De hecho, junto con el partido de La U se medirán en pulso por obtener altos cargos en la Costa Caribe, donde están especialmente consolidados. Pero también tendrán juego en regiones como el Eje cafetero, el Pacífico y algunos sectores de la región Andina.
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En la confección de esas estrategias hay un punto que varios partidos han valorado y se relaciona a su posición frente al nuevo gobierno. Y es que de los tradicionales, solo conservadores y Cambio Radical ya anunciaron estar ligados a las nuevas políticas de Estado que desde este 7 de agosto buscará implementar el presidente Abelardo de la Espriella.
Según dijeron algunos liderazgos de esos dos partidos a El Espectador, acompañar al gobierno en el primer año puede dar réditos políticos en las elecciones de 2027. Allí será fundamental la política de descentralización que ha promulgado el nuevo mandatario y para la que esas dos bancadas han dado respaldo pleno. Además, la inestabilidad política en esos dos colectivos les lleva, según dicen esas fuentes, a tener que fortalecer las bases en regiones donde De la Espriella también salió vencedor.
En cuanto al partido de La U, este diario pudo establecer que la colectividad tendrá una serie de reuniones en las que se abordará esa postura a partir del próximo 10 de agosto. Según dijo la senadora Norma Hurtado “existen numerosas tendencias con el presidente Abelardo de la Espriella y hay una tendencia para ser partido de gobierno”. Ahora bien, a pesar de esa declaración, también existe un bloque grueso dentro del partido que prefiere la independencia, dando, además, una lectura negativa al aterrizaje del partido del mandatario.
Aunque se reconoce la legitimidad del proceso que surtió el Consejo Nacional Electoral (CNE) y que favoreció al presidente electo, sectores tradicionales como las casas Gnecco, Besaile, Name e incluso, el propio movimiento político de Dilian Francisca Toro -una de las principales lideresas del partido- se vería amenazado, pues Defensores de la Patria apunta a establecer su poder en regiones que han sido dominadas por La U. En ese sentido, ese partido también analiza los escenarios con los que pueda fortalecer su caudal electoral, a pesar de los golpes sufridos en las últimas legislativas, cuando ya cedieron terreno en el Capitolio Nacional.
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Otro componente que podrá determinar los movimientos de cada uno de estos partidos tendrá implicaciones directas en las decisiones que se adopten desde el Congreso. Y es que como ya se vio en el arranque del Legislativo, cada colectividad buscará establecer sus intereses, razón por la que las alianzas se encuentran en constante movimiento tanto en Senado como en Cámara.
Es más, esos juegos de poder vuelven a agitar el tablero político el próximo 12 de agosto, cuando el Congreso pleno defina quién tomará las riendas de la Contraloría, un pulso que se define entre 10 aspirantes. Y ese mismo mes también será la elección de los nueve magistrados en el CNE, una organización clave pues es una de las que ejerce control sobre el funcionamiento de los partidos políticos.
Sobre el partido Verde, el primer paso que deben dar en esa colectividad es solventar las disputas internas. En curso hay dos procesos de escisión que se encuentran a instancias del CNE. Según supo El Espectador, no se definirá estrategia alguna hasta no tener claro el apartado jurídico que compromete las figuras de la representante Catherine Juvinao y el senador Jonathan Pulido “Jotape” Hernández, pues son ellos quienes buscan separar caminos de esa colectividad.
Por otro lado, el Pacto Histórico tendrá un papel protagónico desde la línea de la oposición. En efecto son el único partido político que ya anunció su postura contra el gobierno del presidente De la Espriella y que tendrá en su primera línea al presidente Gustavo Petro. Según señaló en sus últimas salidas públicas, “yo salgo a ser el jefe de medio país que cree en mí, que me quiere, con amenaza de que me extraigan”.
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El mandatario saliente retomará el rol de líder de la oposición, a pesar de la presencia de Iván Cepeda, quien fue el candidato del petrismo para las presidenciales. En ese partido, sin embargo, se debaten en varias alternativas para el saliente mandatario. La primera, y que poco a poco gana respaldo en la colectividad es que Petro asuma como presidente del Pacto. Esa decisión se tomaría antes de finalizar el año, pues en cumplimiento a los estatutos del principal movimiento de izquierda, en 2026 se debe reorganizar la cúpula que permitió la fundación de la colectividad tras la fusión de varios partidos.
Sin embargo, hay otras voces dentro del mismo partido que le han extendido la posibilidad de ser la punta de lanza para las regiones. El objetivo sería reposicionar a Petro como alcalde de Bogotá, liderando a la oposición desde el Palacio de Liévano. También se apunta a regiones como el Valle del Cauca y la Costa Caribe, donde ese partido obtuvo la mayoría de sus votos tanto en las elecciones al Congreso como a la Presidencia. Buscarían entonces traducir el legado de Petro en altos cargos de poder.
En el camino el Pacto Histórico seguirá acudiendo a las calles como el principal mecanismo para oponerse a la visión de Estado que propone De la Espriella y que, según ha calificado Cepeda, se constituye bajo la figura de “desobediencia civil pacífica”.
En todo caso, este camino de estrategias apenas inicia y será seriamente marcado por los resultados en el primer año de mandato. No obstante, aquellas colectividades que rodean al nuevo jefe de Estado parte con una leve “ventaja” para consolidar sus posiciones en las regiones y obtener una porción del poder que se repartirá en algo más de un año.
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