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En medio de las montañas de Cundinamarca, un grupo de firmantes de paz, víctimas del acuerdo y campesinos de la región le apuestan a que los caminos por donde se disputaban el territorio durante la guerra se conviertan en una ruta de esperanza para no caer en las economías ilícitas que se mueven en la región. El Espectador se puso las botas pantaneras para recorrer las montañas de Viotá y conocer de la mano de Asotourhepaz, las rutas que le apuestan a la paz en un territorio que alguna vez fue llamado “Viotá la roja”.
A tres horas de la caótica Bogotá se encuentran los cerros El Cardenal y Casa Verde, que comunican por las montañas las regiones del Tequendama y el Sumapaz y alguna vez fueron los caminos que recorrían los antiguos miembros de las Farc antes de la firma del acuerdo de paz de 2016. De hecho, parte del recorrido ocurre en uno de sus antiguos campamentos, donde un gigantesco limón nació para ser su fuente de alimento durante la guerra.
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El recorrido que dirigen los miembros de la asociación inicia tras pasar una carretera destapada donde te reciben con café y arepas calientes, justo para iniciar el Sendero de Paz, donde están el Filo del Cardenal y el Alto Sailán. Según cuenta Luis, uno de los fundadores de la asociación durante el conflicto armado, el sendero de la montaña —que asciende entre los 1.600 y los 2.000 metros sobre el nivel del mar— era la ruta estratégica de escape del Frente 42 de las FARC, la cual conectaba a Viotá con Silvania, Pasca y el Páramo de Sumapaz. Tras el acuerdo, la asociación recuperó y transformó este camino en un sendero de reconciliación.
El recorrido cuenta con cuatro estaciones. La primera de ellas es “Los Panches, donde se rescata la memoria e historia de los pobladores indígenas ancestrales de la región; continúa en las haciendas cafeteras, donde se narra la llegada del café a Viotá a través del río Magdalena, el tratado de paz de 1902 entre liberales y conservadores y las luchas agrarias del siglo XX que dieron origen al movimiento campesino en la zona.

El punto principal de esta historia llega en la tercera parada, ubicada en el sitio de un antiguo campamento guerrillero donde aún conservan las tiendas de campaña que usaban en aquella época. Para terminar el recorrido en la punta del cerro El Cardenal, donde en una pequeña casa con una bandera blanca que muestra cómo son un territorio de paz, presentan sus emprendimientos, así como la producción de su marca propia de café, “Travesía del Cardenal”, cultivado a 1.700 msnm.
José del Carmen o Carmelo, como lo llaman sus compañeros, es el representante legal de la asociación Asotourhepaz. La cooperativa de paz que lidera los tours está compuesta por 67 personas. De estas 30 son víctimas del conflicto, 14 firmantes del Acuerdo de Paz y 23 campesinos de la región.
Su asociación tiene cinco años de haberse formado y su objetivo fue transformar una antigua ruta estratégica de escape en su época en las Farc en un sendero pedagógico de paz, reconciliación y no repetición. Por ello, ofrecen recorridos guiados en toda la región de Cundinamarca, no solo en Viotá, como el sendero del Boquerón o el camino empedrado San Gabriel.

Carmelo cuenta que la razón de impulsar estos proyectos se debe a que no quieren ver en su descendencia el ciclo de la guerra. Le dijo a El Espectador: “Queremos que nuestros hijos —hoy un día tengo una niña de 7 años y varios asociados tienen también sus hijos— no vuelvan a vivir lo que viví yo en carne propia cuando por falta de una oportunidad ingresé a las Farc”.
Mauricio Pais Merino, jefe de la Sección de Reincorporación Socioeconómica y Política de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas, aseguró que los proyectos emergentes de ecoturismo requieren de un ecosistema colaborativo que sume la aceptación comunitaria local con el respaldo del sector público, del sector privado y de la cooperación internacional.
Y mientras subía las montañas, aseguró que “estando acá nos alienta aún más porque lo estamos viendo, algo que no es cuantificable, la parte intangible que es el elemento humano de esa convivencia, de esos perdones que se han dado, de esos deseos de poder avanzar como país con un futuro en paz”. Agregó que la ONU desde hace una década acompaña el acuerdo de paz.
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En las montañas de Viotá, además de Asotourhepaz, fueron compartidas otras iniciativas de turismo sostenible como Yoana Mena, representante de Dulce Tours, quien impulsa la ruta turística comunitaria de memoria e identidad “Bojayá, ríos que conectan con la vida”, para desligar su municipio del recuerdo de la guerra. También estuvo John Cardona, guía profesional y director de Alex Bikers, quien decidió comprometerse con el turismo comunitario, de naturaleza y aventura articulado con el ciclismo y caminatas ecológicas para transformar narrativas y sanar el tejido social en Necoclí y el Urabá antioqueño.
Y tras largas caminatas, escondidos paisajes y desafiantes montañas, los guías vuelven a sus hogares para atender a los turistas con un caldo típico de la zona o un buen café cerrero. Para que al dejar sus montañas, recuerden que las rutas que alguna vez escucharon gritos, balas y órdenes, ahora escuchan carcajadas que se mezclan con el sonido de las aves al fondo.
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