Desde hace varios años, en Colombia los datos vienen mostrando una tendencia que está transformando la población colombiana: cada vez nacen menos niños. En 2025, por ejemplo, se registró el número más bajo de nacimientos entre 2016 y 2025, es decir, nacieron menos niños que nunca en la última década: 441.537. A la par, los datos muestran que la cantidad de personas mayores está experimentando un crecimiento acelerado.
“Eso es un cambio demográfico tremendamente importante”, aseguró el director de la Academia Nacional de Medicina, el Dr Gabriel Carrasquilla. Su apreciación coincide con lo que ha expresado el Ministerio de Salud en meses anteriores. Cuando publicaron el boletín técnico sobre personas mayores en 2024, la cartera aseguró que este panorama plantea nuevos retos, pues “a medida que la esperanza de vida aumenta, también lo hacen las necesidades de atención integral en salud, incluyendo aspectos físicos, emocionales y sociales”.
Sin embargo, para atender estas necesidades se necesitan datos. Aunque existe información sobre la salud de las personas mayores, hay otra dimensión que no se ha estudiado con la misma rigurosidad: cómo la discriminación por motivos de edad afecta a la sociedad colombiana.
Se trata de un fenómeno conocido como edadismo, o discriminación por edad, un fenómeno que puede ocurrir en cualquier etapa de la vida. Recientemente, investigadores de la Academia Nacional de Medicina, la Universidad de la Costa (Barranquilla), la Universidad de Pamplona (Norte de Santander) y el programa Longevidad Saludable decidieron centrarse en la población adulta y desarrollar la primera Encuesta Nacional de Edadismo en Colombia.
Los resultados fueron publicados este viernes, 9 de octubre, durante un foro en la Academia Nacional de Medicina. El informe incluyó a 3.920 personas de todas las regiones del país, y muestra, entre otras cosas, que las mujeres y quienes tienen menores ingresos son las más afectadas por este tipo de discriminación.
¿Dónde es más común el edadismo?
En términos generales, los datos recolectados por la encuesta señalan que las personas mayores de 60 años tienden a tener menor nivel académico. “Esto seguramente tiene que ver con la disposición de los servicios académicos en la historia, por lo menos, de América Latina”, señaló Andrés Gómez, PhD en Psicología, docente de la U. de Pamplona y responsable del análisis de la encuesta, durante la presentación de los resultados.
También notaron que las personas mayores de 60 años tienden a tener pensión, mientras que los menores de 60 años se dedican a trabajar. Sobre el nivel socioeconómico y los ingresos dicen que es mayor en mayores de 60 años.
El informe revela que las actitudes de discriminación por edad no afectan a todos por igual. Los adultos con menor nivel educativo, menores ingresos (menos de un salario mínimo) o en condición de pobreza reportaron más edadismo. Entre las personas mayores, quienes trabajaban y estudiaban reportaron menos actitudes discriminatorias.
Esto se ve reflejado principalmente en la atención en salud (sentir que los síntomas se atribuyen únicamente a la edad), el uso de nuevas tecnologías y el edadismo institucional. “Uno de los estereotipos es que los mayores no manejan la tecnología. No es que no lo hagamos. Lo que pasa es que es realizada por personas más jóvenes, que tienen otras formas de pensar, idear y adaptarse. Por eso los mayores debemos encontrar el camino para adaptarnos, pero no es que no lo hagamos”, explicó Ana Eloísa Zuñiga, experta en edadismo.
En el caso de los servicios de salud, la encuesta encontró que los mayores niveles de edadismo lo experimentan las mujeres, las personas con menor nivel educativo, quienes están solteros o viudos, quienes tienen menores ingresos, y que es más común en la región Orinoquía- Amazonía.
Pero también ocurre en los entornos familiares, donde se repiten patrones similares a los que se encontraron en el ámbito de la salud. Según la encuesta, la discriminación allí es mayor en las personas con menor nivel educativo, con menores ingresos y en condición de pobreza.
Además, la encuesta demuestra que el edadismo vivido aumenta a medida que avanza la edad, y que también existe un ciclo de retroalimentación, es decir, quienes han sido víctimas de discriminación por edad presentan una mayor propensión a replicar estos mismos sesgos hacia otros.
Juan Manuel Anaya, profesor investigador de la Universidad de la Costa, sostuvo que es necesario traducir estos hallazgos en acciones de política pública. “Esto exige un enfoque analítico capaz de intervenir en las causas profundas del edadismo. La evidencia demuestra que las estrategias universales son insuficientes. Se requieren acciones gubernamentales focalizadas que aborden tanto la sesgada percepción actitudinal como los círculos de reproducción del sesgo y la vulnerabilidad acelerada en la vejez avanzada (más de 80 años)”.
Para esto proponen acciones concretas como la inclusión digital, la atención en servicios públicos y privados, y las políticas institucionales. También muestran la necesidad de enfocarse en los grupos con menos educación e ingresos.
Los investigadores aseguraron que presentarán una acción estratégica dirigida al Ministerio de Salud, al Ministerio de Educación Nacional y a las secretarías de salud y planeación territorial.
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