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Los representantes a la Cámara Daniel Briceño (Centro Democrático) y Carol Borda (Salvación Nacional) anunciaron la presentación de un proyecto de ley para eliminar los impuestos saludables en Colombia. Se trata de dos gravámenes creados a través de la Ley 2722, aprobada en 2022, para desincentivar el consumo de productos poco saludables.
El primero fue para las bebidas azucaradas y varía según la cantidad de azúcar añadida que contengan. El segundo, por su parte, fue sobre el precio de venta al público de los alimentos ultraprocesados que llevan etiquetado frontal. Este impuesto se aplicó de forma gradual: 10% en 2023, 15% en 2024 y 20% en 2025.
Ahora, los representantes buscan eliminar dichos impuestos que, a sus ojos, “encarecieron cientos de productos que hacen parte del consumo diario de las familias”. También afirman que la medida ha afectado a tenderos de todo el país. “¿Quién termina pagando? El colombiano que compra, el tendero que vende y el panadero que trabaja”, publicó Borda en su cuenta de X. Este es el documento de la iniciativa:
Cabe recordar que durante la campaña electoral, el ahora vicepresidente José Manuel Restrepo, había asegurado que perseguiría ese objetivo. En entrevista con Caracol Radio, Restrepo aseguró que, de ganar la contienda, el gobierno de Abelardo de la Espriella eliminaría los impuestos saludables.
“Muy poco tiene de saludable. Hay que eliminarlo. Eso no tiene ninguna presentación. ¿Quién dijo que un impuesto es un mecanismo a través del cual usted define el consumo de una persona? Las personas deben definir qué es lo que quieren consumir libremente”, afirmó en ese entonces. “Ese es un impuesto que terminaron poniendo por una razón puramente ideológica. Ninguna otra razón tiene”.
Sin embargo, como hemos contado en este diario, lo dicho por Restrepo y el proyecto de ley que ahora presentan Borda y Briceño va en contra de la evidencia que durante años han acumulado diversos organismos de salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por ejemplo, ha considerado los impuestos a las bebidas azucaradas como una de las herramientas más efectivas para reducir el consumo de productos asociados con enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2, algunos tipos de cáncer y las enfermedades cardiovasculares. De hecho, la entidad ha recomendado de forma reiterada a los gobiernos de todo el mundo fortalecer este tipo de gravámenes y ha señalado que, además de mejorar la salud de la población, pueden generar recursos para financiar programas y servicios sanitarios.
El más reciente Informe mundial sobre el uso de impuestos a las bebidas azucaradas de la OMS analiza cómo se están aplicando estos impuestos en 160 países y revisa la evidencia acumulada sobre sus efectos. Su conclusión es que los impuestos a las bebidas azucaradas son un instrumento eficaz para reducir el consumo de estos productos, incentivar a la industria a disminuir el contenido de azúcar de sus bebidas y contribuir a la prevención de enfermedades no transmisibles como la obesidad y la diabetes tipo 2.
El informe no concluye que estos impuestos deban eliminarse, sino que, por el contrario, sostiene que muchos países los están aplicando de manera insuficiente, con tasas demasiado bajas o sin ajustes frente a la inflación, por lo que recomienda fortalecerlos y diseñarlos aún mejor para aumentar su impacto sobre la salud pública.
Son diversos y numerosos los estudios que han llegado a conclusiones similares sobre el potencial de este tipo de medidas. En Reino Unido, donde los impuestos a las bebidas azucaradas entraron en vigor a principios de 2018, una investigación publicada en la revista Journal of Epidemiology and Community Health analizó datos de más de 15.000 personas.
Los autores encontraron que, menos de un año después de la implementación de la medida, el consumo de azúcares libres se había reducido de forma significativa tanto en niños como en adultos. También estimaron que los niños consumían, en promedio, 4,8 gramos menos de azúcares libres al día que los que habrían consumido si el impuesto no se hubiera implementado. En los adultos, la reducción fue de 10,9 gramos diarios. Al analizar las bebidas, las disminuciones fueron de 3 gramos diarios en niños y de 5,2 gramos en adultos.
Otro estudio se publicó a inicios de 2026 en The Lancet Public Health, en el que los investigadores hicieron un análisis sobre el impacto que tendrían distintos impuestos y subsidios alimentarios en Australia. Utilizando modelos basados en patrones de consumo, precios de los alimentos y carga de enfermedad, estimaron que un impuesto del 20 % a productos poco saludables como bebidas azucaradas, dulces, snacks, galletas, helados y carnes procesadas podría evitar cerca de 212.000 muertes prematuras a lo largo de la vida de la población adulta australiana.
De hecho, los autores de ese estudio publicaron una columna en el medio especializado The Conversation poniendo como ejemplo a Colombia. “La labor de promoción de grupos de salud y comunitarios podría impulsar la adopción de políticas. En Colombia, esta promoción constante condujo a la introducción de un impuesto del 20 % sobre los alimentos poco saludables. La evidencia sugiere que esto está mejorando la alimentación de la población sin afectar los empleos en la industria alimentaria”.
Además, dos investigaciones realizadas por científicos colombianos y extranjeros, que hemos reportado en El Espectador, coinciden con la evidencia internacional, en que los impuestos sí funcionan y contradicen la visión de Restrepo, Briceño y Borda. Aunque todavía es pronto para medir efectos sobre enfermedades como la obesidad, la diabetes o los infartos, los estudios muestran que las políticas nutricionales implementadas en Colombia ya están produciendo cambios en los productos que llegan a los consumidores y que, al mismo tiempo, no han generado los efectos económicos negativos que durante años anticiparon algunos gremios empresariales.
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