Una medida que el Ministerio de Salud tomó en los últimos días de 2025 tiene inquietos a los médicos de Colombia. Para explicarlo, uno de ellos pone el siguiente ejemplo: un día, recibe a un paciente en su consultorio por cita general. Tiene 15 minutos para hacerle las preguntas de rutina y revisarlo, dependiendo de sus antecedentes y motivos de consulta. Después, decide recetar unos medicamentos.
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Hasta hace poco, para la gran mayoría de los casos, bastaba con una fórmula rápida y su constancia en el sistema del hospital o la clínica o la EPS. Ahora, siguiendo la indicación de Minsalud, deberá ingresar cada prescripción en otro sistema digital, conocido como MIPRES.
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“¿Con qué tiempo lo hacemos?”, se pregunta Clemencia Mayorga, médica pediatra y representante del Colegio Médico de Cundinamarca y Bogotá. “Parece una orden que se pensó alguien que nunca ha tenido que llenar una receta en un consultorio o incluso que nunca ha sido paciente”, agrega Germán Fernández, docente de la U. del Rosario y miembro de la Academia Nacional de Medicina, además de médico y paciente trasplantado renal, con experiencia liderando clínicas y procesos en el sector salud. “Es una medida que no aporta ningún valor”, asegura Juan David Vargas, médico, auditor y financiero, con trayectoria tanto en el sector asegurador como en el prestador en la ciudad de Medellín.
MIPRES es la sigla de “Mi Prescripción”, la plataforma digital del sistema de salud diseñada para registrar y gestionar la prescripción de medicamentos y servicios. “Se concibió para facilitar el acceso de los usuarios a medicamentos de forma fácil, una ‘fórmula médica’ universal que cualquier farmacia u operador logístico pudiera verificar, cotejar y dispensar en cualquier lugar del país”, cuenta Vargas. “Diría que nació como el primer paso para la interconectividad entre actores y previo a la historia clínica nacional, que ha sido nuestro sueño por muchos años”.
En esa plataforma hay montón de casillas con información qué llenar: datos del paciente, medicamento recetado, dosis, frecuencia y duración del tratamiento, todo registrado y disponible para que se haga verificación y trazabilidad. Cuando se creó, los médicos solo debían registrar en MIPRES los medicamentos que no estaban incluidos en el Plan de Beneficios en Salud (PBS). Como más del 97 % de los fármacos sí está en ese PBS, las prescripciones que pasaban por MIPRES eran una minoría. Sin embargo, eran las más costosas y especializadas, usadas con frecuencia en tratamientos para enfermedades raras o huérfanas.
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Con la nueva circular de Minsalud, eso último cambia. Ahora los médicos deberán pasar por MIPRES todas sus prescripciones. Desde la inusual y costosa droga para una enfermedad rara, hasta los medicamentos más comunes para hipertensos o diabéticos. Será un proceso escalonado que se extenderá hasta junio de 2026.
Las dudas y preocupaciones
El Ministerio de Salud defiende la medida con un argumento fundamental: tener mayor control. La decisión, dijo la cartera, se toma con el objetivo de “contar con información completa y en tiempo real sobre el proceso integral de gestión de medicamentos, desde la prescripción realizada por el profesional de la salud, pasando por su direccionamiento y entrega, hasta el reporte del suministro y la facturación”.
La cartera agregó que con esto espera poder “identificar de manera oportuna casos de no entrega, retrasos o posibles problemas de abastecimiento, facilitando la toma de decisiones y la activación temprana de acciones correctivas para garantizar la continuidad de los tratamientos de los pacientes”.
Pero eso no convence a todo el mundo. En primer lugar, precisa Mayorga, “no es que hoy las prescripciones de los medicamentos no estén bajo control. La formulación es algo que hoy por hoy tienen que enviar todas las clínicas y consultorios del país a los sistemas de información del Ministerio. Así ha sido. Cada clínica y hospital tiene su propio sistema de información, y tiene que enviarlo para que el Minsalud tenga la información y por eso se conocen cifras de cuánto se gasta por medicamentos en el sistema cada año”.
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De hecho, ese es uno de los elementos más problemáticos que identifica Vargas. “Minsalud da una orden de este tipo sin considerar que es doble trabajo para el profesional, pues en ningún momento reemplaza la Historia Clínica institucional o el aplicativo de prescripciones de las IPS”, señala.
Aunque el Ministerio asegura que la circular “no crea nuevos trámites”, Vargas hace notar que tener un aplicativo de prescripciones y una historia clínica institucional sigue siendo un requisito de habilitación para un hospital. ”En términos prácticos, esta circular le está duplicando el trabajo al médico”, dice.
También hay dudas sobre la suficiencia del MIPRES. “No ha evolucionado tecnológicamente, por lo que para muchos médicos resulta un trámite administrativo engorroso más que un apoyo a su quehacer. Es un aplicativo lento, con intermitencias que solo reatrasa la consulta. Al ampliarlo a medicamentos PBS, lo que generará es un desgaste innecesario que terminará sacrificando tiempo de calidad con el paciente por clics en una pantalla que no generan ningún valor adicional”, dice Vargas.
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Lo segundo que no convence es el área de aplicación, pues a los ojos de los críticos de la medida, la gran mayoría de las fórmulas médicas que se expiden a diario en el sistema (como acetaminofén, medicamentos para la hipertensión o la diabetes, por ejemplo), se generan en el primer nivel de atención y se financian bajo modelos de capitación. En estos esquemas, la EPS ya contrató y pagó de antemano a un operador farmacéutico (como Audifarma o Cruz Verde) para cubrir esos medicamentos.
Esto último implica, explica Vargas, que el riesgo financiero no lo asume directamente el Estado, sino el operador contratado. Si aumentan las fórmulas de acetaminofén o antihipertensivos sin justa causa (que es lo que muchos suponen quiere averiguar Minsalud ahora), quien enfrenta el impacto económico es el gestor farmacéutico y no el Estado.
Por eso, críticos de la circular se preguntan si tiene sentido aplicar el mismo nivel de control a medicamentos de uso cotidiano que a aquellos tratamientos costosos que sí pueden poner una presión directa sobre las finanzas del sistema. Pero esa lógica tiene matices, reconoce también Vargas. Explica que aunque el Gobierno no asuma el costo de cada medicamento PBS formulado, señalan, la frecuencia con la que se ordenan sí influye en las negociaciones entre EPS y gestores farmacéuticos. Un aumento en la prescripción de ciertos fármacos podría llevar a que los gestores exijan contratos más costosos y presione las finanzas de las EPS y, a mediano plazo, de todo el sistema.
“Sin embargo, en el día a día, el costo lo asume quien dispensa. El Gobierno y el Ministerio de Salud deberían tener otras prioridades hoy distintas a controlar el ordenamiento de medicamentos que si bien pueden tener altos volúmenes de prescripción, no son los que están aumentando directamente la siniestralidad de las EPS”, cree Vargas.
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En medio de las discusiones técnicas, están las posibles consecuencias que podría haber para el paciente. “En mi caso, que soy paciente trasplantado renal desde hace más de siete años, me recetan ocho o nueve medicamentos. Esta circular prolonga excesivamente el procedimiento médico y burocratiza la consulta”, dice Fernández. “El médico tiene unos 15 minutos por paciente. Ese tiempo está medido, registrado y vigilado. Si se pasa de ese tiempo, lo consideran ineficiente. Entonces, en lugar de examinar al paciente, escucharlo y entender qué le pasa, con esta circular y otras cosas, el médico termina haciendo papeles”.
Aunque el Ministerio de Salud insiste en que la circular “no impone barreras de acceso ni modifica el acto médico en la prescripción de medicamentos ambulatorios”, y subraya que el uso de MIPRES “no puede ni debe convertirse en una barrera para los pacientes”, lo que advierte Fernández resume también la preocupación de Mayorga y Vargas: que, más allá de lo que dice la norma, en la práctica la medida termine sumando trámites, tiempo y obstáculos.
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