
El aroma del café de Colombia se conserva intacto, y así viaja por los más de 90 países en los que se vende. Pero ahora las montañas no son las mismas después del terremoto, el clima es más intenso debido a las condiciones que trae el fenómeno de El Niño y el mercado permanece dinámico, a la espera de cualquier novedad en la producción de los países protagonistas.
Aunque todos estos elementos parecen ser aislados, resultan ser los ingredientes de una receta compleja y trascendental para los caficultores del país: el precio del café.
La última vez que llegó El Niño, los que sufrieron las consecuencias fueron Brasil y Vietnam, principalmente. La producción del vecino país se redujo entre 2024 y 2025 por la fuerte sequía y las altas temperaturas que enfrentaron, donde se veían los árboles muy debilitados, con floraciones abortadas. De este modo se vio comprometida su oferta y, ante esto, los mercados dispararon el precio del grano hasta niveles históricos. En febrero del año pasado llegó a estar en USD 4 la libra en la Bolsa de Nueva York.
Este escenario favoreció a las más de 500.000 familias caficultoras colombianas, que no tuvieron mayores alteraciones climáticas y sí una cosecha fuerte que les permitió aprovechar la coyuntura del mercado. Así, más de 600 municipios tuvieron un impulso económico importante.
Pero lo que entonces fue un río en calma, ahora se transformó en una creciente súbita para la actividad en Colombia por razones como el precio del grano, el clima y el terremoto.
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Un giro amargo para los cafeteros
De la bonanza que trajo el precio del grano solo queda el recuerdo y, con suerte, algunas inversiones. De los USD 4 por libra que se cotizaron en la Bolsa de NY, ahora son USD 2,7 aproximadamente. Ese es un factor central sobre el que se calcula el valor interno del grano.
El otro está incluso peor: la tasa de cambio. A comienzos de 2025 el dólar llegó a estar en COP 4.400 y ya ha caído hasta el punto de estar entre los COP 3.100 y COP 3.200.
Las exportaciones nacionales perdieron competitividad y se disminuyó el ingreso en pesos recibidos por los productores cafeteros. La Federación Nacional de Cafeteros (FNC) calculó que el efecto cambiario generó pérdidas de entre COP 500.000 y COP 550.000 por carga.
El resultado entre ambos contextos es claro. Hace poco más de un año un caficultor recibía cerca de COP 3.200.000 por su carga de 60 kg de café en verde con un rendimiento promedio de 94 (que es la relación entre el grano excelso y la pasilla, que es el defectuoso o con alguna imperfección). Para septiembre de 2026 la misma carga ahora vale, con suerte, unos COP 2.000.000.
Una probada al café de Brasil y el mercado mundial
La perspectiva del mercado está a la baja, y tampoco da para esperar una mejora de dichas condiciones.
La producción en Brasil este año es mayor que en los últimos cinco años. Empresas privadas y el USDA han realizado pronósticos superiores a los 70 millones de sacos, aunque Thiers Pereira Viana, consultor de calidad y mercado del Centro de Qualidade do Café (Centro de Calidad del Café) de Brasil, estima que será de 68 millones de sacos. De ellos, 48 millones serán de la variedad arábica (ya se ha cosechado el 98 %) y los 20 millones de sacos restantes, de robusta.
Vale aclarar que en Colombia solo se produce arábica y que el país es el mayor productor mundial de café arábica suave lavado. La calidad del grano nacional no es solo una marca, sino que también representa una prima de precio importante.
El mercado colombiano tiene la protección de que la FNC fija un precio base y lo garantiza. Eso no existe en Brasil. “La industria y los intermediarios (empresas exportadoras) llevaron a cabo una campaña de miedo. Por eso, se espera que muchos productores brasileños anticipen la cosecha por temor a una caída mayor en los ingresos. Este hecho genera una disminución en el rendimiento”, asegura Pereira Viana.
Y añade que la calidad del grano brasileño estuvo este año por debajo de las expectativas. Desde hace algunos años el clima irregular ha generado diversos períodos de floración, lo que resulta en granos en diferentes etapas de madurez.
El factor que ha golpeado menos la producción es El Niño, a diferencia del anterior fenómeno. Allí las lluvias han sido similares a lo previsto, aunque las condiciones pueden pasarle factura en la producción del año siguiente.
“Ante la posibilidad de una cosecha menor en Indonesia, Colombia y quizás problemas en Vietnam, el precio por libra en la Bolsa de Nueva York debería estabilizarse sobre los USD 2,7 o USD 3 por un tiempo y, tal vez anticipándose a la próxima cosecha, subir un poco más a USD 3,20 a USD 3,4. Pero en el pico de la próxima cosecha debería retroceder, como lo hizo este año”, analiza el consultor de calidad y mercado.
Desde la perspectiva de Pereira, la oferta y la demanda están equilibradas, por lo que un evento inusual puede impulsar el mercado.
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Un café más caliente que el tinto
De otro lado, El Niño se ha sentido en el país, aunque no se ha concentrado en la zona cafetera como sí en el Caribe, donde otras actividades agropecuarias han despertado las alarmas, como es el caso de la ganadería.
Históricamente, las épocas secas han sido “buenas” para la producción, porque “favorecen las floraciones frente al exceso de humedad, lo que aumenta tradicionalmente el volumen, aunque no necesariamente la calidad”, asegura Luis Fernando Samper, consultor internacional en temas cafeteros.
Por ahora el clima no es un factor de riesgo, aunque las alarmas están prendidas porque todavía no se ha superado el evento climático. Su impacto estará ligado a su intensidad y duración, por lo que el panorama tampoco es muy alentador. Se espera que El Niño llegue a ser “muy fuerte” entre septiembre de 2026 y febrero de 2027, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).
La mayor preocupación es que las lluvias sean insuficientes e inconsistentes, lo que podría dificultar el desarrollo de los granos. El país tiene temporada de cosechas entre agosto y diciembre, por lo que si las lluvias no se alcanzan en este período, sí podría haber menos oferta, de acuerdo con un análisis de Jorge Cuevas, director de Café de Sustainable Harvest Coffee Importers, empresa mundial del sector.
De todos modos, las proyecciones no son positivas. La FNC reveló que la producción de agosto fue de 1,09 millones de sacos de 60 kg, 12 % menos que el mismo mes del año pasado. En los últimos 12 meses la producción ha caído 15 %, hasta los 12,58 millones de sacos.
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Ya las montañas no son las mismas
Con el sismo del 10 de agosto la tierra se movió en una de las principales zonas cafeteras del país y más de 120 municipios quedaron afectados. Se espera que el impacto puntual en el cultivo no sea significativo, de acuerdo con la Federación Nacional de Cafeteros.
Lo que preocupa es la infraestructura cafetera, que sirve para hacer el beneficio del café y poder sacar la producción. El reporte inicial del gremio apuntaba a más de 5.600 fincas afectadas, aunque en distinto grado. El conteo no ha finalizado, porque hay zonas rurales de difícil acceso.
En este contexto, el reto es mayor debido a que la tragedia llegó durante el comienzo de la temporada de cosecha, que es clave para asegurar los ingresos de las familias que dependen del cultivo y evitar que la crisis se profundice aún más.
También hay que decir que para los caficultores es complejo concentrar sus esfuerzos en sacar adelante el proceso de recolección cuando se les cayó o averió su vivienda. Los datos de la Federación apuntan a que son más de 11.000 productores los que tuvieron algún daño causado por el terremoto.
El panorama de la actividad cafetera es retador. El sector se enfrenta la emergencia y las pérdidas en infraestructura que causó el terremoto, tener que asumir las consecuencias impredecibles de El Niño, la recuperación de Brasil, los bajos precios internacionales, la revaluación del peso y la reducción de la oferta del grano.
En casi 100 años que llevan los cafeteros, estos han demostrado que se adaptan a los cambios y pueden resistir las dificultades. Sin embargo, es necesario que tengan garantías para desempeñar la actividad y el respaldo del Estado, especialmente ahora que las labores de reconstrucción son urgentes y son las zonas rurales las que pasan inadvertidas.
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