Publicidad

Páramos Macizo: el proyecto para proteger los páramos de la estrella fluvial colombiana

Durante cuatro años, ONF Andina acompañó e impulsó acciones de conservación, restauración ecológica y producción sostenible con 250 familias que viven en áreas de influencia de cuatro complejos de páramo en el Macizo colombiano. El trabajo de la organización y de las comunidades impactó miles de hectáreas en estos ecosistemas estratégicos para el país.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
24 de julio de 2026 - 01:00 a. m.
El proyecto Páramos Macizo se desarrolló en zonas colindantes a cuatro complejos de páramo en Huila y Valle del Cauca.
El proyecto Páramos Macizo se desarrolló en zonas colindantes a cuatro complejos de páramo en Huila y Valle del Cauca.
Foto: ONF Andina
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Juan Pablo Puentes recuerda con orgullo la participación que él y varios de sus colegas de la Oficina Nacional de Bosques (ONF Andina), la sucursal de la entidad pública francesa que gestiona y conserva los bosques, tuvieron en la formulación del CONPES 3915, que desde enero de 2018 estableció los lineamientos y estrategias para el desarrollo regional sostenible del Macizo colombiano.

El diagnóstico en ese momento, señala Puentes, director técnico de ONF Andina, no era nada alentador para esta ecorregión que abarca 4.8 millones de hectáreas, siete departamentos y donde nacen los cinco ríos más importantes del país, razón por la que se conoce como la estrella fluvial colombiana.

(Puede leer: ¿Por qué estas gráficas sobre el fenómeno de El Niño tienen preocupados a los científicos?)

“La presión de la frontera agropecuaria por ganadería extensiva, la minería ilegal, el acaparamiento de tierras y los cultivos ilícitos estaban generando deforestación y afectación de los ecosistemas de páramo, prepáramo y bosque altoandino”, resalta Puentes. Estos ecosistemas tienen un carácter estratégico, según el CONPES 3915, por su capacidad de almacenamiento de agua, regulación hídrica, recarga de acuíferos y nacimiento de los principales sistemas hídricos.

Esa “progresiva transformación de los ecosistemas del Macizo colombiano, que ha suscitado la pérdida de sus servicios ecosistémicos”, como resumía el CONPES de 2018 la situación, “ameritaba dar respuestas y ofrecer alternativas a las familias que tradicionalmente habitan los páramos y que se mueven en economías formales, pero que no son sostenibles en términos ambientales”, apunta Puentes.

Ahora, ocho años después de ese diagnóstico inicial y tras cuatro años de implementación, ONF Andina concluyó el proyecto Fortalecimiento de la gestión de preservación, restauración, conocimiento y uso sostenible de los ecosistemas de páramos del Macizo Colombiano (Proyecto Páramos Macizo).

(Puede ver: ¿Por qué el calor afecta el sueño? Barranquilla y Cartagena, entre las ciudades perjudicadas)

La iniciativa, financiada por el Gobierno de Francia y el Fondo Francés para el Medio Ambiente Mundial (FFEM) e implementada por ONF Andina, benefició a 250 familias en 12 municipios de Huila y Valle del Cauca, donde se promovieron acciones de conservación, restauración ecológica y producción sostenible en áreas de influencia de los complejos de páramo Nevado del Huila-Moras, Puracé, Sotará y Las Hermosas.

Conservar, restaurar y reconvertir

En el Macizo colombiano no solo nacen los ríos Magdalena, Cauca, Putumayo, Caquetá y Patía. Allí también se originan las cordilleras Central y Oriental y confluyen los ecosistemas andino, amazónico y pacífico. De esta gran riqueza biológica, uno de los ecosistemas más estratégicos son los páramos, de los cuales hay siete en esta ecorregión.

“Estos ecosistemas son de vital importancia para garantizar el equilibrio biológico y la oferta de bienes y servicios ambientales para el desarrollo productivo y la calidad de vida, tanto de sus habitantes como de las regiones (...) interconectadas con el Macizo”, señala el CONPES 3915.

El problema, continúa Puentes, es que las prácticas de producción no sostenibles identificadas en el diagnóstico de 2018 estaban generando conflictos en el uso del suelo y poniendo en riesgo esta estrella fluvial de gran importancia para el país.

Hace cuatro años, ONF Andina, en compañía de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), llegaron a las áreas de influencia de los cuatro complejos de páramo mencionados para socializar el diagnóstico que tenían del territorio. Luego de la socialización, se abrió una convocatoria dirigida a las familias interesadas en mejorar sus prácticas ambientales.

(Le puede interesar: Cámaras trampa captan a un puma y un yaguarundí en el Parque Nacional Natural Tinigua)

El primer acompañamiento para los beneficiarios, señala Puentes, fue hacer una planificación predial de su finca. “Es cartografía social, básicamente. Con los insumos que ya hay de diagnóstico, se superponen con el área del predio y se revisa con ellos. Es decirles: ‘Mire lo que está pasando en su predio, ¿con qué otras fincas tiene conectividad? ¿Tiene conectividad con el páramo, el bosque o las fuentes de agua?’”.

A partir de la superposición de esas capas macro y micro, el equipo técnico y los propietarios de las fincas empezaron a decidir conjuntamente sobre tres temas: ¿cuáles áreas de las que estaban intervenidas por ganadería u otras actividades agropecuarias debían liberarse para sumarse a ejercicios de conectividad, es decir, de restauración? ¿Cuáles áreas debían seguir siendo bosque? Y, ¿cuál es el área donde se puede desarrollar la actividad productiva?

En resumen, apunta Puentes, es “en lo predial, en lo más pequeño, una visión que tiene las tres dimensiones: restauremos, conservemos y reconvirtamos hacia una producción sostenible”.

Julián Velásquez es un “ganadero de toda la vida”, como él mismo se define, y vive en el corregimiento La Diana, en Pradera (Valle del Cauca), área de influencia del complejo de páramo Las Hermosas. Antes, las vacas que tiene para la producción de leche, queso e incluso carne, pastaban sin mayor control. Con la implementación del proyecto Páramos Macizo, del cual fue beneficiario, adelantó procesos de organización y división de potreros, garantizando que el ganado rote por predios debidamente delimitados, disminuyendo los impactos que tienen estos animales en el páramo.

La delimitación de estos potreros, explica Velásquez, se hizo con los postes convencionales, pero también con el tilo (Tilo Sambucus), un arbusto que funciona como cerca viva, pero también como complemento alimentario del ganado. Además de reducir los impactos negativos de sus vacas, el ganadero reconoce que también ha percibido mejoras económicas, pues “la vaca en un potrero pequeño camina menos, entonces se acaba menos y engorda mejor. Si hay mejor comida, va a haber mejor carne y leche, mejor producción”.

Casi 200 kilómetros al sur de la finca de Velásquez, Blanca Elcira Córdoba cultiva frijol y maíz en su terreno, ubicado en la vereda La Castellana, en San Agustín (Huila), en inmediaciones del Parque Nacional Natural Puracé. Con la implementación del proyecto, Córdoba y su familia empezaron a sembrar ambos cultivos juntos, lo que, en términos más técnicos, se conoce como sistema de producción asociado. “Nosotros ahora nos ahorramos más trabajo y aprovechamos más el terreno porque sacamos dos cultivos a la vez. El terreno lo estamos aprovechando al máximo y eso es un beneficio para nosotros en cuanto a temas económicos”, apunta Córdoba.

Además de usar un menor espacio para los cultivos y disminuir el consumo de madera que necesitan para su sistema de siembra, Córdoba descubrió que este sistema de producción asociado también le permitió reducir el consumo de productos químicos. El maíz, dice la mujer, le ayuda al fríjol a sostener la plaga del trips (insectos de entre 1 y 2 milímetros), por lo que han dejado de utilizar el químico que utilizaban para controlarla. Esto, a su vez, disminuye la cantidad de productos químicos que escurrían hacia los cuerpos de agua.

Los casos de Velásquez y Córdoba sirven para ilustrar el objetivo de ONF en términos de reconversión productiva. La idea, explica Puentes, “es hacer un uso más intensivo del suelo y poder desarrollar la actividad productiva sin presionar más los ecosistemas”. En el caso de la ganadería, se hace implementando sistemas silvopastoriles, en donde se combinan los árboles con pastos, al tiempo que hay alternativas de producción sostenible como la rotación de potreros, los bancos de forraje (cultivos intensivos donde se producen grandes volúmenes de hojas para alimentación animal) y cercas eléctricas.

A la par de los objetivos ambientales, Puentes destaca que la idea fue “lograr que en menos áreas ellos puedan ser más productivos frente a su actividad tradicional”, como reconocen Velásquez y Córdoba. Esta, coinciden los productores y el director técnico de ONF Andina, es una de las claves para que estas intervenciones sean exitosas.

(Le puede interesar: Pensaron que hubo una pausa en el deshielo del Ártico. Los nuevos datos los tienen nerviosos)

En total, el proyecto Páramos Macizo implementó acciones de reconversión productiva sostenible en 194 hectáreas, en los departamentos de Huila y Valle del Cauca. Si se suman las intervenciones del programa Páramos para la Vida, implementado por el Instituto Humboldt con financiación del PNUD, en la ecorregión del Macizo colombiano se impactaron 644 hectáreas.

Por la importancia estratégica que tienen los ecosistemas de páramo, prepáramo y bosque altoandino, las intervenciones del proyecto también apuntaron a la conservación y restauración ecológica. Velásquez, en el Valle del Cauca, recuerda que los técnicos de ONF Andina le comentaron que había zonas de su finca o aledañas donde no era necesario sembrar árboles. “Ellos dijeron que no había necesidad de sembrar árboles porque se restauraba solo, la misma naturaleza lo iba restaurando”, menciona Velásquez sobre esta estrategia que se conoce como restauración pasiva.

Sin embargo, también fue necesario que en otros terrenos la comunidad sembrara especies como el nigüito (Miconia theizans), el candelo (Hieronyma antioquensis y Hieronyma macrocarpa) o el cerezo criollo (Prunus serotina). Aunque Velásquez reconoce que estas siembras, que hacen parte de la restauración activa, fueron relativamente hace poco, señala que la montaña ya se empieza a ver más “túpida”, lo que beneficiará a especies de aves como la mirla, la torcaza y la pava, y también a mamíferos como el cusumbo.

En el componente de conservación y restauración ecológica, el proyecto Páramos Macizo desarrolló acciones sobre 868 hectáreas en el Valle del Cauca y 485 en Huila. A estas, se suman 462 hectáreas en Cauca, del proyecto del Instituto Humboldt y el PNUD, para un total de 1.815 hectáreas.

La intervención, explica Puentes, priorizó áreas que tuvieran colindancia con fuentes de abastecimiento hídrico para las comunidades paramunas, como acueductos rurales, pero también para acueductos urbanos, como en el caso de San Agustín, Huila. “Adicionalmente, en términos de conectividad ecológica, hemos logrado que se generen corredores de conectividad asociados a áreas protegidas y a los ecosistemas de páramo en Huila y Valle del Cauca”, agrega el director técnico de ONF Andina.

Democratizar el acceso a la información

Pocos meses después de la expedición del CONPES 3915, Puentes recuerda otro hito normativo en el país: la promulgación de la Ley 1930 de 2018, que estableció las disposiciones para la gestión integral de los páramos en Colombia. Uno de los retos que aún persisten, señala Puentes, justamente es la gestión integral de estos ecosistemas.

“Parte del problema es que los páramos están compartidos por jurisdicciones. Un páramo, por ejemplo el de Las Hermosas, está sobre dos departamentos, Valle del Cauca y Tolima”, agrega Puentes. Esto ha llevado, dice el director técnico de ONF Andina, a que cada una de las autoridades ambientales regionales (las Corporaciones Autónomas Regionales) tenga su propio sistema de información y “hace trazabilidad y gestión sobre su pedazo de páramo, no sobre la integralidad”.

Conscientes de esta problemática, el proyecto Páramos Macizo desarrolló Forland Macizo, “una plataforma digital colaborativa que integra información territorial y ambiental para apoyar la planificación, el intercambio de conocimiento y la toma de decisiones”.

Forland, explica Puentes, es una plataforma desarrollada por el grupo ONF Internacional. En términos prácticos, “es una plataforma de gestión, cuyo principio es democratizar el acceso a la información”. Ni los beneficiarios, ni los municipios, ni las corporaciones autónomas que hacen parte del Macizo colombiano tienen que pagar para acceder a esta plataforma.

Todos los actores que accedan a Forland Macizo podrán encontrar diferentes capas de información, desde la cobertura de bosques (con información del IDEAM) hasta los Planes de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA), información minera y, obviamente, los resultados de la intervención de estos últimos cuatro años.

“Forland permite que dos o tres corporaciones tengan una visión compartida, con su propia información alojada en la plataforma, pero ahora compartida, para que puedan ver, planificar y hacer prospección sobre el ecosistema”, señala Puentes.

(Puede leer: En vídeo: graban por primera vez a orcas haciendo explotar a una presa “por diversión”)

Camilo Agudelo, director de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) y presidente del Sistema Regional de Áreas Protegidas SIRAP Macizo Colombiano (SIRAP Macizo), una instancia donde confluyen seis Corporaciones Autónomas Regionales, Parques Nacionales Naturales y que cubre 89 municipios, resalta tres ventajas de Forland Macizo.

“Lo primero es que nos permite tener un solo escenario donde confluye toda la información, las distintas capas temáticas y también los distintos resultados de los trabajos que vamos haciendo. La segunda utilidad de Forland es que también nos permite hacer evaluaciones de escenarios de uso del territorio, del uso del suelo y de tecnologías y procesos de restauración y de cómo entre esos distintos criterios podemos estar intercambiando información para poder tomar las mejores decisiones en los escenarios óptimos a la hora de proteger y conservar nuestros páramos. Finalmente, nos permite hacer seguimiento a las distintas acciones, poder estimar indicadores de impacto, poder tener también consolidada toda la información de los indicadores de gestión de cada una de las entidades que vamos allá”.

Aunque la implementación del proyecto ya terminó, desde ONF Andina resaltan las capacidades instaladas, las herramientas para la gestión territorial y las experiencias que continuarán aportando a la gobernanza de estos ecosistemas estratégicos. Para Puentes, el trabajo de los beneficiarios será clave hacia el futuro, pues los resultados obtenidos son un buen ejemplo para el resto de la comunidad. Velásquez, desde Pradera (Valle del Cauca), señala que ya han sido varios los vecinos los que le han preguntado por el trabajo que adelantó durante estos cuatro años.

* El Proyecto Páramos Macizo fue financiado por el Gobierno de Francia y el Fondo Francés para el Medio Ambiente Mundial (FFEM), a través de la Agencia Francesa para el Desarrollo (AFD), e implementado por ONF Andina, la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC).

** El texto fue desarrollado en alianza entre ONF Andina y la Fundación El Espectador.

🌳 📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre el ambiente? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🐝🦜

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.