
Ya está claro que le causó la muerte a Yenifer García Valencia, la mujer de 33 años que contrató un tatuaje a domicilio. Tras los análisis forenses, el Instituto de Medicina Legal certificó que su fallecimiento fue producto de una mortal mezcla de fentanilo, midazolam y ketamina, los cuales le aplicó un enfermero, para sedarla mientras le terminaban el trabajo, en su vivienda de Terrazas de San Jorge, en la localidad de Rafael Uribe Uribe.
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El informe, con fecha del 16 de septiembre y conocido por El Espectador, explica que estas sustancias, administradas juntas, pueden afectar la respiración y el funcionamiento del corazón. Los análisis las detectaron en su organismo y la revisión del cuerpo encontró señales de falta de oxígeno, sin lesiones que explicaran el desenlace.
Además, el informe señala que la administración no estuvo a cargo de personal de salud idóneo ni contó con valoración previa, control de dosis, vigilancia de los signos vitales y medidas para responder ante una emergencia. Los forenses establecieron la causa del fallecimiento y clasificaron la muerte como “violenta en contexto de homicidio”. Esta conclusión será parte de los elementos que deberá valorar la Fiscalía para determinar las responsabilidades penales.
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Yenifer había pagado COP 600.000 para recibir la sedación, luego de que una amiga la contactara con quien ofrecía ese servicio. Quería terminar un tatuaje en la espalda y parte de los glúteos, pero el dolor la llevó a buscar ayuda para soportar la sesión. Según su familia, el hombre llegó con una camilla, oxígeno y otros elementos. Esperaban una anestesia local, pero la administración fue por vía intravenosa.
Una de sus hijas relató que inicialmente Yenifer hablaba, movía un pie y avisaba cuando sentía dolor. Después comenzó a hablar diferente, quedó profundamente dormida y dejó de moverse. La joven llamó al 123 y recibió instrucciones por videollamada para intentar reanimarla mientras llegaba una ambulancia. Los paramédicos continuaron la atención, pero no lograron salvarla.
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La Secretaría de Salud verificó que la persona señalada de suministrar los medicamentos figura desde julio de 2016 como técnico laboral auxiliar de enfermería, no como médico ni anestesiólogo. El hombre permanece en libertad mientras avanza la investigación. Yenifer trabajaba en costura y dejó tres hijos, de 19, 14 y 10 años. Quería terminar el tatuaje antes de viajar con su familia a San Andrés para celebrar los 15 años de una de sus hijas. Ahora, sus familiares esperan que el dictamen impulse el proceso y su muerte no quede impune.
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antonio(7747)•Hace 13 minutosHacerse un tatuaje en la espalda que nunca podrá verlo o disfrutarlo, en esos sitios que no ofrecen servicios profesionales.
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Rod(0igrf)•Hace 30 minutosEso pasa por querer hacerse cosas en sitios no certificados. Independiente si es una cirugía o un tatuaje, no se puede acceder a estos procedimientos al módico precio de la muerte.