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Las imágenes son totalmente contrastantes, pero el reflejo más crudo del innegable cambio climático. En marzo de este año, Facatativá era el municipio de Cundinamarca más afectado por la ola invernal. Ahora, lo es con la extrema sequía. Como lo contamos en El Espectador, hace seis meses, las intensas lluvias generaron el desbordamiento del río Botello que, sumado al colapso del sistema de drenaje, terminó por afectar a 3.230 personas de 15 barrios y cinco veredas, que terminaron con el agua por encima de sus rodillas.
Pérdidas de enseres, mercancías en negocios, vehículos averiados, daños en infraestructura y mucha, pero mucha incertidumbre, fue el panorama desolador. A las inundaciones y al balde que había a la mano para sacar la mayor agua posible, hoy es usado para todo lo contrario: para recoger esa misma agua que falta.
El dantesco y ahora cada vez más extremo fenómeno de El Niño mantiene en alerta al país. Disminución de lluvias y sequías, incendios forestales, impacto en la seguridad alimentaria, riesgo de apagón y disminución de los caudales de ríos y quebradas, embalses y reservorios son algunas de las implicaciones registradas, desde su declaratoria en junio de este año.
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Pero el escenario podría ponerse peor. El 3 de septiembre, la máxima autoridad global en ciencia climática, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advirtió que El Niño irá hasta febrero de 2027, previamente intensificándose “hasta convertirse en un episodio muy fuerte” entre septiembre y noviembre.
Una posibilidad del 100 %, según la OMM, y que preocupa no solo por su impacto, sino ¿qué tan preparados estamos para contenerlo? La pregunta también se traslada a Facatativá, protagonista de esta historia.
Agua para solo 18 días
Facatativá tiene cinco embalses: El Gatillo (divididos y nombrados como 1, 2, 3 y cero) y el embalse Mancilla, donde hoy se puede caminar. El límite donde el agua debería llegar al cuello no es más ahora que suelo árido. Su capacidad es de 227.700 m³, pero a la fecha, solo quedan 50 mil m³. La caída, en general de las lagunas artificiales, es dramática. Según datos oficiales, para el 13 de agosto, el llenado total estaba en un 51 % (386.800 m³). Casi un mes después, con corte al 8 de septiembre, disminuyó al 24,7 % (170 mil m³ de los 686 mil m³ disponibles).
De ahí que la situación sea crítica para sus cerca de 160 mil habitantes. En entrevista con El Espectador, el gerente de la Empresa de Aguas de Facatativá, Gustavo Vargas, advirtió que, de seguir esta tendencia, tendrían agua superficial para los próximos 13 a 18 días. “Claro, los pozos profundos nos permiten de alguna manera poder abastecer alguna parte del municipio, pero indudablemente, si no llegáramos a tener lluvias, la situación de racionamiento de agua se podría volver más dura, es decir, más horas”, agregó.
Desde el 19 de agosto, el municipio de la Sabana de Bogotá declaró alerta naranja, a través del Decreto 222, con el fin de mitigar y realizar acciones preventivas y correctivas, que puedan llegar a afectar aún más el municipio por cuenta de este fenómeno. Dentro de las prohibiciones está utilizar agua potable para el lavado de vehículos, fachadas, zonas verdes y demás, so pena de sanciones monetarias que también aplican en otros comportamientos contrarios a la convivencia.
En el decreto, también se exhorta a la comunidad a disminuir el consumo y a la Empresa de Aguas de Facatativá a implementar la sectorización del servicio de agua, o más conocido como racionamiento. Esta medida restrictiva empezó desde el 18 de agosto y funciona bajo horarios de lunes a viernes; en otros casos, solo cinco, tres o dos días a la semana y, en su mayoría, entre las 7:00 a. m. y las 5:00 p. m.
Uno de los sectores que están cobijados con esta medida es el barrio 7 de agosto. Martha Lucía Velandia es presidenta de la Junta de Acción Comunal. Allí, dice, habitan cerca de 700 familias de estrato 3. Aunque les aplica la medida, cuenta que les llega agua todos los días, pero con baja presión. “No nos ha afectado el racionamiento porque no tenemos una válvula cercana y eso hace que siga pasando el servicio”.
Martha señala que ha hecho el llamado a su comunidad de ahorrar y almacenar lo más posible. “Yo por lo menos reservo en una caneca de plástico o en ollas para preparar los alimentos (…) Si hubieran construido esos nuevos pozos en otras administraciones, no estaríamos sufriendo tanto”, recalcó.
De acuerdo con el alcalde, Luis Carlos Casas, los datos muestran que esta medida ha permitido contener la caída en picada que se registraba desde el mes de junio, pero “no ha sido suficiente”, reconoció. Pues dentro de las proyecciones se estimaba un ahorro en la semana 3 y 4 de 50 mil m³, pero solo se logró 15 mil m³. “La idea es ahorrar 30 mil m³ por semana”, indicó.
A esto se suma que, como parte de su sistema de acueducto, los pozos profundos también han sido un colchón para mitigar esta crisis. Por ejemplo, el pozo Deudoro Aponte, que más produce agua subterránea, se mantiene casi intacto, pues conserva el 100 % de su disponibilidad (50 litros/segundo). Sin embargo, aunque en total existen siete pozos, a la fecha solo funcionan cinco.
Sobre esto, el alcalde Casas informó que ya entrarán en operación los tres restantes. “Este miércoles vamos a recuperar el pozo San Rafael III y San Rafael I, que estaba abandonado, y nos va a dar entre 10 y 15 lt/seg más”. “El pozo Guapucha II lo vamos a habilitar (…) En menos de 20 días, recuperamos 3 pozos”, complementó el gerente, Gustavo Vargas.
A cerca de más o menos 10 minutos en vehículo, en la parte alta de Facatativá, está el sector Manablanca. Carlos Eduardo Suárez es uno de sus líderes comunales hace 35 años. Dividido en 13 sectores, viven allí aproximadamente 4 mil personas, “por la cantidad de inquilinatos”, explica don Carlos. De mayoría estrato 1, es de vocación de personas trabajadoras que salen antes de que el sol se asome y regresan con la luz de luna de los cultivos de flores u otras empresas ubicadas en Madrid, Mosquera y Funza.
La particularidad allí es que, según él, siempre han vivido en racionamiento. “Aquí la presión es baja. En mi casa nos acostumbramos a reciclar; incluso mandé a hacer una alberca grande. El problema es que los tanques, que construyó la misma comunidad, ya no son suficientes porque ha crecido la población. Y el agua que bombea el Acueducto la distribuyen a otros sectores”, se quejó.
Don Carlos reconoce también que en su sector también hay un problema de conexiones ilegales. Un delito que no solo ocurre en Manablanca, sino en distintas veredas del municipio. De ahí que esta también sea otra de las razones del porqué Facatativá está en crisis de abastecimiento.
“Detrás de esas conexiones hay también obras ilegales que infringieron el POT. Una de las veredas más críticas es Pueblo Viejo y La Aurora. La Empresa de Acueducto tiene conocimiento de eso”, recalcó Yohan Ríos, vicepresidente del concejo municipal.
“En nuestra planta de tratamiento Gatillo, tratamos cerca de 200 lt/seg para toda la población, pero estimamos que el 30 % (60lt/seg) es agua que no se factura porque hay conexiones irregulares o fugas en la red que la ley lo permite y está sobre los 10 lt/seg. Pero nosotros venimos saneando y haciendo visitas en campo. Tenemos 34 mil suscriptores; es todo un reto. Aun así, por ejemplo, en esta administración hemos cambiado cerca de 2 mil medidores que estaban dañados”, respondió por su parte el gerente de la Empresa de Aguas de Facatativá, Gustavo Vargas.
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Uno de los casos que hallaron durante los operativos fue en la vereda La Tribuna. Allí, la Alcaldía encontró desvíos con manguera de una de las quebradas que alimentan a los embalses, para riego de cultivos. Casas dijo en su momento, que la única solución era comprar las hectáreas aledañas “y si no quieren vender, declararlas de interés público”, advirtió.
De acuerdo con el concejal Yohan Ríos, para la primera semana de octubre tienen proyectado un debate de control político sobre cómo llegó a Facatativá a este punto y qué se está haciendo para evitar nuevas afugias. “Somos un municipio rico hídricamente, pero pobre en capacidad de almacenamiento”, sentenció.
Las obras
Como en toda crisis, vienen las preguntas desde la comunidad y el control político sobre si se pudo haber prevenido. Facatativá ha venido creciendo a ritmos acelerados en su población, pero no las obras de la red de acueducto que logren abastecerla del servicio de agua.
La respuesta estaría en las actuales obras que se adelantan: la ampliación de un embalse y la perforación de cuatro pozos profundos urbanos (San Rafael II, Tierra Morada, Guapucha y Cartagenita) que, de acuerdo con el gerente, Casas, deberían entrar en operación a finales de este año y en enero de 2027, respectivamente.
A detalle, San Rafael II, costó COP 4 mil millones y tendría una capacidad de proveer agua de 60 lt/seg a 125 mil habitantes. Tierra Morada tendrá 15lt/seg para 2.224 habitantes (inversión de COP 2 mil millones); Guapucha, 60 lts/ seg para 125 mil habitantes de la parte norte del municipio (COP 3.500 millones) y Cartagenita, tendrá 60 lt/seg para 15 mil habitantes (COP 4.623 millones).
En formulación, detalló el alcalde, está el pozo Tierra Grata que se espera provea 15 litros por segundo para 2 mil habitantes. “Esperamos las próximas semana firmar este convenio por alrededor de COP 3.500 millones y contratar para iniciar obra”.
Por último, está la obra de ampliación del embalse San Marta, que según Casas también se entregaría en diciembre y quedaría con una capacidad total cercana a los 360.000 m³.

Por ahora, como en toda sequía, las esperanzas también están puestas en las precipitaciones. De no llegar a presentarse con la suficiente intensidad y constancia, el municipio no solo contempla más horas de racionamiento, sino declarar alerta roja y firmar un convenio con la Empresa de Acueducto de Bogotá, con quien se reunieron el pasado viernes 4 de septiembre, para comprar agua en carrotanques a un costo cercano de COP 4 mil por m³.
El contraste entre las inundaciones de marzo y la severa sequía actual demuestra la vulnerabilidad del municipio ante el cambio climático. Si se cumple el cronograma a corto y mediano plazo, la ampliación del embalse y la perforación de pozos profundos son la principal estrategia de infraestructura para estabilizar el suministro. Pero esto no bastará tampoco, si no se logra erradicar el 30 % de agua no facturada.
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