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Para esta edición tan especial de Rock al Parque el Concejo le autorizó a IDARTES la suma de COP 3.000 millones para programación, es decir, para pagar las bandas, solistas y los músicos que acompañan a cada agrupación en general -sin contar lo que se desembolsó para los productos de memoria y publicidad-. Esto equivale a casi US 927.000 a la tasa de cambio actual, lo que representa una cifra nunca antes vista. Y no era para menos: 30 años no se cumplen todos los días, pero me referiré solo a esa millonada asignada para programación.
Al revisar presupuestos se tiene que en 2014 se asignaron COP 1.800 millones (casi US 900.000), con lo que lograron pagar a 86 agrupaciones. Para la celebración de los 25 años del festival en 2019 se asignaron COP 2.200 millones (casi US 647.000) y se contrataron más de 30 artistas internacionales, entre ellos Juanes, Fito Páez y el Cuarteto de Nos, a quienes les pagaron US 67.000 a cada uno. Digamos entonces, que se hizo rendir la plata, porque se sabía programar y/o gestionar los recursos, pero para este año la cosa no fue así.
Para la muestra un botón costosísimo: Mon Laferte, a quien le pagarán US 126.000 versus los US 10.870 que cobró en 2017 (lo mismo que a Anthrax en 2014). Obvio, en ese año la chilena no era tan conocida como ahora, pero esa plata que le dieron este año muestra que Héctor Mora no sabe programar, ni negociar, ni tiene los contactos clave para gestionar recursos.
Mora lleva toda la vida en una cabina de radio programando, pero música. Parece que no ha aprendido a viajar, para negociar con los artistas al país más cercano donde estén de gira; a influir, ni a convencer, con calculadora en mano, para hacer rendir el presupuesto. A principios de este mes, Héctor le dio una entrevista a Arcadia, en la que comenta sobre su gestión como programador y curador y dice: “Es un trabajo un poquito menos roquero de lo que la gente piensa: no es tanto estar en conciertos, sino trabajo de computador y de mucho Excel”. Y acá creo que esto termina de ilustrar mi punto.
El gerente de música de IDARTES, Germán Andrade, conoce el mercado y todo indica que Héctor Mora lo consulta y se apoya en él para la consecución de artistas, antes de decidir. Aquí hay un punto que merece revisarse: ¿Qué hay detrás de esas negociaciones como para no ser más diligentes a la hora de hacer rendir los recursos? ¿Habrá alguna comisión por fuera? De ser así, el incentivo sería problemático, porque si la comisión crece con el valor del contrato, el que negocia no tendría mayor interés en conseguir un mejor precio para la ciudad.
Y esto no debería pasar. Antes de entrar a negociar, basta con mirar el histórico de contratación del artista, si ha venido mucho a la capital y empezar a negociar. Del lado de Rock al Parque hay una ventaja: el prestigio del festival, al punto de que muchas bandas desean poner un check en su trayectoria, con una presentación en el Simón Bolívar. Y esa es la moneda para lograr acuerdos, pero si Andrade pesa más en la decisión a la hora de pagar por un show y Mora acepta sin rechistar, ahí hay un problema.
Un ejemplo fue la edición de 2024, año en el que asignaron COP 2.600 millones para programación (casi US 623.000). Para el cierre del festival contrataron a la banda Mago de Oz, agrupación se ha presentado en el país 12 veces desde 2005 y no se miró ese historial. A ellos les pagaron US 110.000 (casi el 18 % del presupuesto). Perdón la expresión, pero se dejaron meter los dedos a la boca. Nunca les habían pagado tanto antes por presentarse en Colombia.
En septiembre pasado, a menos de un mes del inicio del festival, decidieron instalar un cuarto escenario, pagado por la empresa privada con glorias del pasado como el “Kraken” de hoy día, Los Elefantes y Pornomotora, entre otros. Hace dos meses su líder Christian de la Espriella decía en un podcast que tenía a la banda en el cuarto de San Alejo, la debió desempolvar y reunir de nuevo en tiempo récord para organizar el set. Los perdedores en la convocatoria de larga trayectoria aparecen ahora en ese nuevo escenario. La pregunta entonces es ¿para qué hicieron esa convocatoria si igual pusieron en cartel a los que no lograron el suficiente puntaje? Esta perfecto ver a esas bandas de nuevo, pero esos tiempos tan apresurados muestran afán e improvisación, un escenario toma mucho más tiempo en organizarlo.
Y acá surge otra pregunta entonces, ¿si tenían a Chucky García -curador y programador del festival entre 2014 y 2022- trabajando en la parte de memoria, porque no fue consultado en nada relacionado a la gestión, relación con las agencias de booking y en general al manejo del presupuesto asignado? Porque aquí no estamos hablando de una plata cualquiera. Son COP 3.000 millones destinados únicamente a programación, recursos públicos que salen de los impuestos de los bogotanos. Cada dólar mal negociado, cada contrato que no se optimiza y cada oportunidad que se deja pasar tiene un costo para la ciudad.
Al final, el asunto no es solamente quién estuvo sobre el escenario. Es quién estuvo detrás de los contratos, quién negoció, quién gestionó y quién terminó haciendo el trabajo que se suponía debía hacer el programador. Porque con COP 3.000 millones de los bogotanos, mirar el Excel no puede ser la parte más difícil del trabajo.
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@HerbólogaRaquel(46037)•Hace 1 horaLa era de la improvisación y de funcionarios que, tal vez, no eran los mejores, teniendo una galaxiade gente muy conocedora. Asíi están presidencias, ministerios, direcciones, senado…. rectores… pobre país.