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De disparo en la primera cita a feminicidio en el trabajo: la cruda realidad de las mujeres

Una mujer asesinada en su lugar de trabajo y una joven que, en su primera cita, recibió un disparo en el rostro son realidades que ensombrecen la labor contra la violencia de género. En Bogotá repuntan las valoraciones por riesgos de feminicidio.

Juan Camilo Parra

15 de julio de 2026 - 08:01 a. m.
Alejandra fue víctima de un intento de feminicidio en Suba. Como ella, más de 500 mujeres están en riesgo grave.
Foto: Jonathan Bejarano
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Alejandra Vergara, de 25 años, está viva por una suerte de milagro, pero su rostro nunca volverá a ser el mismo. Postrada en una cama relató cómo en la primera cita sobrevivió al ataque de un hombre, que llevaba tiempo invitándola a salir. Durante el encuentro, el sujeto habría sacado un arma de fuego y le dijo: “esto es lo que le va a pasar si yo la veo con otro hombre”, antes de dispararle en la cara.

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Los hechos ocurrieron el 5 de julio. Después del disparo Alejandra perdió el conocimiento por unos instantes. Cuando reaccionó, el hombre le pidió que dijera que ambos habían sido víctimas de un robo. “Ella, en ese momento, aceptó seguirle la versión”, añadió Sebastián, amigo de la joven.

El acuerdo fue antes de que la ingresaran al Hospital de Suba, de donde la remitieron al Hospital Simón Bolívar. Tras ser dada de alta, no volvió a ver al presunto agresor. Hoy desconoce si lo capturaron o, al menos, lo vincularon a un proceso penal por lo que califica como un intento de feminicidio. Sobre su estado de salud, ella explicó que estuvo tres días hospitalizada y luego la intervinieron quirúrgicamente. Actualmente continúa en recuperación.

Vergara, de 25 años y madre de dos hijos, aseguró que decidió hacer pública su historia, porque no encontró respuesta oportuna de las autoridades. “Conozco a Alejandra hace tiempo y sé la calidad de mujer que es. Por eso la ayudo con mi voz, porque las autoridades no hicieron nada y mucho menos el agresor. Las únicas personas que hemos estado pendientes somos quienes la conocemos”, afirmó.

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Las secuelas del ataque son graves. Alejandra sufrió una deformidad permanente en el rostro y perdió varios dientes a causa del disparo. Aunque se encuentra estable, deberá afrontar las consecuencias físicas y psicológicas de lo ocurrido, dijo el amigo, quien agregó que ella tiene previsto interponer la denuncia, pero su estado de salud ha dificultado el proceso. “No ha querido hablar con los medios, porque recientemente tuvo una cirugía en la boca y emocionalmente se siente mal. Está agotada por lo que ha pasado. Las autoridades el exigieron denuncia, sin considerar su condición”.

Alejandra Vergara, de 25 años, fue víctima de un intento de feminicidio en Suba.
Foto: Archivo Particular

Hasta el momento, el presunto agresor no se ha hecho responsable. “No se ha pronunciado, no ha respondido por lo que hizo y, según tenemos entendido, sigue trabajando normalmente en el sector de Turingia, en Suba. Eso es lo que más nos preocupa”, manifestó.

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¿Por qué cada vez más mujeres están en riesgo de feminicidio?

El caso de Alejandra ocurrió días antes del feminicidio de Rosa Mayerly Olaya Coronado, que se registró el 12 de julio, mientras trabajaba en Homecenter de Soacha. Según la Fiscalía, el presunto agresor la habría acosado varios meses, luego de que ella rechazó tener con él una relación sentimental.

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En dos ocasiones, incluso, tuvo que pedir acompañamiento de la Policía para ir desde su trabajo hasta su residencia. “El 10 de mayo y el 5 de junio pasados, el procesado llegó a la vivienda de la madre y a la del excompañero sentimental de la víctima para buscarla e intimidarla. La vio como objeto de su propiedad”, dijo la Fiscalía.

Estos patrones de violencia son los mismos que explican el repunte en las valoraciones por riesgo de feminicidio en Bogotá y Cundinamarca. La Secretaría de la Mujer informó que entre enero y mayo de 2026 se tipificaron seis feminicidios en Bogotá. Los casos ocurrieron en las localidades de Bosa (tres víctimas, de 17, 20 y 27 años), Ciudad Bolívar (una de 34 años) y Usaquén (de 22 años y 34). En abril no hubo casos.

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La entidad asegura que en ese periodo el Instituto de Medicina Legal realizó 1.254 valoraciones por riesgo de feminicidio, correspondientes a casos de violencia mortal ejercida por parejas o exparejas. De ese total, 546 fueron clasificadas como de riesgo extremo, es decir, el 43 %. Además, cuatro de cada 10 valoraciones se concentraron en las localidades de Bosa, Ciudad Bolívar, Kennedy y Suba.

Clara Name, concejala de Bogotá que vela por los derechos y libertades de las mujeres, señaló que muchas agresiones escalan, porque no existe una intervención oportuna. “Factores como el machismo, la impunidad, la dependencia económica, la normalización de los celos y las conductas de control, amenazas y el miedo a denunciar y las barreras para acceder a medidas de protección efectivas permiten que los casos avancen hasta convertirse en intentos o hechos consumados de feminicidio”. En la mayoría de los casos, explicó, existen señales de alerta que no se atendieron a tiempo.

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Agregó que las cifras de Bogotá respaldan el diagnóstico: el 97,8 % de los casos de violencia intrafamiliar contra mujeres ocurrieron sin el uso de armas, lo que demuestra que el principal riesgo para muchas víctimas sigue estando en sus hogares y con personas de su entorno cercano. Por ello, insistió en la necesidad de fortalecer la detección temprana del riesgo, agilizar las medidas de protección y garantizar acompañamiento jurídico, psicológico y social para las víctimas.

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Como parte de las estrategias de prevención, la administración distrital puso en marcha el Sistema Articulado de Alertas Tempranas (SAAT) – Alerta Naranja, creado mediante el Decreto 134 de 2026. La herramienta busca articular a las entidades de la Ruta Única de Atención para hacer seguimiento a las mujeres valoradas en riesgo por Medicina Legal, identificar barreras institucionales y activar respuestas inmediatas de protección cuando exista riesgo de feminicidio. Según la Secretaría, el objetivo es fortalecer la prevención, mejorar la coordinación entre entidades y garantizar un seguimiento más oportuno a los casos de mayor riesgo.

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Sobre la gestión de la administración de Carlos Fernando Galán, Name consideró que se han fortalecido las rutas y los mecanismos de atención. “Sin embargo, los resultados son insuficientes frente a la magnitud del problema. El principal reto es pasar de una respuesta reactiva a una estrategia enfocada en la prevención y la protección temprana”. Para ello planteó fortalecer las comisarías de familia, mejorar el seguimiento a las mujeres que presentan factores de riesgo y articular a las entidades encargadas de la atención. “Cada alerta atendida a tiempo puede salvar una vida”, afirmó.

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Mientras avanza la justicia para Rosa Mayerly, para los allegados de Alejandra, la prioridad es que pueda recuperar su proyecto de vida. Eso implica que el agresor pague por sus actos. “Esperamos justicia y que Alejandra pueda volver a tener una vida normal. Los daños psicológicos, morales y físicos que le ocasionó son enormes. Ella es una mamá que vino desde Venezuela para sacar adelante a sus hijas y no es justo que esté pasando por esta situación”, afirmó su amigo.

Miles de mujeres siguen viviendo con miedo. Mientras la justicia avance a pasos de tortuga y algunos hombres sigan desarrollando patrones de masculinidad violenta, las mujeres en la región siguen expuestas a graves peligros. De no saber qué le espera al otro lado de una primera cita, a la intranquilidad de ir al trabajo sin saber en qué momento aparece el agresor, en ese espectro, se juegan la vida las mujeres.

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Por Juan Camilo Parra

Periodista egresado de la Universidad Externado de colombia con experiencia en cubrimiento de orden público en Bogotá.jparra@elespectador.com
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