¿Cómo avanza la reincorporación de excombatientes en el Cauca?

hace 20 mins

Radiografía de la violencia contra la mujer

Cifras de Medicina Legal indican que cada dos días cinco mujeres son asesinadas. En el 2018 ya se cuentan 50 feminicidios. ¿Cuál es el panorama y en qué se debe trabajar? 

El 4 de diciembre se cumplirán dos años del secuestro, abuso y asesinato de la pequeña Yuliana Samboní, quien perdió la vida a manos de Rafael Uribe Noguera. Para pedir que casos como estos no se repitan, hoy el mundo se une en un solo clamor para decir basta y conmemorar una vez más el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En Colombia, pese a las medidas, las estrategias y a que los hechos son cada vez más visibles, el panorama sigue siendo desalentador.

Según cifras de Medicina Legal, a septiembre, 722 mujeres fueron asesinadas en el país. Ello indica que, en promedio, cada dos días se registran cinco homicidios. De estos casos, al menos 50 han sido tipificados como feminicidios, es decir, el crimen de una mujer, solo por su condición de ser mujer. No menos alarmante es que de cada 10 asesinatos, al menos uno fue perpetrado contra una niña o adolescente.

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Las estadísticas indican también que, aunque en el 47 % de los casos se desconoce al agresor, en el 27 % el asesino fue la pareja sentimental o un excompañero, y en el 13 %, algún conocido o familiar. En Bogotá, la situación tampoco es alentadora: entre enero y septiembre de este año se registraron 74 crímenes (el 10 % del total nacional) y –al revisar el histórico entre el 2013 y lo que va del año– encabeza el listado de ciudades con el mayor número de muertes (666), seguida de Cali (578) y Medellín (291).

Si bien los homicidios son la mayor expresión de violencia contra la mujer, hay otras formas de agresión y maltrato que siguen siendo preocupantes. Una de ellas son los delitos sexuales, un hecho aberrante por el que se han recibido, en lo corrido del año, 17.068 denuncias; de estas, el 87 % son contra niñas y adolescentes, lo que evidencia la indefensión en la que se encuentran aquellas que apenas están comenzando a vivir.

Al echar un vistazo al consolidado nacional de casos en los últimos cinco años se observa además que en el 43 % de los casos el presunto responsable fue un familiar; en el 23,6 %, un conocido, y en el 9,7 % la pareja o expareja. Bogotá tampoco sale bien librada de este flagelo, pues con 19.886 hechos, nuevamente puntea las estadísticas, seguida de Medellín (5.787) y Cali (4.923).

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La violencia intrafamiliar es otro de los frentes que prende las alarmas. En el 2018, los casos ascienden a 44.887, la gran mayoría (70 %) relacionados con hechos de violencia de pareja. Tal como deja al descubierto el histórico de Medicina Legal, generalmente los agresores son el compañero permanente o la expareja.

Las supuestas “razones” que desencadenaron los ataques son aún más insólitas: 59 % por intolerancia o machismo; 21 % por celos, desconfianza o infidelidad, y 13 % por alcoholismo o drogadicción. Con 73.840 casos, Bogotá lidera los casos, luego –una vez más– de Medellín (21.758) y Cali (16.662).

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¿Puede ser peor?

Como muestran las cifras, el panorama es angustiante. Sin embargo, podría ser peor. Según Olga Amparo Sánchez, directora de La Casa de la Mujer –una organización que desde hace casi cuatro décadas vela por la protección y promoción de los derechos humanos de la mujer– persiste un gran subregistro de denuncias que dificulta divisar el panorama completo del problema, con todo y que cada vez son más las que se atreven a denunciar y hacer públicos sus casos.

“Lo que está pasando en Colombia con las mujeres es crítico. Pese a que hay un aumento en las denuncias, no deja de ser alarmante la desidia e inoperancia del Estado para atender la situación en materia de prevención, sanción y garantías de no repetición. Si en una ciudad como Bogotá aún no se llega a garantizar estos derechos, imagínese lo que puede ocurrir en municipios tan alejados como Caparrapí (Cundinamarca)”, asegura Sánchez.

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La directora de La Casa de la Mujer alertó también que a nivel nacional han identificado a 3.470 mujeres en riesgo grave o crítico de ser víctimas de un feminicidio, y solo en la capital, el número se eleva a 450. Para Sánchez, es perturbador además que muchos de los casos ocurran en calles y vías públicas –casi 61.000 en los últimos cinco años–, lo que pone de presente “la naturalización de la violencia contra la mujer y con el hecho de que su cuerpo es algo que se puede poseer, violar y asesinar, sin que ello implique al menos sanciones sociales”.

¿Qué hacer?

En este contexto, el concejal de Bogotá Yefer Vega, quien ha promovido acuerdos e iniciativas para velar por los derechos de la mujer, advierte que, de cada 100 casos registrados de feminicidio, apenas 10 son reportados ante las autoridades. No obstante, denuncia que esos pocos se quedan en trámites y no se les da la atención que requieren, sumado a las dificultades para que haya seguimiento.

“En la ciudad hay una crisis frente a las muertes violentas de mujeres. En el 2017 impulsamos un proyecto que hoy es acuerdo y que fijó una política pública de prevención para evitar todo esto, así como una ruta de atención para las mujeres y su núcleo familiar, sumado a acciones en el sector educativo en materia de convivencia. No obstante, el Distrito ha venido haciéndole ‘conejo’ a esta iniciativa y no se han implementado las medidas, ni se ha fijado el presupuesto para solucionar las dificultades y que podamos salvar vidas”, manifestó el cabildante.

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Ángela Anzola, secretaría de la Mujer en Bogotá, no es ajena al panorama y admite que, en algunos frentes, las cifras han aumentado como, por ejemplo, los delitos sexuales y la violencia intrafamiliar. Sin embargo, destaca los esfuerzos que se han hecho para velar por la protección de las mujeres, entre estos, alianzas con la Secretaría de Seguridad, para que en consejos locales de seguridad ellas puedan manifestar hechos que atenten contra su seguridad.

“Hay muchos campos en los que se debe mejorar. Queremos que las mujeres podamos participar más y fortalecer estos espacios, brindándoles toda la capacidad técnica para acceder a unidades móviles en los lugares donde pasan los hechos (…). Estamos viendo un incremento en las denuncias de violencia intrafamiliar y esto es un indicador de que nos estamos dando cuenta que no podemos quedarnos calladas”, declaró la funcionaria.

Con todo, la directora de La Casa de la Mujer advierte que la raíz del problema pasa por temas culturales y educativos, por lo que insta no solo a que se fortalezca la enseñanza y formación de los más chicos, sino a que el Estado asuma un mayor compromiso –en recursos y responsabilidades– para evitar más hechos de violencia.

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No deja de alertar también que la sociedad debe sancionar con mayor vehemencia cualquier acto que atente contra la mujer y que los hombres “rompan ese pacto que los hace creer que por atacar a una mujer son más varones y es algo casi que natural”.

Será responsabilidad, tanto de las autoridades como de la misma sociedad, que la violencia contra la mujer trascienda de las estadísticas y se concreten las acciones –estatales y sociales– para que en el futuro más inmediato se reivindiquen sus derechos.

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Javier González Penagos - Twitter @Currinche

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