
La crisis de la grama de El Campín abrió una discusión que va mucho más allá de los conciertos y los partidos aplazados. Después de que la Dimayor cancelara el encuentro entre Millonarios y Once Caldas, el martes 13 de octubre, por las deficientes condiciones de la gramilla, surgió una pregunta fundamental: ¿qué falló en el procedimiento de renovación del césped? Aunque las imágenes de los rollos desprendiéndose del suelo evidenciaron los problemas de la cancha, la tecnología que intentó implementar Sencia, concesionaria del escenario, no es improvisada. De hecho, tiene antecedentes exitosos en algunos de los estadios más importantes del mundo.
El procedimiento se conoce internacionalmente como big rolls, una metodología que permite reemplazar grandes superficies de césped mediante rollos previamente cultivados en terrenos especializados. Su principal ventaja es reducir considerablemente los tiempos necesarios para recuperar una cancha. En lugar de sembrar directamente sobre el terreno y esperar varias semanas hasta que crezca la hierba, el césped llega desarrollado y con una estructura de raíces capaz de proporcionar estabilidad. La FIFA reconoce esta alternativa en sus directrices para superficies naturales, publicadas en 2023, y la considera especialmente útil cuando existe poco tiempo entre la renovación de la gramilla y el siguiente partido.
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La explicación técnica es importante para entender lo que ocurrió en Bogotá. Los grandes rollos pueden tener entre 30 y 50 milímetros de espesor, una característica que les permite conservar una base más sólida de raíces y sustrato. Al instalarse sobre una superficie correctamente preparada, esa estructura debe proporcionar suficiente resistencia para soportar los movimientos de los futbolistas, incluso antes de que las raíces terminen de integrarse completamente al suelo inferior. Sin embargo, su efectividad depende de aspectos como la calidad del cultivo, la composición de los materiales, el drenaje, la humedad y las condiciones de instalación.

¿El sistema de la grama de El Campín se usa en otros lugares del mundo?
La empresa británica Lindum Turf, especializada en superficies deportivas, ofrece un ejemplo concreto. En su catálogo técnico explica que determinados tipos de césped cultivados sobre mezclas preparadas de arena y suelo, y cosechados con espesores de hasta 40 milímetros, pueden alcanzar condiciones de utilización en apenas dos o tres días. La misma compañía establece tiempos de siete u ocho semanas para otros formatos tradicionales. Es decir, no todos los rollos funcionan de la misma manera. La posibilidad de jugar rápidamente depende de las características específicas del producto y de su compatibilidad con el terreno en el que se instala.
Uno de los antecedentes más importantes es el estadio de Wembley, en Inglaterra. En agosto de 2023, sus administradores anunciaron la instalación de una nueva superficie híbrida mediante más de 720 rollos de césped, cultivados en una granja especializada y transportados posteriormente al escenario. Cada rollo medía aproximadamente diez metros de largo por 1,2 de ancho, y toda la instalación tardó apenas 60 horas. Gracias a esta tecnología, Wembley consiguió reducir de hasta cinco semanas a solo cinco días el tiempo necesario para volver a recibir fútbol después de determinados conciertos.
No obstante, detrás de ese resultado existió un proceso de investigación que duró más de tres años. Karl Standley, responsable del mantenimiento de Wembley, explicó entonces que el éxito dependía de controlar cada detalle, desde las condiciones de cultivo hasta el transporte y la reacción del césped después de instalarse. El especialista comparó el procedimiento con un enorme experimento de química y señaló que fue necesario examinar cada una de sus etapas. La experiencia demuestra que la renovación acelerada de una cancha no consiste simplemente en extender rollos de hierba: requiere planificación, ensayos y verificaciones técnicas.
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Tampoco existe una única solución para los estadios que combinan fútbol y espectáculos. Tottenham, por ejemplo, utiliza un sistema de superficies retráctiles que permite proteger el césped natural durante otros eventos. El Santiago Bernabéu, en Madrid, dispone de una tecnología todavía más compleja, mediante la cual el terreno se divide en grandes bandejas que pueden trasladarse a un espacio subterráneo. Aunque este último escenario ha enfrentado problemas con el estado de su gramilla y ha necesitado reemplazarla en distintas oportunidades, su sistema también ha recibido reconocimientos internacionales de ingeniería. Son alternativas diferentes, con costos y necesidades de mantenimiento que no necesariamente resultan aplicables a Bogotá.
El fallo en el proceso de la grama de El Campín
En el caso de El Campín, la renovación fue desarrollada con la participación de Equiver S. A. S., empresa que trabaja en un laboratorio de innovación instalado en el parque La Florida. El Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD) confirmó que autorizó la intervención de tres canchas, correspondientes a una superficie de 20.180 metros cuadrados, para desarrollar pruebas de cultivo, recuperación y cosecha mecanizada de césped natural. La propuesta busca implementar procedimientos capaces de reducir los tiempos de renovación de las superficies deportivas de Bogotá, teniendo en cuenta las condiciones particulares de altura, temperatura y lluvias de la capital.
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Equiver reconoció que parte de la gramilla producida mediante ese proyecto fue utilizada para renovar El Campín. Según la compañía, el proceso comenzó con materiales vegetales y componentes del suelo recuperados del antiguo escenario conocido como El Campincito, que posteriormente fueron trasladados a La Florida para desarrollar los nuevos cultivos. Juan Carlos Salamanca, gerente de Equiver, explicó que el propósito era estudiar el comportamiento de esos materiales, mejorar las condiciones del suelo y desarrollar superficies deportivas de mayor calidad. La empresa aseguró que el procedimiento permitió instalar la nueva gramilla en menos de una semana, aunque ese resultado no demuestra por sí mismo que estuviera lista para recibir fútbol profesional.
Los trabajos adquirieron especial importancia después de los conciertos de BTS, realizados el 2 y 3 de octubre. Sencia adelantó entonces una intervención para recuperar el terreno antes del compromiso entre Millonarios y Once Caldas. El 8 de octubre, Edgar Cardona, gerente de operaciones de la concesionaria, aseguró en una entrevista con Caracol Radio que la gramilla estaría instalada y en condiciones para jugar el martes siguiente. Sin embargo, cuando llegó el momento de disputar el encuentro, la superficie no ofrecía las garantías necesarias. La compañía posteriormente reconoció la cancelación, ofreció disculpas a los aficionados y anunció nuevos trabajos de mantenimiento.
El problema fue identificado con claridad por las autoridades deportivas. Carlos Mario Zuluaga, presidente de la Dimayor, explicó que durante las inspecciones encontraron una superficie que no estaba correctamente fijada: “Lo que vimos es que hay es un tapete, la gramilla no está pegada con el suelo. Así es imposible hacer un partido de fútbol”. Por su parte, Harold Huertas, director técnico de la interventoría del contrato de El Campín, señaló que algunas zonas presentaban niveles elevados de humedad que dificultaban la adherencia del césped. Se trataba, por lo tanto, de un problema de estabilidad que podía comprometer la integridad física de los jugadores.
¿Qué falló entonces? Todavía no existe un diagnóstico técnico público suficientemente detallado para identificar una causa única. Sin embargo, las recomendaciones internacionales permiten establecer varios aspectos que deberían investigarse. El primero es la calidad del césped cultivado en La Florida y la profundidad de sus raíces. El segundo es la compatibilidad entre el sustrato utilizado durante el cultivo y la superficie sobre la cual se instalaron los rollos en El Campín. También resulta indispensable revisar las condiciones de drenaje, el exceso de humedad, los procedimientos de cosecha y transporte, y las labores de preparación y compactación del terreno. Cualquiera de estos factores, individualmente o en combinación, podría comprometer la estabilidad de la nueva gramilla.
El episodio también plantea interrogantes sobre los controles realizados antes de autorizar el encuentro. La interventoría había solicitado desde el 22 de septiembre información sobre el procedimiento de renovación y Sencia presentó un cronograma cuatro días después. Además, la Dimayor reconoció que sus representantes habían inspeccionado el escenario y advertido anomalías, aunque los responsables de la intervención sostenían que estaría listo. La controversia, entonces, no se limita a las condiciones del césped: también involucra la coordinación entre el concesionario, los especialistas, la interventoría y las autoridades encargadas de determinar si era posible disputar el partido sin poner en riesgo a los futbolistas.
El afán y la falta de planificación, determinantes en la crisis de la grama de El Campín
Otra discusión es cuánto tiempo necesita El Campín para recuperarse. Algunas propuestas apuntan a suspender durante 45 días cualquier actividad para permitir que las raíces se establezcan, pero no existe una regla universal que determine ese plazo. World Rugby, en sus recomendaciones técnicas sobre superficies naturales, señala que el césped tradicional instalado en rollos puede necesitar entre seis y ocho semanas antes de utilizarse. Sin embargo, aclara que los sistemas especializados de uso inmediato, con mayor espesor y sustratos compatibles, pueden permitir partidos después de pocos días. Para El Campín, el IDRD calcula inicialmente entre cinco y diez días adicionales de recuperación, aunque la verdadera condición para reabrirlo deberá ser el resultado de las pruebas técnicas y no simplemente el cumplimiento de un calendario.
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Mientras tanto, la administración del escenario enfrenta posibles consecuencias contractuales. Daniel García Cañón, director del IDRD, aseguró que “la prioridad del estadio El Campín es el fútbol, por encima de los espectáculos” y anunció una evaluación de los eventuales incumplimientos de Sencia, que podrían derivar en descuentos, multas o la aplicación de la cláusula penal. También solicitó revisar los conciertos programados para el 24 y 31 de octubre. La concesionaria es responsable de la operación y el mantenimiento del escenario, mientras el Distrito ejerce la supervisión del contrato. La experiencia internacional demuestra que sí es posible combinar conciertos y fútbol mediante tecnologías de renovación acelerada. Sin embargo, el caso de Bogotá deja una lección: adoptar una metodología exitosa no garantiza reproducir sus resultados. El verdadero interrogante es por qué un procedimiento que funciona en escenarios como Wembley no consiguió entregar una superficie segura en El Campín. Y esa respuesta todavía está pendiente.

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Javier(ti8zq)•Hace 19 horasQuieren hacer lo mismo que el Wembley a una décima del costo. Quieren hacer un estado ultramoderno con un constructor chino que solo ha hecho unos estadios medio pecuecos en áfrica. El bolsillo y la avaricia no los deja avanzar.