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La TRM que rige desde este próximo martes 15 de julio quedó en COP 3.248,87. Para encontrar un dólar más barato en Colombia hay que remontarse al 8 de enero de 2020, cuando la divisa tocó COP 3.264,26, y antes de eso al 29 de julio de 2019, cuando cotizaba en COP 3.233,26.
En ese vaivén, el peso colombiano está en su nivel más fuerte en casi seis años, y la pregunta que recorre el mercado no es cómo llegó aquí, sino cuánto puede durar, sobre todo por los impactos (a favor y en contra) de la tendencia de la divisa.
La caída ha sido constante. Una tras otra. El dólar cerró junio por encima de COP 3.400 y en menos de dos semanas perdió más de COP 150. La variación anual del tipo de cambio ya marca -25,73 %, una corrección que pocos analistas anticipaban con esta velocidad y este tamaño.
Si bien nadie puede atinarle con certeza absoluta de qué manera se moverá el precio del dólar, hay formas, si se quiere, ángulos para entender parte del comportamiento.
💸 Las fuerzas que levantaron al peso
Detrás del movimiento confluyen al menos cuatro factores que se reforzaron mutuamente en un período muy corto.
El primero y más inmediato fue la decisión del Banco de la República. En su reunión de finales de junio, la Junta subió la tasa de intervención en 75 puntos básicos hasta el 12 %, una decisión que sorprendió al mercado, que esperaba un ajuste más modesto de solo 50 puntos. Con esa tasa y con una inflación que en junio llegó al 6,14 % anual (todavía lejos de la meta del 3 %), el diferencial entre lo que rinde el peso y lo que rinde el dólar se amplió de golpe.
Para un inversionista que puede endeudarse en dólares a tasas bajas y colocar esos recursos en Colombia, ese diferencial es atractivo. Más demanda de pesos significa menos precio para el dólar.
El segundo detonante llegó desde afuera. El jueves anterior a la semana del puente, el mercado laboral de Estados Unidos reportó apenas 57.000 nóminas nuevas en junio, muy por debajo de las 115.000 que esperaban los analistas.
Un dato de empleo débil en Estados Unidos tiene una consecuencia directa para el dólar global: alimenta la expectativa de que la Reserva Federal podría recortar tasas antes de lo previsto, lo que debilita la divisa frente a casi todas las monedas del mundo. El peso colombiano no fue la excepción, pero sí se benefició de manera desproporcionada por los factores locales que ya estaban empujando en la misma dirección.
El tercer ingrediente es político: la elección de Abelardo de la Espriella como presidente trajo señales de un gobierno con orientación promercado y un ministro de Hacienda designado (Miguel Gómez Martínez) que respaldó públicamente la autonomía del Banco de la República en el mismo momento en que este subía las tasas.
Esa combinación (mensaje fiscal ordenado más tasa alta) genera lo que los mercados llaman confianza, y la confianza atrae capital.
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El cuarto factor camina a paso de tortuga, pero con peso propio. Colombia lleva meses ejecutando lo que algunos analistas llaman una estrategia de “pesificación” de su deuda: reemplazar pasivos en dólares por emisiones de TES en pesos. Entre 2025 y 2026, el país recompró deuda externa por USD 17.702 millones y emitió apenas USD 15.845 millones en nuevos bonos externos.
La diferencia es un cupo de dólares disponible que, si el Gobierno decide usarlo emitiendo deuda afuera y convirtiendo esos recursos a pesos para el gasto interno, suma oferta de dólares al mercado local y presiona el tipo de cambio a la baja. Ese mecanismo tiene el mismo efecto que las remesas: más dólares disponibles, precio más bajo.
La emisión de TES también juega. Según el Banco de Bogotá, Hacienda ya usó el 78 % del cupo autorizado para 2026: de COP 85,3 billones aprobados, quedan cerca de COP 19 billones para el segundo semestre. Las tasas altas en esos bonos atraen capital extranjero que llega en dólares, se convierte a pesos para comprar los títulos y en ese proceso presiona al alza la moneda local. El problema, como advierten los analistas de la entidad financiera, es que ese espacio se agota: si el ritmo de colocaciones se mantiene, el cupo podría cerrarse hacia mediados de agosto.
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💲 Dólar a la venta
En la sesión del viernes, el Relative Strength Index (el indicador técnico que mide si un activo está sobrecomprado o sobrevendido) se ubicó por octava jornada consecutiva en zona de sobreventa. Según el informe del mercado cambiario del Grupo Cibest, el peso llegó a tocar COP 3.231 durante la sesión antes de cerrar en COP 3.239,75. El volumen negociado fue alto: USD 1.402 millones en 1.975 operaciones.
Usualmente, cuando el indicador lleva tantas sesiones consecutivas en esa zona, los analistas leen una presión vendedora sostenida sobre el dólar. Aunque en algún punto la corrección llega.
Para el tercer trimestre de este año, el Grupo Cibest prevé que el dólar llegará a un rango de COP 3.400 a 3.580, con tendencia a la baja pero alta volatilidad.
🧭 Lo que viene
La semana que arranca tiene varios catalizadores que pueden mover la aguja en cualquier dirección, y el mercado los sigue de cerca con la misma atención con que siguió el dato de empleo estadounidense.
En el frente externo, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, tiene previsto pronunciarse junto con otros miembros de la institución. Sus palabras sobre el camino de las tasas serán determinantes. Si la Fed confirma que el ciclo de alzas terminó y que los recortes se acercan, el dólar global seguiría perdiendo terreno y el peso tendría espacio adicional. Si sale más cauto de lo esperado, parte de esta calma se revierte con rapidez. La reunión de la Fed está programada para el 28 y 29 de julio.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán y su impacto en el precio del petróleo también seguirá influyendo. El Brent ronda los USD 77 por barril, con el estrecho de Ormuz en un equilibrio frágil después de que la tregua del 17 de junio quedara en entredicho el 7 de julio, cuando Irán atacó nuevamente embarcaciones comerciales y Trump declaró terminada la tregua. Para Colombia, un petróleo bajo significa menos dólares por exportaciones, lo que en circunstancias normales presionaría el tipo de cambio al alza. Que el peso esté en estos niveles pese a esa presión revela que las fuerzas que lo están apreciando son, por ahora, más fuertes.
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A nivel local, el Banco de la República publicará los resultados de su encuesta mensual de analistas con corte a julio. Ese documento es uno de los termómetros más seguidos del mercado para evaluar si los analistas están ajustando sus proyecciones de tipo de cambio, y cualquier revisión significativa puede mover posiciones.
También está el empalme de Gobierno, que entra en su fase más crítica, pues ambas partes suspendieron sus tareas. El Gobierno señaló que retornaría “hasta que haya garantías de un proceso técnico, respetuoso y serio”, mientras que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, señaló que “no podemos estar sentados a la mesa con una banda de golpistas y corruptos”.
Si bien el empalme no afecta el cambio de gobierno, sí puso de relieve el sobresalto, que ya tenía señales fiscales en cuestionamiento por el ministro designado y el vicepresidente electo, quienes han insistido en que tienen claro el déficit de las cuentas públicas.
Pase lo que pase, el mercado podría reaccionar antes de que el nuevo gobierno se posesione el 7 de agosto.
🪙 Hasta dónde y hasta cuándo
Las proyecciones de los analistas para diciembre de 2026 cuentan una historia diferente a la de hoy.
La última Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo, con corte a junio, situaba el dólar en COP 3.650 para el cierre del año. La encuesta mensual de analistas del Banco de la República apuntaba a COP 3.663. Ambas estimaciones están más de COP 400 por encima de donde cotiza hoy la divisa.
En esa proyección hay un factor que empuja la apreciación: el cupo de TES se agota en agosto, cuyo diferencial de tasas depende de que la Fed no recorte antes de lo esperado.
Por ahora, el peso colombiano está en su nivel más fuerte en casi seis años. La velocidad de la caída del dólar fue tan rápida que el mercado todavía está procesando si esto es el nuevo piso o una pausa antes de un rebote. Lo que los analistas coinciden en señalar es que la volatilidad no ha desaparecido, solo tomó una dirección. Y que cuando cambie, puede hacerlo con la misma velocidad con la que llegó.
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