
Los incendios en varias zonas del país, la reducción en las frecuencias de las lluvias, el aumento de la temperatura y las discusiones sobre el posible aumento en el precio de la energía… para este punto es difícil no saber que el país se encuentra en medio de un fenómeno de El Niño que ha prendido múltiples alarmas.
Uno de los sectores que más preocupa está estrechamente relacionado con la percepción de la inflación que tienen los colombianos, pues se expresa en una de las acciones más básicas y cotidianas: comprar y consumir alimentos. Y es que el agro, históricamente, concentra cerca del 82 % de los daños y pérdidas ocasionados por eventos de sequía, de acuerdo con el Ministerio de Agricultura.
De allí que el efecto del fenómeno climático se sienta en toda la cadena, hasta llegar a su bolsillo por varias vías. La más lógica es la de tener que pagar más por la misma comida, pero otra igualmente importante es el aumento de las tasas de interés y todo lo que ello implica para el país.
Estas son las razones por las que El Niño de este año despierta tanta preocupación, el impacto que ha tenido en los productores de alimentos y qué tanto ha alcanzado a llegar a los mercados.
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¿Cómo afecta el fenómeno de El Niño al agro?
Colombia atraviesa actualmente la segunda temporada de lluvias del año y, al mismo tiempo, el océano y la atmósfera muestran que las condiciones de El Niño están presentes, de acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).
Las proyecciones del Ideam apuntan a que El Niño es “muy fuerte entre septiembre de 2026 y febrero de 2027”, lo que representa un riesgo importante.
Las lluvias no significan que en los próximos meses el clima vaya a comportarse de la misma manera ni que desaparezca el fenómeno, aunque sus efectos pueden cambiar entre las diferentes zonas del país. Eso también hace que haya unos sectores más perjudicados que otros, como el ganadero.
“Octubre, noviembre y diciembre suelen ser la segunda temporada de lluvias, en teoría. Y si tiene menos lluvias de lo normal, habrá una presión mayor porque se uniría al tiempo seco del primer trimestre del año”, explica Óscar Cubillos, jefe de Planeación y Estudios Económicos de Fedegán (Federación de Ganaderos de Colombia).
Cubillos añade que ya hay regiones, especialmente en el Caribe, en las que los productores no tienen agua y escasean los alimentos. Si los animales comen mal, producen menos leche y tendrán menos carne.
Las estimaciones de Fedegán apuntan a que, entre el 1 de junio y el 21 de septiembre, las afectaciones por cuenta del fenómeno de El Niño ascienden a COP 100.000 millones, con 19.030 animales muertos, 511.604 desplazados y 3.424.829 hectáreas afectadas por verano.
Las cifras del gremio fueron cuestionadas por el Gobierno, pues desde el Ministerio de Agricultura sostienen que “no existe sustento técnico ni estadístico para asegurar que se hayan presentado más de 4.000 muertes de bovinos o pérdidas superiores a los COP 47.000 millones”. Más allá de las cifras, es una certeza que el sector enfrenta una situación delicada por cuenta de El Niño.
En el caso de la avicultura, el aumento de las temperaturas puede incrementar el riesgo de estrés térmico en las aves. Esto afecta el consumo de alimentos, el crecimiento, la producción de huevo y, en condiciones extremas, aumenta la mortalidad. A lo que se suma la menor disponibilidad de agua, que puede incrementar la presión sobre el abastecimiento de las granjas y sobre los sistemas de enfriamiento y ventilación. La situación impacta al 96 % de las unidades productivas y a cerca de 157,8 millones de aves, según la Federación Nacional de Avicultores de Colombia (Fenavi).
La agricultura también sufre con la sequía porque se deterioran los suelos a causa de las altas temperaturas que se alcanzan. Sumado a esto, la mayoría de los pequeños productores del subsector presentan dos problemáticas difíciles: no tienen reservorios ni instalaciones de sistemas de riego que faciliten la aplicación de la cantidad de agua requerida. El resultado incluye más plagas y enfermedades, deficiencias nutricionales en las plantas, quema de las flores, disminución en el llenado y cantidad de los frutos. Todo ello se traduce en menos productos, explica la Asociación Hortifrutícola de Colombia (Asohofrucol).
La inflación que llega al mercado
Que haya menos oferta de productos agropecuarios impacta directamente los precios de venta al consumidor, debido a los efectos que tiene en el mercado. Se trata de la ya conocida dinámica de oferta y demanda.
Varios expertos consultados por este diario coinciden en que no es posible determinar cuánto del efecto de El Niño ya está incorporado en la inflación de alimentos, pero coinciden en que todavía no se ha integrado del todo, especialmente porque se están desarrollando las producciones que recibirán el impacto.
En productos como la carne de res, leche, frutas y hortalizas ya se ha sentido una parte del impacto y puede ir en aumento, de acuerdo con los gremios. Jaime Alberto Rendón Acevedo, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales (CEIR) de la Universidad de La Salle, estima que los datos de inflación de septiembre reflejarán en mayor medida este efecto y que, en adelante, será paulatino.
Tampoco se descarta un brote especulativo en los mercados con los anuncios sobre El Niño. Pero la preocupación es alta, especialmente en quienes se ubican en zonas como la Caribe y Andina, que es donde se ha reducido la disponibilidad del agua, expresa Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).
Hasta ahora, el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que presenta el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), da cuenta de que los precios en el renglón de Alimentos y bebidas no alcohólicas han aumentado en un 7,16 % entre enero y agosto de este año, frente a 2025. Mientras que el dato de la economía general, para el mismo periodo, es del 5,35 %. Y las variaciones anuales (entre agosto de 2025 y agosto de 2026) son del 6,10 y del 6,24 %, respectivamente.
En últimas, la sequía genera presiones sobre los precios en la medida en que afecte la cantidad o la calidad de la producción. “Sin embargo, la magnitud que finalmente llega al consumidor depende también de otras variables, entre ellas los precios internacionales, la tasa de cambio y lo que ocurra en los distintos eslabones de comercialización”, explicó Jairo Rendón, director del Observatorio Financiero Rural de la Universidad Javeriana.
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Alimentos caros y más tasas de interés = alimentos más caros
Las proyecciones de la inflación de alimentos no son las mejores. Para el resultado será determinante la duración e intensidad de El Niño. Y no solo por el lado de los alimentos sino también de la energía, que sube de precio a medida que se vacían los embalses y se requiere cubrir la demanda con fuentes de generación más costosas, como lo son las plantas térmicas.
Más allá de esto, hay otros factores que presionan al encarecimiento de los precios en el país: las guerras. Tanto el conflicto de Rusia con Ucrania como la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán han alterado los precios mundiales de los productos agroquímicos que son importados, de acuerdo con el director del CEIR de la Universidad de La Salle.
Otro factor importante, según explicó Miguel Gómez, ministro de Hacienda, es el terremoto del pasado 10 de agosto, que ha tenido impacto en los precios, principalmente por las afectaciones en el Valle del Cauca, una región importante para la logística y el transporte. A esto se suma el aumento en las tasas de interés en Estados Unidos.
Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, afirmó que es muy difícil determinar cuál será el impacto a corto y mediano plazo del terremoto. De todas formas, ante una inflación en agosto de 6,2 % anual, principalmente impulsada por alimentos y regulados, el Emisor decidió la semana pasada subir las tasas de interés en 25 puntos básicos, hasta 12,25 %.
Las expectativas de inflación de los analistas para diciembre de este año han aumentado: en la encuesta de septiembre se situaron en 6,8 %, aunque la expectativa a dos años bajó al 4 %.
La decisión del Banrep no es un asunto macroeconómico invisible sino que pesa en la economía porque manda un mensaje contundente a los colombianos: no es momento de pedir créditos ni de gastar, es mejor ahorrar. Ello impacta las decisiones que se toman en los diferentes sectores, pero es especialmente sensible en el agro.
Las actividades agropecuarias requieren de créditos, pues la producción requiere de la compra de insumos y otras inversiones cuya ganancia se materializa en un corto o largo plazo, según el caso. Por ejemplo, el café puede tardar cuatro años para ser productivo desde su siembra.
Entonces, tasas más altas encarecen la producción de alimentos y dificultan que se desarrollen inversiones en el sector para aumentar la productividad o reducir la vulnerabilidad a los efectos de El Niño. Esto justo cuando se “necesitan hacer más gastos en los procesos de producción para tratar de salvar las cosechas”, en palabras de Rendón Acevedo.
De hecho, la sequía afecta con mayor intensidad a aquellos productores que no cuentan con infraestructura que les permita administrar el agua. “Eso convierte la inversión en riego, almacenamiento y manejo del recurso hídrico no solamente en una política de productividad, sino también en una política de gestión del riesgo climático”, asegura el director del Observatorio Financiero Rural de la Universidad Javeriana.
Desde el Observatorio alertan que El Niño no es un riesgo aislado. Se suma a un sector que ya enfrenta una cantidad muy importante de riesgos como: cambios en los precios internacionales, la tasa de cambio, problemas de seguridad, violencia y, en algunos casos, incertidumbre sobre la propiedad de la tierra.
Todos los factores tienen como consecuencia la pérdida de ingresos de los productores y, al final de la cadena, también perjudican a los consumidores, especialmente a los más pobres porque son ellos los que gastan un mayor porcentaje de sus ingresos en alimentos.
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