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¿Por qué la inflación se siente distinta según el ingreso?

Aunque la inflación cerró 2025 en 5,10 %, el impacto sobre los hogares fue desigual. Los datos del DANE muestran brechas por nivel de ingresos y explican por qué el costo de vida pesa distinto según cómo y en qué se gasta.

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Alejandro  Rodríguez Torres
09 de enero de 2026 - 03:08 p. m.
Para la clase media y de ingresos altos la desinflación sí ocurrió; en cambio, en los hogares pobres y vulnerables el costo de vida permaneció prácticamente rígido.
Para la clase media y de ingresos altos la desinflación sí ocurrió; en cambio, en los hogares pobres y vulnerables el costo de vida permaneció prácticamente rígido.
Foto: EFE - Isaac Fontana
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El costo de vida es un hecho al que todos nos enfrentamos. Que los precios suban es, con regularidad, un golpe financiero para los hogares de distintos estratos socioeconómicos. Por supuesto, no a cada familia le afecta de la misma manera.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) publicó el informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC), un documento con datos fríos (y necesarios) para entender el comportamiento del gasto de los hogares, la demanda, la oferta y de qué modo se consumen los bienes y servicios a nivel nacional.

Es decir, es una radiografía completa de la economía en un sentido general. Para el cierre de 2025, la inflación se ubicó en 5,1 %, una leve caída de apenas 10 puntos básicos frente al 5,2 % de 2024. No es que todo subió a ese mismo ritmo, sino el promedio.

Pero detrás de ese “gran promedio” se esconden realidades muy distintas para los hogares, dependiendo de cuánto ganan y en qué se les va la mayor parte del ingreso.

Por niveles de ingresos, el golpe fue así:

  • Pobres: 4,97 %.
  • Vulnerables: 4,97 %.
  • Clase media: 5,11 %.
  • Ingresos altos: 5,17 %.

A primera vista, la diferencia parece pequeña. En la vida cotidiana, sin embargo, no lo es.

Le recomendamos: Lo que dice la inflación de 2025 sobre el futuro de los precios y las tasas de interés

¿Por qué una inflación “similar” se siente distinta?

La clave no está solo en cuánto suben los precios, sino en qué precios suben. El DANE construye canasta de consumo distintas por cada grupo de ingresos, porque no todos los hogares gastan de la misma forma.

Por ejemplo, en hogares pobres y vulnerables, alimentos, arriendos y servicios públicos concentran cerca de 6 de cada 10 pesos del gasto mensual. En la clase media y en los hogares de ingresos altos, ese peso es menor, y crecen rubros como transporte, educación, recreación o servicios personales.

La bola del destino es clara, en ese sentido. Cuando suben los alimentos (5,07 %) y el alojamiento (4,76 %), el golpe es más directo para los hogares de menores ingresos. En cambio, cuando el aumento se concentra en restaurantes (7,91 %), educación (7,36 %) y transporte (5,33 %), la presión recae más en la clase media y los hogares de mayores ingresos.

Eso explica por qué la desinflación de 2025 no se sintió de la misma manera en todos los hogares. Mientras que en la clase media la inflación pasó de 5,17 % en 2024 a 5,11 % en 2025, y en los hogares de ingresos altos descendió de 5,51 % a 5,17 % (es decir, sí hubo desinflación real), en los hogares pobres y vulnerables el costo de vida prácticamente no cedió.

En estos últimos, la inflación se mantuvo estable o incluso aumentó levemente frente al año anterior. ¿Por qué? Porque los gastos son, usualmente, inflexibles; es decir, el arriendo es un gasto inevitable, en cambio, comprar pechuga en vez de carne de res es una opción, un “lujo”.

En cambio, los hogares de mayores ingresos cuentan con más margen para sustituir o postergar ciertos consumos, lo que permitió que la desaceleración de los precios se reflejara con mayor claridad en sus canastas.

Para que quede más claro, la siguiente tabla:

Hogar20252024Diferencia
Pobre4,97 %4,94 %+0,03 %
Vulnerable4,97 %4,89 %+0,08 %
Clase media5,11 %5,17 %-0,06 %
Ingresos altos5,17 %5,51 %-0,34 %
Inflación general5,1 %5,2 %-0,1 %

En 2024, la brecha inflacionaria era más amplia para los hogares de ingresos altos, empujada por servicios y otros rubros que pesan más en su canasta. En 2025, esa diferencia se redujo, aunque persiste la desigualdad, porque la desinflación avanzó con mayor fuerza en los hogares de ingresos medios y altos, mientras que en los hogares pobres y vulnerables la inflación permaneció prácticamente rígida.

Antes, el golpe inflacionario entre hogares pobres y de mayores ingresos rondaba los 0,57 puntos porcentuales; ahora es de 0,2. La brecha es menor, pero el alivio sigue sin llegar de la misma manera a todos.

Inflación y desigualdad

El Banco de la República insiste en que la inflación no afecta a todos por igual porque no todos tienen cómo defenderse de ella.

Los hogares de menores ingresos dependen casi por completo de salarios o ingresos informales que se gastan de inmediato. Ahorrar es difícil, invertir es casi imposible. Cuando los precios suben, el ajuste se da por la vía más dura: consumir menos, incluso en bienes básicos.

En contraste, los hogares de mayores ingresos suelen tener activos (vivienda, ahorros, inversiones) y mayor margen para ajustar su consumo sin comprometer su bienestar inmediato.

Por eso, desde la política monetaria se habla de la inflación como un fenómeno regresivo: no porque el porcentaje sea siempre más alto para los pobres, sino porque el daño relativo es mayor. Y, en ese sentido, la meta oficial es mantenerla en un rango de 3 % (vara que completa cinco años sin cumplirse).

El vínculo con pobreza y vulnerabilidad

Durante los picos inflacionarios de 2022 y 2023, el aumento de precios (especialmente en alimentos—) alcanzó el 13,31 %, lo que elevó el costo de las canastas básicas que definen las líneas de pobreza del DANE. El resultado fue que muchos hogares, incluso con crecimiento económico, quedaron atrapados o retrocedieron en términos de bienestar.

La experiencia reciente dejó una lección clara: cuando la inflación se desborda, puede neutralizar los avances sociales, incluso en contextos de recuperación económica.

A pesar de ello, a nivel nacional hubo una ligera disminución de la pobreza monetaria de 2023 a 2024 (34,6 % a 31,8 %, respectivamente), en varias ciudades del Caribe y el Pacífico la situación empeoró o se mantuvo estancada.

La combinación de informalidad laboral, baja cobertura de servicios públicos y rezago en inversión social sigue afectando a estas regiones.

Para 2024, el umbral fue de COP 446.928 por persona al mes en el total nacional. En ciudades como Riohacha, casi una de cada dos personas vivía por debajo de esa línea.

¿Por qué sigue siendo clave controlar la inflación?

Una inflación baja y estable permite que hogares y empresas tomen decisiones de largo plazo, desde ahorrar e invertir, hasta contratar y estudiar. Cuando los precios se vuelven impredecibles, la economía entra en modo defensivo: se posterga la inversión, se encarece el crédito y se tensiona el empleo.

Además, muchos precios en Colombia están indexados (es decir, se ajustan automáticamente con la inflación), como arriendos, matrículas educativas o algunos servicios. Eso hace que un choque inflacionario pueda prolongarse en el tiempo, incluso cuando la economía empieza a enfriarse.

El cierre inflacionario de 2025 confirma una tendencia de ajuste gradual, pero con una historia pendiente. Detrás del 5,1 % conviven presiones distintas, capacidades de ajuste desiguales y riesgos sociales que siguen latentes.

Entender cómo se distribuye la inflación es una pieza central para anticipar decisiones de política monetaria (hoy las tasas del Emisor se ubican en 9,25 %), diseñar ayudas focalizadas y, sobre todo, comprender por qué el costo de vida no se siente igual en todos los hogares del país.

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Alejandro  Rodríguez Torres

Por Alejandro Rodríguez Torres

Comunicador social y periodista apasionado por el mundo digital y la edición multimedia. Desde mayo de 2024 escribe en la sección Negocios sobre infraestructura y transporte. Le encanta la literatura y debatir hasta agotar las ideas.@alejandrorodtarodriguezt@elespectador.com
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