8 Aug 2021 - 2:00 a. m.

¿Qué viene para la economía nacional en el último año de Duque?

Dos de las grandes deudas de la administración de Iván Duque, hasta el momento, son no haber impulsado las reformas pensional y laboral. El panorama del empleo y los problemas fiscales definirán el último año de este gobierno y el devenir de la economía en el corto y mediano plazo.
Santiago La Rotta

Santiago La Rotta

Editor Economía - Tecnología
Imagen de referencia.
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Hacer un balance económico de la administración de Iván Duque conduce, casi que inevitablemente, a una primera pregunta: ¿lo quiere con COVID-19 o sin él?

Antes de la entrada de la pandemia, el actual Gobierno disfrutó de un tiempo, que hoy pareciera lejano, en el que los problemas económicos no pasarían a ser inscritos en letras mayúsculas en el libro de las crisis históricas.

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Esto no quiere decir que no hubiera problemas, pero la economía crecía a un ritmo que podría antojarse saludable para algunos. Para 2019, ya en plena era Duque, el PIB se expandió 3,3 %, algo que fue celebrado ampliamente por el Gobierno, pues la cifra se daba en un contexto regional con crecimientos moderados: Brasil registró 1,4 % para ese año, México vio un retroceso de -0,55 % y Chile obtuvo 0,9 % para el período.

La cifra del 3,3 % en el PIB de 2019 auguraba un 2020 con buenas noticias en varios sectores, como turismo (que hace dos años registro cifras récords). En su momento, el Ministerio de Hacienda llegó a decir que el crecimiento se aceleraría aún más en 2020, porque la situación del país “va por buen camino”.

Lo que vino después es la historia ya conocida: la pandemia se llevó por delante todo, incluyendo las perspectivas económicas positivas, 2020 acabó con una contracción del 6,8 % en el PIB, hubo un crecimiento preocupante del déficit fiscal y se registró la inclusión de 3,6 millones de colombianos en el renglón de pobreza.

Como ya se dijo, antes de la pandemia, el país ya arrastraba problemas económicos, algunos endémicos, como “la dependencia en un sector exportador pequeño, concentrado en hidrocarburos”, según dice Marc Hofstetter, economista, profesor de la U. de los Andes y columnista de este diario.

Aparte de este asunto, que es de vieja data entre las desavenencias económicas del país, previo a la pandemia ya rondaba el fantasma del desempleo. “Antes del COVID-19 veníamos con una actividad económica positiva, pero el mercado laboral no estaba funcionando bien, con una caída en empleo que se veía en todo ese primer año de gobierno de Duque”, sostiene Hofstetter.

El desempleo es uno de los mayores problemas actuales de la economía colombiana, en conjunto con los asuntos fiscales. Y ambos son temas que no solo preocupan ahora, sino que serán parte de los retos que asumirá el próximo gobierno.

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En el papel, las cifras de desempleo están bajando frente a las mediciones de 2020. Por ejemplo, el dato de junio de 2021 (14,4 %) es 5,4 % más bajo que la cifra registrada hace un año. Pero también hay que ver que el año pasado marcó un punto históricamente bajo en el indicador, en un momento en el que la economía apenas estaba abriendo los ojos después del coma inducido para mitigar la expansión del COVID-19.

Y, a pesar de las mejorías que se siguen registrando, que en buena parte están atadas a la reanudación de labores y actividades de la economía en general, el empleo sigue siendo un factor de preocupación para prácticamente todo el mundo.

Fedesarrollo, por ejemplo, ha emitido varias advertencias al respecto. La primera vino en junio de este año, cuando el centro de análisis ajustó al alza sus proyecciones de crecimiento. Y a través de su director, Luis Fernando Mejía, el mensaje fue repetido la semana pasada: “Se está materializando uno de los grandes riesgos que habíamos identificado este año: crecimiento sin recuperación del empleo. La tasa de desempleo en junio (15,1 %) no se movió frente a abril/mayo y en el primer semestre fue del 14,8 %. Es urgente implementar un plan de choque”.

Según la información del DANE, el mercado laboral no fue capaz de absorber a las personas desempleadas en el primer semestre del año. Por ejemplo, en mayo de este año, la entidad afirmó que había 1,2 millones de personas desempleadas de más, al comparar mayo de 2019 y 2021. Esta es una cifra muy similar a la que fue registrada al finalizar 2020, lo que indica que la posibilidad del mercado laboral para ajustarse y reducir la población desempleada no había acelerado. Para junio de este año, la entidad afirmó que quedaron faltando dos millones de puestos de empleo para volver a los niveles de ese mismo período de 2019.

De acuerdo con datos de Corficolombiana, la crisis introducida por la pandemia ha sido una de las más intensivas en destrucción de empleo. Así lo reconoció José Ignacio López, director ejecutivo de investigaciones de esta firma, durante una presentación realizada esta semana: “Estamos en un proceso en el que el mercado laboral no se está recuperando al mismo ritmo que el resto de la economía. El primer reto es cómo volver a los niveles prepandemia”.

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El mercado laboral es uno de los asuntos críticos en general. Pero también lo es en sus aspectos particulares. Para 2020, “la desocupación femenina se incrementó en 6,8 puntos porcentuales, mientras que la de los hombres lo hizo en 4,5. Con ello, la brecha de desempleo aumentó a 7,7 puntos porcentuales, niveles cercanos a los registrados en 2003”, señala Diana Milena Ávila-Moreno en una investigación publicada por Fescol.

De los dos millones de puestos que faltaron por recuperar en junio de 2021 (en relación con 2019), según el DANE, 1,4 millones son puestos que ocupaban las mujeres y los restantes 600.000 son de hombres.

En este punto, entonces, el temor es que la recuperación económica se dé sin que el empleo en el país mejore. Este es un riesgo que han advertido varios analistas, como la exministra Cecilia López, quien se pregunta: “¿Es posible la reactivación en clave de empleo de calidad?”.

¿Cómo avanzar en este escenario? Con los meses, académicos y analistas del mercado han ido proponiendo soluciones como programas de empleo de emergencia, renta básica y reformas de fondo a la estructura del trabajo en Colombia que, advierten algunos, no se encaminen en precarizar al trabajador.

Y es por el lado de los cambios de fondo que se puede identificar una de las grandes deudas de este Gobierno: la administración Duque llegó a anunciar reformas laboral y pensional, además de tributaria. Las dos primeras no llegaron en medio de la pandemia y sus urgencias. De la tercera llegaron tres iniciativas, repartidas en cuatro proyectos (incluyendo el que hace su trámite en el Congreso).

“Hemos borrado del mapa la discusión estructural sobre cómo funciona el mercado laboral colombiano. Eso no está bien. Tenemos unas reglas de juego del mercado laboral supremamente complejas, con aspectos que recargan los costos del empleo formal. Tratamos de pensar que lo que está pasando es mala suerte: nos golpeó la pandemia. El mercado laboral funciona muy mal desde hace mucho. Los problemas del mercado laboral no deben ser pensados a la luz de la tragedia del COVID-19, sino que acá funciona muy mal, es supremamente difícil de reformar. Hay que meterle cabeza a eso, políticamente”, dice Hofstetter.

A su vez, Marcela Eslava, decana de economía de la U. de los Andes, asegura que “es fundamental también trabajar en reformas que minimicen las brechas que los empleadores enfrentan entre la contratación formal y la informal, robusteciendo la seguridad social e independizándola de impuestos al trabajo, lo que a su vez flexibilizaría jornadas laborales que son de hecho rígidas por el hecho de que esos impuestos al trabajo se pagan en muchos casos sobre ingresos que no pueden estar por debajo de un salario mínimo de mes completo”.

Los problemas en empleo, en general, activan o profundizan otras preocupaciones sociales, en temas como pobreza, por ejemplo. No es, necesariamente, un asunto de causa y efecto, pero un mercado laboral que no opera óptimamente incide en otros escenarios.

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En términos de pobreza, Roberto Angulo, experto en este tema, critica la gestión del Gobierno al decir que este “debía haber hecho una nueva meta de pobreza desde el momento de la pandemia”.

Las cifras de pobreza de 2020 representan un retroceso de una década, “y creo que ahí sí ha fallado el Gobierno en estructurar una estrategia de pobreza y un camino hacia recuperar las cifras, al menos, anteriores al COVID-19. Creo que nos hemos quedado un poco en el discurso político”, agrega Angulo.

Sin embargo, el académico también reconoce que, en asuntos de la agenda social que proponía el Plan de Desarrollo, se avanzó en temas como la ampliación de la plataforma de transferencias. Además ha habido cambios positivos en programas puntuales, como Jóvenes en Acción, que va a cumplir su meta de cobertura (500.000 jóvenes) un año antes de lo esperado.

El futuro

Aparte del escenario laboral, entre los retos que heredará el próximo gobierno se encuentra el cómo apuntalar las finanzas nacionales. La reforma tributaria que presentó el Ministerio de Hacienda alcanza para sobreaguar las necesidades más ingentes de aquí a un año, pero no para mucho más.

Para Eslava, es urgente “recuperar la solidez y la credibilidad de la política fiscal para garantizar la estabilidad macroeconómica de la que todos dependemos y que es un derecho constitucional. Y está también el reto de conciliar esa recuperación de las finanzas públicas (es decir, las de todos) con el necesario uso de recursos públicos para mantener andando la recuperación económica”.

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En esto coincide López, de Corficolombiana, al explicar que el siguiente gobierno deberá realizar ajustes fiscales que, por su magnitud, serán históricos. Y esta perspectiva se antoja retadora, por decir lo menos, pues se trata de ajustar las finanzas en momentos de máximo gasto. En otras palabras, es estirar la cuerda desde ambos extremos.

Hofstetter lo ve de esta forma: “Por un lado, usted tiene un movimiento muy fuerte hacia tratar de subsidiar una parte de la población. Pero, por el otro, tiene costos laborales muy altos, y la pregunta es en dónde pone la plata: a que los costos laborales no sean tan altos y que esa gente que no tiene empleo formal acceda, o meterlos, que es la ruta que hemos estado siguiendo, en hacerle llegar plata a la población más vulnerable. Esa tensión es muy compleja. Ese es un gran reto”.

Y concluye: “Este Gobierno fue bastante alegre en subir el gasto público durante la pandemia. No lo critico. Pero mantenerlo va a resultar difícil: tenemos una senda de deuda creciente, perdimos el grado de inversión. Hay que ponerle cuidado a esa arista: no podemos priorizar el nivel de gasto y no ponerle cuidado a cómo lo financiamos. Esa es la limitante grande de qué va a poder hacer el próximo gobierno”.

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