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La educación en la próxima Cumbre Iberoamericana

Iberoamérica cuenta con cerca de 160 millones de jóvenes, una realidad demográfica que convierte a la mejora de la cualificación profesional en una prioridad estratégica para el desarrollo económico y la cohesión social.

21 de septiembre de 2026 – 11:09 a. m.
La construcción de una agenda educativa compartida para Iberoamérica se llevó a cabo en Barcelona.
El alcalde Carlos Fernando Galán y la secretaria de Educación, Julia Rubiano, firmaron el documento. Los colegios privados y públicos tendrán máximo 6 meses para implementar la normativa.
Foto: Gustavo Torrijos - Gustavo Torrijos

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La XXIX Conferencia Iberoamericana de Ministras y Ministros de Educación, celebrada el pasado 28 de mayo en Barcelona, ha supuesto un nuevo paso en la construcción de una agenda educativa compartida para Iberoamérica. Más allá del valor institucional del encuentro, la conferencia ha consolidado una visión común sobre los principales desafíos que afrontan los sistemas educativos de la región y ha situado la cooperación internacional como el instrumento indispensable para abordarlos de forma coordinada.

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Estas conferencias constituyen, desde hace décadas, uno de los principales mecanismos de gobernanza y coordinación intergubernamental del espacio iberoamericano. Sus declaraciones trascienden todo lo que se espera de ellas para convertirse en un instrumento que orienta prioridades, establece compromisos políticos y sirve de referencia para el diseño y la implementación de políticas públicas educativas. En un contexto de profundas transformaciones sociales, tecnológicas y demográficas, estos espacios adquieren un valor estratégico para armonizar agendas y construir consensos.

La reunión de Barcelona, organizada con el apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), refleja precisamente esa profunda ambición. Entre los acuerdos adoptados destaca el compromiso de impulsar el seguimiento de los compromisos asumidos en la Declaración de Barcelona, con especial relevancia al acuerdo 14, con el que se espera “impulsar, en colaboración con la OEI y con el acompañamiento de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la elaboración de una Estrategia Iberoamericana de Educación, específicamente centrada en los ámbitos de la inclusión y la equidad, la inteligencia artificial, la prevención, resiliencia y capacidad de respuesta ante emergencias en los centros educativos, así como el fortalecimiento”.

Como base para ese trabajo futuro, la conferencia aprobó tres documentos que constituyen una hoja de ruta para los próximos años: una “Guía para la prevención, actuación y resiliencia ante emergencias en los centros educativos iberoamericanos”, una “Hoja de ruta para una formación profesional flexible, acreditable y dual en Iberoamérica: buenas prácticas y retos comunes“,” y la “Guía sobre el uso de IA en la educación en Iberoamérica”. Cada uno de ellos responde a desafíos distintos, pero todos comparten un mismo objetivo: fortalecer la capacidad de los sistemas educativos para ofrecer respuestas más inclusivas e innovadoras.

En este contexto, la formación profesional ocupa un lugar especialmente relevante. Iberoamérica cuenta con cerca de 160 millones de jóvenes, una realidad demográfica que convierte a la mejora de la cualificación profesional en una prioridad estratégica para el desarrollo económico y la cohesión social. De ahí la importancia de avanzar hacia sistemas de formación profesional más flexibles, capaces de acreditar competencias adquiridas a lo largo de la vida y de reforzar la colaboración entre los centros de formación profesional y el tejido productivo. Compartir experiencias entre países permitirá acelerar reformas que faciliten la empleabilidad y adapten la formación a las necesidades cambiantes del mercado laboral.

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Al mismo tiempo, las emergencias y los desastres naturales han pasado a ocupar una preocupación central en la agenda educativa regional. La creciente frecuencia e intensidad de estos fenómenos exige que los sistemas educativos dispongan de marcos de actuación capaces de anticipar riesgos, prevenir daños y responder con eficacia ante situaciones de crisis. Ello implica fortalecer el conocimiento de la normativa sobre gestión del riesgo, mejorar la coordinación entre autoridades educativas, protección civil, servicios de salud, protección social y actores humanitarios, y garantizar en todo momento el derecho a la educación.

Pero la resiliencia no depende únicamente de protocolos de actuación. También requiere consolidar una auténtica cultura de prevención mediante la formación continua de docentes, equipos directivos y personal técnico, así como incorporar metodologías innovadoras que desarrollen competencias en el alumnado. Resulta igualmente imprescindible reforzar las estrategias de autoprotección, prestar especial atención a los grupos más vulnerables, promover el bienestar socioemocional y asegurar mecanismos que permitan mantener la continuidad educativa durante las emergencias. Solo así será posible que la recuperación tras una crisis contribuya a construir centros educativos más seguros, equitativos y resilientes.

Sí existe, sin embargo, un tema que simboliza el cambio de etapa vivido en Barcelona: la inteligencia artificial. Su presencia en la declaración final refleja la rapidez con la que esta tecnología ha irrumpido en la agenda educativa. Basta recordar que la IA no aparecía en la Declaración de la XXVIII Conferencia Iberoamericana, celebrada en Santo Domingo en 2022, mientras que en la declaración de Barcelona se menciona hasta en siete ocasiones, tres de ellas dentro de los acuerdos adoptados. Entre ellos destacan la adopción de marcos comunes para un uso responsable y seguro de la IA, la elaboración de una guía práctica con principios y recomendaciones para su incorporación ética en los sistemas educativos y su inclusión como uno de los ejes de la futura Estrategia Iberoamericana de Educación.

Mariano Jabonero es secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).
Mariano Jabonero es secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).
Foto: OEI

La inteligencia artificial está llegando a todos los niveles del sistema educativo. Está presente en las aulas, en el trabajo cotidiano de docentes, estudiantes y equipos directivos, pero también posee un enorme potencial para transformar la gobernanza educativa y la gestión de las políticas públicas. Su impacto no debe medirse únicamente por la innovación tecnológica, sino por su capacidad para mejorar los resultados de la calidad, la igualdad de oportunidades y la equidad. La cuestión ya no es qué es la IA aplicada a la educación, sino qué problemas educativos puede ayudar a resolver.

Desde esa perspectiva, el documento aprobado en Barcelona resulta especialmente oportuno. En lugar de centrarse exclusivamente en la tecnología, aborda sus usos, riesgos, oportunidades, orientaciones políticas y buenas prácticas. La prioridad para los ministerios consistirá, pues, en identificar los principales desafíos de sus sistemas —abandono escolar, apoyo al profesorado, atención a la diversidad o simplificación administrativa— para determinar cómo las herramientas basadas en IA pueden contribuir a resolverlos.

La experiencia demuestra, además, que muchas soluciones son accesibles, transparentes y relativamente sencillas de implementar. Al mismo tiempo, se confirma una idea fundamental: la inteligencia artificial no llega para sustituir a los docentes, sino para reforzar sus capacidades, facilitando tareas como la preparación de materiales, el seguimiento del aprendizaje o el análisis de información. Paralelamente, se aumenta la demanda de investigaciones sobre aquellas herramientas de IA que realmente aportan valor educativo, favoreciendo una gestión del conocimiento cada vez más sólida.

El potencial de la IA resulta igualmente significativo en el ámbito de la gestión pública. Los ministerios administran sistemas con millones de estudiantes, miles de centros educativos y presupuestos de enorme complejidad. La IA puede facilitar la planificación mediante, por ejemplo, la predicción de matrículas, la identificación de territorios con mayores necesidades o la detección temprana de desigualdades, como el absentismo o el descenso del rendimiento académico.

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También permite evaluar con mayor rapidez el impacto de reformas, programas de becas, intercambios o inversiones públicas, integrando múltiples fuentes de datos y generando análisis que complementan, sin sustituir por eso el trabajo de investigadores, inspectores y responsables de las políticas educativas. No es casual, por tanto, que la conferencia reconociera su utilidad para ámbitos tan diversos como el diseño curricular, la revisión normativa, la gestión documental, la contratación pública o el seguimiento de las políticas educativas.

Todo ello pone de manifiesto que el desarrollo de la inteligencia artificial exige, más que nunca, una cooperación internacional sólida. Ningún país puede afrontar por sí solo los desafíos regulatorios, éticos y técnicos que plantea esta transformación. En este sentido, es aquí donde destaco la importancia del multilateralismo. La experiencia acumulada por organizaciones como la OEI, el intercambio de conocimiento entre sistemas educativos o la cooperación triangular constituyen iniciativas de enorme valor para compartir buenas prácticas, aprender de las experiencias emprendidas en otros países y generar evidencia que oriente la toma de decisiones.

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Este modelo de colaboración, basado en la solidaridad, la corresponsabilidad y el respeto a la soberanía de los Estados, fortalece las capacidades nacionales al tiempo que impulsa una responsabilidad compartida frente a los grandes desafíos educativos de la región. Barcelona ha dejado claro que ese es el camino para construir sistemas educativos más innovadores, inclusivos y sostenibles.

* Secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

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