
El Kennedy Center en Washington continúa dando de qué hablar. El último año ha sido un campo de batalla para el presidente Donald Trump en busca del reconocimiento durante su mandato y de los planes de renovación que ha puesto en marcha para la capital. Desde un nuevo arco del triunfo hasta la demolición de un ala en la Casa Blanca para la construcción de un salón de baile, Trump ha buscado tener injerencia sobre algunos lugares de la ciudad.
Entre ellos se encuentra el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, el cual, por orden del presidente, fue cerrado el pasado martes luego de que un juez reafirmara que su nombre no puede figurar en la fachada. Cabe resaltar que el pasado 4 de septiembre el techo del vestíbulo del edificio colapsó, por lo que la dirección afirmó que este “no era seguro para ser ocupado”.
Este espacio cultural, que abrió en 1971 como un monumento al presidente asesinado, ha vivido en los últimos diez meses una serie de disputas y retos que comenzaron luego de que el presidente Trump instalara en la junta directiva a múltiples aliados políticos.
Hace pocos días The New York Times y The Washington Post revelaron, según una serie de documentos, que el centro cultural podría declararse en bancarrota en cuestión de semanas. De acuerdo con CNN, la advertencia fue presentada en un proyecto de resolución entregado a la junta directiva. “El centro afirma que en cuestión de semanas podría verse imposibilitado para pagar las nóminas o los contratos de mantenimiento ordinario y que corre el riesgo de declararse en bancarrota”, reportaron.
A través de su red social, Truth Social, el presidente amenazó con cerrar el centro para las artes y cancelar una renovación para la que el Congreso ya aprobó fondos y que costaría USD 257 millones si una corte federal no revocaba la decisión de negar la adición de su nombre al Kennedy Center. En su publicación, Trump aseguró que la junta directiva había votado de manera unánime para cerrar el centro cultural “por razones de seguridad y para poder comenzar el proceso de reconstrucción”.
“La renovación y reconstrucción, que es una tarea muy grande y compleja, no puede comenzar hasta que el Tribunal de Apelaciones del Circuito de D.C. se pronuncie sobre el nombre aprobado por la Junta”, escribió Trump. “Si el fallo es negativo, lo cual no debería ser, y no es revocado por la Corte Suprema de los Estados Unidos, la reconstrucción y renovación del Centro Kennedy no se llevarán a cabo”.
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Adicionalmente, los documentos revelaron que el presidente estadounidense se ofreció a recaudar el dinero necesario para preservar el Kennedy Center, con la condición de que se haga un “reconocimiento adecuado” a su papel.
Este es el más reciente desarrollo en una serie de problemas y litigios en los que el centro para las artes ha estado en el ojo del huracán, pues el presidente Trump ha intentado añadir su nombre al centro por varias vías.
En diciembre de 2025, fue la primera vez que la junta directiva aprobó esta decisión. Semanas más tarde, las letras que componen el nombre del presidente acompañaban el nombre de Kennedy. “La junta es una junta muy distinguida, compuesta por las personas más distinguidas del país”, dijo Trump en su momento. El centro cultural fue renombrado y se llamó “Trump Kennedy Center”.
Muchos artistas y personal de la institución rompieron lazos con la misma tras conocerse el fallo de la junta directiva y el cambio en el nombre. Luego de que el apellido del presidente fuera añadido a la fachada, la decisión de la junta directiva fue demandada, por lo que, tras el fallo del juez Christopher Cooper en mayo, quien concluyó que la junta carecía de autoridad para renombrar el centro, las letras tuvieron que ser removidas. Además, según CNN, el juez también impidió que se cerrara la institución para realizar las renovaciones.
Tras la decisión del juez, en un documento se pidió una prórroga en el plazo para retirar el nombre de Trump de la fachada, alegando que esto afectaría la recaudación del escenario, que ya había sufrido un desplome tras el anuncio de la junta en diciembre. “Sin el nombre ‘Trump’ en el edificio, nuestra recaudación de fondos no solo se detendrá, sino que todos los fondos recaudados o comprometidos deberán ser devueltos o reembolsados, y los compromisos cancelados”, afirmaba el documento.
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Para retirar esas letras, la administración instaló andamios y lonas que todavía permanecen en su lugar y que ocultan el nombre de la institución.
En agosto, la junta directiva intentó por segunda vez añadir el nombre de Trump al centro cultural, esta vez bajo la figura de otorgarle el crédito por las obras de renovación y restauración. Además, de acuerdo con CNN, propusieron nombrar la plaza circundante al edificio en honor al presidente.
“En pocas palabras, los demandados no pueden instalar monumentos en honor al presidente Trump ni a ninguna otra persona o entidad en el Centro Kennedy sin la aprobación del Congreso”, escribió el juez de distrito estadounidense Christopher Cooper. “La resolución de la junta contraviene una orden judicial federal y una ley promulgada por el Congreso”.
“Un juez muy hostil y con intereses contrapuestos (¿Qué novedad hay en eso?) parece que no permitirá que eso suceda, en cuyo caso, lamentablemente, el edificio está condenado al fracaso”, dijo el presidente en Truth Social tras conocer el fallo de Cooper.
En los documentos que componen el nuevo capítulo de esta saga, se lee que la junta propuso que se votara entre diez frases para incluir el nombre de Trump en la fachada. Según The New York Times y The Washington Post, algunas de ellas serían: “Renovación, restauración y dotación supervisadas por el presidente Donald J. Trump y el Fondo Trump del Centro Kennedy” y un texto que reconoce “la generosidad del presidente Donald J. Trump”.
Sin embargo, la batalla legal no termina ahí. La representante Joyce Beatty, de Ohio, ha desafiado en repetidas ocasiones este tipo de actos por parte del presidente. “La última votación de la junta directiva para el cierre es una muestra más del mismo fracaso y abuso que han caracterizado el trato que esta administración ha dado al Kennedy Center”, declaró Beatty en un comunicado conjunto con los abogados Norm Eisen y Nathaniel Zelinsky. “El cambio de nombre ilegal ahuyentó al público y a los artistas. Ahora la junta ha votado a favor del cierre una vez más para ocultar la pésima gestión bajo su actual liderazgo. Nos veremos con los responsables en los tribunales”.
Además, demandó la decisión de cerrar el recinto por razones de seguridad, afirmando que la consultora de seguridad, Delta Consulting Group, había desmentido haber concluido que el edificio era inseguro para su ocupación.
“Volveremos a los tribunales tantas veces como sea necesario, porque lo que propone es ilegal y no se le debería permitir salirse con la suya”, dijo Beatty en el programa “The Source”.
El significado del Kennedy Center
Desde su inauguración el 8 de septiembre de 1971, el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas se consolidó como uno de los escenarios más importantes del país norteamericano. Entre los eventos más recordados está el concierto de apertura, en el que el compositor Leonard Bernstein estrenó su pieza “Mass”. Además, la institución alberga a la Orquesta Sinfónica Nacional, la Ópera de Washington y el Ballet de Washington, entre otras.
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Este ha sido el escenario de múltiples festivales, conciertos, presentaciones de danza y más. Además, el centro cultural expandió su labor hacia la educación con múltiples programas.
La historia de este recinto no comenzó con el presidente Kennedy. Desde 1933 se había comenzado a gestar la idea de un centro cultural nacional. La primera dama, Eleanor Roosevelt, comenzó a trabajar en ideas para ayudar al sector del teatro tras la Gran Depresión. En 1938, una resolución del Congreso pedía la construcción de un edificio público que sería conocido como “Centro Cultural Nacional”. Sin embargo, esta idea nunca se materializó.
Durante la década de 1950, el proyecto resurgió y se comenzó a planear la construcción luego de que se radicara un proyecto de ley para el desarrollo de un centro cultural. En 1958, el presidente Dwight D. Eisenhower firmó la ley que permitiría la creación del escenario. Aunque el Estado destinó fondos para la construcción del recinto, el diseño del arquitecto encargado, Edward Durell Stone, elevó los costos y, por esta razón, se tuvieron que recaudar fondos para completar su construcción, un esfuerzo que no dio muchos frutos.
El presidente Kennedy fue quien aceleró el proceso. En 1961, designó a Roger L. Stevens como presidente de la junta directiva para desarrollar el entonces llamado “Cetro Cultural Nacional”. Sin embargo, tras el asesinato de Kennedy en 1963, el Congreso aprobó que se renombrara la institución en honor al presidente. El Estado aprobó parte de los recursos para su construcción y lo demás vino de manos privadas.
Bajo el presidente Lyndon B. Johnson, finalmente comenzó la construcción en 1964. Tras múltiples debates sobre el sitio elegido, el Kennedy Center abrió sus puertas en 1971 y, desde entonces, ha atravesado diferentes proyectos de modernización y expansión.
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Pipo Solarte(exbqo)•18 de septiembre de 2026 – 09:09Enfermo por figurar el narcisista Trump. Parece a esos muchachos que empiezan a escribir y rayar su nombre en paredes y pupitres cuando quieren resaltar su ego recién descubierto. Kennedy debe estar revolcándose en la tumba.