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Recientemente se conoció la salida de dos periodistas que antes pertenecían a la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), un organismo dedicado a velar por los derechos de quienes ejercen este oficio. Se trata de Claudia Julieta Duque y Claudia Báez, quienes a través de cartas que publicaron en sus redes sociales renunciaron irrevocablemente a los puestos que tenían en la asamblea general de esta organización.
A pesar de que ambas publicaron su renuncia el mismo día, el documento compartido por Báez sugiere que ella fue la primera en tomar la decisión. En la carta, con fecha del 17 de marzo de 2026, la periodista argumenta que su salida fue producto de “la reciente inacción de la organización ante una clara estigmatización. El episodio en el que La Silla Vacía acusó a un medio de origen campesino, con afinidad a la izquierda, de pertenecer a una organización guerrillera y formar parte del aparato de un grupo armado ilegal, sin sentencia judicial, y ratificándose públicamente en ello, le compete a la FLIP porque una de las funciones de la organización es denunciar este tipo de casos”.
Duque, por su parte, también se refirió a este punto, aunque antes mencionó que su renuncia también obedecía al descontento que sentía por el “extraordinario poder” que, según ella, había acumulado Juanita León, directora de La Silla Vacía y miembro de la junta directiva de la FLIP, y que comprometía la independencia de la organización. Inmediatamente después de mencionar eso, también se refirió al caso de Prensa Rural haciendo referencia a una reunión que habría ocurrido a mediados de este mes.
“La reciente asamblea del 18 de marzo, en la cual fui representada por el periodista Javier Osuna, no hizo sino confirmar y agravar estas preocupaciones. En ese espacio, la mayoría de los asistentes optó por el silencio o, peor aún, por aplaudir la estigmatización irresponsable y vergonzosa que La Silla, su directora y varios de sus periodistas ejercieron contra colegas de Prensa Rural, así como contra proyectos alternativos como Rebelión y otros, al calificarlos sin pruebas de ser orgánicos de la guerrilla de las FARC, desconociendo de forma irresponsable que varios de sus miembros han afrontado durante años exilios, procesos penales espurios y múltiples amenazas y seguimientos sin que jamás ningún juez los hallara culpables de delito alguno”, se lee en el comunicado.
Buenos días,
— ClaudiaJulietaDuque (@JulieDuque1) March 24, 2026
Con profundo dolor y absoluta convicción, hago pública mi renuncia a la asamblea general de la @FLIP_org, organización a la que he pertenecido por al menos 15 años. Las razones aquí ⬇️. pic.twitter.com/lpNs30RJOY
Ahora, antes de seguir con las renuncias, vale la pena hacer un breve paréntesis para explicar el caso al que se refieren las periodistas y que las llevó a renunciar a la FLIP.
El pleito de La Silla Vacía y la Agencia Prensa Rural
El 22 de febrero de 2026, La Silla Vacía publicó un artículo titulado “Mención de Iván Cepeda en computador de las Farc no fue un montaje”. En él, se hablaba de una comunicación de las FARC en la que se mencionaba al actual candidato presidencial por el Pacto Histórico y que había sido encontrada en uno de los computadores que el Ejército Nacional había obtenido en 2008 tras el bombardeo al campamento de alias Raúl Reyes, miembro del secretariado de la entonces guerrilla.
En el artículo, se explicaba que el mensaje había sido escrito por Inés Graciela Dorado, alias Ingrid Storgen, identificada como una de las células en el extranjero de esta guerrilla durante sus años de operación. Y, un poco más adelante, aparece la siguiente afirmación: “Alias Ingrid Storgen también escribía en Agencia de Prensa Rural, Kaos o Rebelión, todos medios orgánicos a las Farc mientras estuvo en armas”.
Esto fue lo que desató la indignación del primer medio mencionado, que ese mismo día publicó un comunicado exigiendo una rectificación por parte de La Silla Vacía y argumentando que haberlos calificado de esa manera ponía “en situación de riesgo a las organizaciones sociales que promueven este proyecto periodístico” y, además, atentaba contra la libertad de prensa. Allí mismo, Prensa Rural hizo un llamado a la FLIP y a otras organizaciones internacionales para que salieran en defensa de ellos y su medio.
Sin embargo, contrario a lo que esperaban, La Silla Vacía emitió un comunicado dos días más tarde, el 24 de febrero de 2026, en el que afirmaban que se mantenían en las declaraciones hechas en el artículo. Posteriormente, pasaron a presentar las pruebas de lo que, para ellos, demostraba que estos tres medios mencionados sí podían ser asociados directamente con el actuar de la antigua guerrilla. Entre ellas, se presentaron varios artículos en los que Prensa Rural se limitaba a reproducir comunicados emitidos por las cabecillas de las FARC, además de varias menciones que hay del medio en las comunicaciones de la ahora exguerrilla.
Ahora, el medio concedió que la frase podía implicar un sentido más amplio que distorsionaba la verdad, por lo que aceptó agregar un paréntesis que decía: “Eso no significa que todas las personas que hayan publicado en esos medios tuvieran vínculos con la guerrilla”. Adicionalmente, al final del artículo, agregaron una nota editorial que dice lo siguiente: “Después de la publicación de esta investigación, la Agencia Prensa Rural publicó un comunicado pidiendo que La Silla Vacía rectificara su afirmación sobre que fue un medio orgánico a las Farc en armas. La Silla Vacía no accedió a la solicitud por los argumentos que se detallan en esta respuesta. En todo caso, agregamos una frase en la historia que hace explícito que eso no significa que todas las personas que hayan escrito en los medios mencionados tuvieran vínculos con las Farc”.
Esto parecía ser el final del caso, hasta que aparecieron las cartas de renuncia.
El silencio de la FLIP
Ante toda esta situación, Duque argumentó que su salida de la FLIP obedecía a que, hasta el momento, la organización no se había pronunciado en defensa del medio Prensa Rural.
Para ella, el “estruendoso silencio de la FLIP resulta injustificable. Ese comportamiento no solo resulta éticamente inaceptable, sino que contradice de manera frontal el mandato de cualquier organización que se reclame defensora de la libertad de prensa. No se puede, en nombre de la libertad de expresión, legitimar el descrédito y la puesta en peligro de otros periodistas, especialmente de aquellos que ejercen su labor desde contextos más vulnerables”.
Báez, por su parte, se sumó a este reclamo: “¿Por qué la FLIP no ha argumentado las razones de su silencio? Lo que esperaba de la FLIP que me representa era un posicionamiento claro, institucional y oportuno. No como árbitro editorial entre medios, sino como garante de un principio fundamental: que señalar públicamente a un periodista o medio como parte de una estructura armada, sin más respaldo que el juicio propio, constituye una forma de estigmatización que pone vidas en riesgo. La FLIP sabe esto mejor que nadie. Ese pronunciamiento no llegó. Y su ausencia es, en sí misma, una posición".
Así es. Esta es mi carta de renuncia a la asamblea de la @FLIP_org el 17 de marzo de 2026, un día antes de la reunión anual. https://t.co/TMj2NLGf0t pic.twitter.com/nQpHScDplc
— Claudia Báez (@claudibaez) March 24, 2026
Aun así, ambas reconocieron el valor del trabajo que la Fundación ha adelantado durante sus años de operación y que ha contribuido a que más periodistas, especialmente aquellos que ejercen su profesión en áreas rurales del país o en zonas afectadas por el conflicto armado, puedan continuar con su labor.
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