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Unas máquinas desmontan poco a poco en un festival artístico de Austria los rostros de magistrados y políticos colombianos creados con miles de etiquetas de mermelada, en una instalación de Paolo Almario que transforma la experiencia de su familia en una reflexión sobre el poder, la corrupción y la resistencia por medio del arte.
La instalación, titulada Mermelada, cambia cada día durante su exhibición en el prestigioso Festival Ars Electronica de Linz, que concluye este domingo. Las máquinas retiran una a una las piezas de los mosaicos que componen los cinco retratos expuestos, hasta borrarlos por completo.
La obra de Almario, refugiado en Canadá desde 2015, ganó este año el premio State of the ART(ist), una iniciativa de Ars Electronica y del Ministerio de Exteriores de Austria que apoya a artistas cuyo trabajo se desarrolla bajo amenazas, represión política o en contextos bélicos. El galardón fue entregado esta semana.
En contexto: “Mermelada”, la instalación del artista colombiano Paolo Almario ganó un premio en Austria
Desde lejos, el espectador reconoce rostros, uno de ellos el del expresidente colombiano Gustavo Petro. Pero de cerca, las imágenes se disuelven en miles de pequeñas etiquetas de mermelada recortadas y colocadas a mano sobre plexiglás.
La obra "autodestructiva", según la define Almario, juega con el significado que tiene en Colombia la palabra mermelada, empleada para referirse de forma coloquial al reparto clientelar de cargos, recursos e influencia política.
En una mesa, frente a los cinco retratos, hay pan y auténtica mermelada colombiana que los visitantes pueden degustar, de forma que el público pasa de contemplar la obra a participar en ella.
“Para mí es una manera de devolver el poder al pueblo, a la gente, al público”, explica a EFE Almario, de 38 años. El artista señala que “mermelada” es una palabra que se usa para evitar términos como nepotismo o clientelismo y entiende esa práctica como una forma de poder distribuida de manera “irregular”.
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La destrucción gradual de los retratos supone que las figuras que representan el poder pierden su forma y sus fragmentos terminan mezclados con las migas y los restos de mermelada dejados por los visitantes.
Un historia familiar
En el origen de la obra está la historia de la propia familia Almario en Colombia.
“Desde que tengo conciencia hemos sido perseguidos y siempre hemos estado bajo un constante estado de vigilancia, dedicados a protegernos, a sobrevivir”, asegura el artista, que relata que su familia también fue objeto de un atentado de la antigua guerrilla de las FARC.
Almario comenzó a trabajar en Mermelada después de marcharse a Canadá y mientras investigaba las causas judiciales abiertas contra su padre, el excongresista conservador Luis Fernando Almario Rojas.
Los rostros que desaparecen lentamente en la instalación pertenecen a personas que el artista vincula con las causas contra su padre, entre ellos, dos antiguos magistrados de la Corte Suprema, Gustavo Malo y Leonidas Bustos, que después fueron condenados por recibir sobornos para alterar procesos.
Almario sostiene que su investigación sobre los procesos contra su padre le llevó a poner su trabajo artístico “al servicio de la supervivencia”, en lo que define como intentos de “eliminación histórica” de su familia.
Su padre afronta actualmente un proceso ante la Jurisdicción Especial para la Paz, creada tras el Acuerdo de Paz con las FARC, por su presunta responsabilidad como coautor de un crimen de lesa humanidad.
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La acusación sostiene que el excongresista participó hace más de un cuarto de siglo en un plan coordinado con facciones de las FARC para eliminar la influencia del Partido Liberal en el departamento de Caquetá, vinculado a la familia Turbay Cote, unos hechos que habrían incluido una treintena de asesinatos y secuestros.
El excongresista, que ya estuvo más de nueve años en prisión por otra condena, rechaza los cargos y afronta una pena de hasta 20 años de cárcel si es declarado culpable.
Paolo Almario denuncia numerosas irregularidades en el proceso, entre ellas que una causa penal por hechos ocurridos a finales de los años noventa y comienzos de los 2000 lleve abierta casi dos décadas, que testigos clave se hayan retractado y que, en su opinión, existan dudas jurídicas sobre la imputación de crímenes de lesa humanidad.
El artista asegura que la obra “ha gustado muchísimo” y que sus distintos niveles de interpretación han despertado interés entre públicos muy diversos.
También se muestra satisfecho por la visibilidad que le ha dado el premio y afirma que su principal aspiración es que el proceso contra su padre cuente con algún tipo de “observación internacional” que garantice un juicio justo y no, en sus palabras, uno “político”.
“El hecho de estar aquí, de mostrar (esta obra), de resistir”, resume, “es una manera de sobrevivir”.
A través de su cuenta de X, la ministra de Culturas, Paola Holguín, destacó el reconocimiento a Almario, nacido en Florencia, Caquetá, y el lugar de su obra Mermelada en el Festival Ars Electronica. “Es la primera vez que este premio recae en un artista colombiano”, señaló.
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Daniel(83135)•13 de septiembre de 2026 – 15:21Esta noticia es irrespetuosa…y sin rigurosidad y busca limpiarle a un delincuente la cara.