En menos de dos meses se le cayó el libreto a Jhonier Leal Hernández, y al día 58 de la muerte violenta de su madre Marleny Hernández y de su hermano Mauricio Leal confesó la autoría en el doble homicidio. El pasado 17 de enero se negó a aceptar cargos y dijo que jamás pondría una mano sobre su mamá y mucho menos sobre su hermano, pero al día siguiente, en una audiencia que tenía más seguidores que un exitoso seriado de televisión, se declaró responsable, pidió perdón y remató diciendo: “Me comprometo a que jamás volverá a acontecer una situación de tal magnitud”.
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Aunque las piezas claves del rompecabezas las aportaron los investigadores de policía judicial y los forenses de Medicina Legal, que constataron la alteración de la escena y la destrucción de elementos probatorios desde la primera semana de la pesquisa, el sospechoso número uno fue Jhonier Leal. Bastaron pocas entrevistas para que las dudas se concentraran en su conducta sospechosa porque, como lo recalcó la jueza 14 de garantías que lo envió a la cárcel, “no fue un crimen planeado de la noche a la mañana, sino que Jhonier se tomó al menos cuatro meses para planearlo”.
En momentos en que avanzaba en la separación de su esposa, y su peluquería en el barrio Polo de Bogotá iba de capa caída, “abusó de la confianza de su madre y hermano para trasladarse a vivir a La Calera (en la casa de Mauricio Leal) y allí estudió todo”. El comentario es de la jueza que no se aguantó el estupor de todos los asistentes a la audiencia para agregar: “Mientras unos matan a la mamá, otros daríamos lo que fuera por tenerla cerca”. Pero Jhonier Leal no pudo con sus impulsos y, además del doble asesinato con dos cuchillos, montó una coartada que pronto se desmoronó como un castillo de naipes.
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Cuando la Fiscalía lo entrevistó dos días después del hallazgo de los cadáveres en la lujosa casa de La Calera, detalló una cronología de convivencia familiar desde el viernes 19 de noviembre hasta el lunes 22 que poco a poco se fue llenando de inconsistencias. Sobre todo cuando abordó el domingo 21 y sostuvo que después de ver los tres la película Un espía y medio hacia las 4:30 de la tarde, como los vio dormidos porque ambos habían tomado pastillas para dormir, después de la empresa fallida de armar el árbol de Navidad, sobre las seis de la tarde decidió acudir a una fiesta de cumpleaños.
Era una celebración con integrantes de su familia política a la que llegó diciendo: “Perdón. Es que ni mi hermano ni mi mamá se quieren levantar de la cama todo el día. Ellos se tomaron varias pastas para dormir, no quisieron ni salir a almorzar ni armar el árbol de Navidad”. Jhonier Leal añadió en su declaración que volvió a La Calera hacia las 11:40 de la noche, se despidió de su madre y hermano, tomó valeriana y quedó fundido, durmió hasta las siete de la mañana, pero salió de la casa a las 11 pasadas, después de comentarle a su exesposa que su madre y su hermano continuaban dormidos.
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Media hora después, comentó Jhonier Leal, le envió un audio de voz a su mamá para preguntarle cómo había amanecido de su pierna y “cómo estaba Maito”. Después se fue a almorzar a casa de su exesposa. Como era obvio, por la extraña ausencia del estilista que tenía compromisos profesionales el lunes 22 de noviembre, a esa hora había revuelo en la peluquería de Mauricio Leal, situada en la 81 con 12, en el sector de La Cabrera. La más afanada era la joven Karen Dayana Ruiz, jefa de marketing, porque Mauricio Leal tenía que hacer unas extensiones a dos candidatas de Miss Universo y a la directora del concurso.
Después de marcar al celular de Mauricio Leal sin respuesta, Karen Dayana Ruiz acudió a su padre, José Jair Ruiz, quien además era el conductor del estilista y su mano derecha. Entonces, este le mostró un mensaje que supuestamente había enviado a su celular Mauricio Leal en el que se leía: “Jair, dile a la muchacha de servicios generales que no vaya a venir please, vete a la pelu”. Por esos mismos días había sido despedida la empleada que ayudaba en los oficios de casa a los Leal y a su madre, Marleny Hernández, y por eso les enviaban de la peluquería a una joven para que los ayudara.
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Cuando fue interrogada por la Fiscalía, Karen Ruiz recalcó que lo asumió como un raro mensaje, no solo porque Mauricio Leal nunca faltaba a un compromiso, sino porque él casi siempre enviaba notas de voz, tenía mala ortografía y no sabía cómo utilizar las comas. Después de cinco llamadas más con resultados fallidos y otras al celular de Marleny Hernández, finalmente José Jair Ruiz llamó a Jhonier Leal. Este contestó con mensaje de voz: “Hola hermano del alma, no, la verdad no sé qué ha pasado con ellos, cuando yo me fui se quedaron durmiendo, vos sabes cómo es Mauro que no le gusta que le toquen la puerta”.
José Jair Ruiz le reiteró su preocupación y Jhonier Leal, en tono de serenidad, le replicó con una propuesta: “Ve Jair, ¿tú no puedes ir a La Calera por una base de un árbol y un cartón de huevos que dejó pago mi mamá?”. Entonces Ruiz le contestó que fueran juntos. Leal lo recogió en su carro y a las 2:49 de la tarde del lunes 22 de noviembre Karen Dayana Ruiz recibió una llamada de su padre, quien llorando le dijo: “Karen, están muertos, los acabo de encontrar”. En su declaración ante la justicia, José Jair Ruiz detalló que cuando llegaron a la casa de La Calera, Jhonier Leal parqueó el carro y le entregó las llaves.
Después de un imperativo “abra”, el conductor ingresó a la casa, pero al advertir todo en silencio se devolvió. Así que entraron los dos, fueron a la alcoba de Marleny Hernández, vieron que la cama estaba destendida, pero no había nadie, y después pasaron a la habitación de Mauricio Leal, que estaba asegurada. Ruiz fue a la parte trasera de la alcoba, advirtió una puerta-ventana abierta, entró por ella y vio los dos cuerpos en la cama y a su jefe con un cuchillo en el estómago. La reacción de Jhonier Leal, sin llanto alguno, fue cogerse la cabeza y decir: “No lo puedo creer, ¿qué pasó acá?”. Entonces Ruiz llamó a la Policía.
Al día siguiente, cuando la noticia de la muerte del famoso estilista Mauricio Leal y su madre, Marleny Hernández, acaparaba los titulares de los medios de comunicación, en una inusual llamada, Jhonier Leal le propuso a Karen Dayana Ruiz que hicieran un video del cumpleaños de su hermano Mauricio. El jueves volvió a llamarla y fue más explícito: “Hola Karencita, ¿cómo estás? Quería saber cómo te fue en la Fiscalía”. Esa misma noche, en la funeraria El Gran Salón en la 98 con 20, el saludo de Jhonier Leal para ella fue un nuevo interrogante: “Hola, ¿cómo estás? ¿Por qué te llamaron para hacer entrevista?”.
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Ella le contestó que los iban a entrevistar a todos y seguramente estaba de primera porque su número figuraba entre los más frecuentes de Mauricio Leal. Lo cierto es que Karen Dayana Ruiz, de apenas 22 años, no se ahorró comentarios ante la Fiscalía de lo que llamó “las dudosas actitudes de Jhonier Leal”. A su vez, su padre José Jair Ruiz, amigo de Mauricio Leal desde sus días comunes de infancia y adolescencia en Cartago (Valle), regresó a la Fiscalía dos días después de su primera declaración para agregar detalles. Como una reunión propuesta por Jhonier Leal para ajustar aspectos de sus declaraciones.
Dicho encuentro se dio en el centro comercial Calima, en compañía de una abogada y, según Ruiz, súbitamente Jhonier Leal dejó de preguntar por las declaraciones y empezó a interrogar a la abogada sobre cómo podía acceder a las cuentas bancarias de su hermano, qué iba a pasar con la sucesión y quiénes eran los legítimos herederos. Ruiz contó que eran casi las ocho de la noche cuando Jhonier Leal preguntó a la abogada qué iba a pasar con la herencia si él llegaba a caer preso. Cuando regresaban solos en un taxi, Leal le dijo: “Voy a vender la casa de La Calera porque no me gusta vivir allá, eso es muy lejos”.
Cuando llegaron a la casa de Jhonier Leal en el barrio Polo, ante su exesposa, sus dos hijas y otros familiares, sin demostraciones de compungimiento o preocupación, comentó: “De todo salieron dos cosas buenas: yo voy a manejar todo y Andrés y yo somos los únicos herederos”. Se refería a su medio hermano, actualmente privado de la libertad en una cárcel del Valle por un caso de abuso sexual, de quien horas antes había comentado a la abogada que siempre había sido “cabeciduro y desordenado”, pero que, como estaba preso, no estaba en facultades de tomar las riendas de la peluquería ni de nada.
En términos generales, además de los testigos citados, fueron claves otras entrevistas para configurar los indicios contra Jhonier Leal. Sin embargo, para no dejar dudas y lograr la rápida confesión del asesino, la justicia agregó un verdadero caudal probatorio. Exámenes de grafología para demostrar que Mauricio Leal fue forzado a escribir un equívoco mensaje de despedida por su supuesto suicidio. La manipulación de su teléfono celular, lo mismo que la conducta de Jhonier con su dispositivo en los momentos previos y posteriores al doble asesinato, y otros cabos sueltos en la escena del crimen.
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Rastros de sangre de Marleny Hernández en las escaleras y en una toalla, con evidencias de que, después de muerta, Leal movió su cadáver hasta la alcoba de Mauricio Leal. Su cuerpo apareció envuelto en una sábana y la necropsia determinó que tenía una herida con cuchillo que seccionó su arteria abdominal y la vena cava inferior, provocando su muerte. En cuanto a Mauricio Leal, con un cuchillo de mango café, el asesino le afectó el mesenterio -membrana que sostiene vasos sanguíneos-, lo que le provocó un shock hemorrágico. Todo con víctimas ahítas de pastillas para dormir para ejecutar la acción.
Desde la perspectiva penal parece un caso cerrado, pero quedan orbitando interrogantes. ¿Jhonier Leal fue un homicida solitario desbordado por sus emociones o, como lo aseguró la Fiscalía, no hubo cómplices que lo indujeron a la violencia? Además, quedaron otras preguntas por resolver respecto a los movimientos financieros que ya investiga la fiscal Luz Ángela Bahamón, en un contexto de giros sospechosos o súbito incremento patrimonial. Todo está por verse en este capítulo judicial que mantuvo al país en vilo por cuenta de un estilista que se rodeó de famosos, pero murió junto a su madre, a manos de un hermano que ahora les pide perdón.