22 Feb 2019 - 2:00 a. m.

Edificio Mónaco pasa de ser emblema del narcotráfico a homenaje para las víctimas

Este viernes será derrumbado el edificio de ocho pisos que Pablo Escobar hizo construir para vivir con su esposa y sus dos hijos en una de las zonas más opulentas de Medellín.

Leonardo Botero Fernández - @LeonardoBotero4

El Mónaco lleva abandonado varias décadas.  / Nathaly Triana - El Espectador
El Mónaco lleva abandonado varias décadas. / Nathaly Triana - El Espectador

El 13 de enero de 1988, un carro bomba con 80 kilos de dinamita, obra del cartel de Cali, estuvo cerca de destruir el edificio Mónaco. Se trata de una construcción de ocho pisos que el capo de capos, Pablo Escobar Gaviria, mandó hacer para que él y su familia vivieran a sus anchas, con sus piezas de arte y automóviles clásicos, en el barrio Santa María de los Ángeles, en el exclusivo sector El Poblado de Medellín. Los Escobar no lograron vivir allí más de dos años y ahora, más de tres décadas después, otra explosión, esta vez controlada por el Estado, lo derribará.

El edificio Mónaco permanece cerrado, lleno de vallas de la Alcaldía. A él solo tienen acceso funcionarios municipales. No queda sobre una vía principal ni es visible, pero cuando se encuentra, resalta: mientras las fachadas de los edificios que lo rodean están bien cuidadas y hay un constante ir y venir de personas y carros, en el Mónaco no ocurre nada. Es el fantasma de una historia que sigue siendo la historia misma de la ciudad. De vez en cuando aparece uno que otro vehículo relacionado con la implosión; de resto, nada.

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Las ventanas están cubiertas por lonas negras y blancas. El piso de la entrada está sucio y es evidente que ningún carro ha parqueado allí en años. Las paredes se notan sucias y hay varios montículos de escombros. Todo acerca del Mónaco es gris; el único color lo aportan los árboles que lo acompañan y dos grafitis sobre sus paredes. En uno se ve a una niña que llora sin consuelo, con el trasfondo de la palabra “Transformar” escrita tres veces en rosado, azul y amarillo. Otro, menos perceptible, dice “Prevalecemos”. De la terraza cuelga un afiche de la Alcaldía de Medellín que dice, en letras mayúsculas: “Para no olvidar, para reflexionar, para renacer”.

En el lote donde hasta este viernes estará el Mónaco, que por la historia misma del narcotráfico se convirtió en un emblema de lo que representó el cartel de Medellín para esa ciudad, se construirán un parque y un memorial, llamado Inflexión, para homenajear a las víctimas del narcotráfico, sobre todo a aquellas que murieron entre 1984 y 1993. La administración del alcalde Federico Gutiérrez ha explicado que la propuesta surgió de la búsqueda de transformar un lugar que se había convertido en un punto de referencia sobre Pablo Escobar en una conversación sobre las víctimas que dejó su oleada de violencia.

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Aun así, la decisión de derrumbar el edificio Mónaco ha generado críticas y dudas en distintos sectores, como la academia y distintas organizaciones sociales, casi todas resumibles en una pregunta: ¿la construcción del parque servirá para hacer memoria o será una inversión para la imagen de Medellín, pero sin un trasfondo? Un debate que se ha avivado durante los últimos días, ante la inminencia de la implosión programada para este viernes en la mañana.

Durante una rueda de prensa el pasado miércoles, el alcalde Federico Gutiérrez dio más detalles sobre el proyecto. Dijo, por ejemplo, que la implosión de la que fue la casa de Escobar, de su esposa Victoria Henao y de sus hijos Juan Pablo y Manuela —los tres radicados en Argentina desde 1994 con otros nombres— es el comienzo de una “estrategia mayor de construcción de memoria”, que el parque costará unos $9.000 millones, que la remoción de escombros irá hasta abril o mayo y que entonces se iniciará la ejecución del proyecto Inflexión, adjudicado en una convocatoria internacional a una propuesta local.

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“Lo que pretendemos es rendir un homenaje a las víctimas de esta época, pues entre 1984 y 1993 hubo más de 46.000 muertes violentas. Es hacer memoria desde el lado correcto: el de las víctimas. Es la posibilidad de construir memoria en esta ciudad a partir de las víctimas, que es lo que hemos planteado. No es borrar la historia, es volver a ella para contarla desde el lugar adecuado”, expresó el alcalde Gutiérrez.

Por ese argumento del mandatario de Medellín, sin embargo, nacen ciertas críticas. La Corporación Región es una organización social que desde hace más de tres décadas trabaja en la ciudad en temas como derechos humanos, paz, territorio y educación, y en la coyuntura del edificio Mónaco se ha perfilado como una de las voces que más reparos presentan. Su directora, Martha Villa, habló con El Espectador sobre las preocupaciones que tienen.

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Aclara que están de acuerdo con que el Estado intervenga un espacio como el Mónaco, pero les inquieta la forma como se definió qué hacer. “Hay un contrasentido que ellos han bregado a explicar de todas las maneras: dicen que no quieren demoler la historia, pero ese es el mensaje. Yo creo que es una acción muy compleja. Estoy de acuerdo con la reivindicación que se hace de las víctimas, pero dudo mucho de que la manera en que se ha hecho lo vuelva un proyecto colectivo”, señaló.

Una postura contraria a la planteada por Cathalina Sánchez, directora del Museo Casa de la Memoria. “Es una estrategia acompañada por un discurso de memoria. No se estableció al azar. Es un memorial con un significado y detrás del cual hay todo un discurso de reconciliación y de construcción de paz”, explicó a este medio. Sánchez hace énfasis en que este proceso de memoria es colectivo, que no compete solo a los habitantes de Medellín de esa época, cuando la capital antioqueña llegó a ser reconocida como la ciudad más violenta del mundo. La demolición del edificio Mónaco también interpela a Colombia entera, un país que se vio desangrado cuando Pablo Escobar y los llamados Extraditables le declararon la guerra al Estado con tal de evitar que fueran procesados en Estados Unidos.

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Otros consideran que derribar el Mónaco y gastar recursos públicos en lo que allí se erija después es un proyecto innecesario. En esa orilla se encuentra, por ejemplo, Gílmer Mesa, autor de la novela La Cuadra (que habla de la historia de Los Priscos, grupo de sicarios del cartel de Medellín) y profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana, para quien esta anunciada demolición no tiene “ninguna importancia”. Encogiéndose de hombros dice que “es el edificio que construyó un traqueto en El Poblado, más nada. Le dan demasiado bombo a algo a lo que no hay que dárselo”.

El profesor Mesa expone otra duda: el Mónaco se encuentra en una de las zonas más pudientes del Valle de Aburrá y él, aunque reconoce que el narcotráfico en esa época hizo presencia allí, sostiene que su mayor impacto fue en los barrios periféricos, donde vivían los jóvenes que luego se convirtieron en el ejército de sicarios que formó el cartel de Medellín. Mesa se pregunta, entonces, cuáles son las víctimas a las que se rendirá homenaje con el memorial Inflexión, cuando, para él, es evidente la brecha social y económica que surge de la localización del Mónaco. “¿Cómo me van a decir que el símbolo de la problemática que representó Pablo Escobar está ubicada en El Poblado? Si quieren buscar registros de ese período negro, que vayan a los barrios (populares)”.

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La discusión no se centra solo en la implosión del edificio Mónaco. Este, más bien, ha servido para debatir la figura de un personaje como Pablo Escobar y el impacto del narcotráfico en la cultura de una ciudad que al mismo tiempo lo aborrece —sobre todo en los sectores que más resultaron afectados por sus acciones—, lo venera —especialmente en las periferias, donde algunos siguen pensando en Escobar como su benefactor— y hasta le saca beneficio económico aún, con los famosos narcotures que tanta controversia han ocasionado.

“El objetivo no es borrar la memoria sino construir sobre ella”, insiste el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. “Pablo Escobar no fue más que un símbolo de la cultura de la ilegalidad. Pretendemos reflexionar sobre esa historia para no volver al pasado. Es un caso especial, hablamos de un símbolo en ruinas”. Cathalina Sánchez, directora del Museo Casa de la Memoria, argumenta que la implosión del Mónaco, donde Escobar pasó de victimario a víctima, servirá para “recordar los sucesos, a las víctimas olvidadas y darles ese reconocimiento que les permita resarcir su dolor y, a nosotros como ciudadanía, tener presente, no olvidar y procurar una no repetición”.

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Otros, sin embargo, no aceptan del todo ese mensaje institucional, pues creen que invisibiliza ciertos hechos. La directora de la Corporación Región, Martha Villa, considera que la invitación a “no hablar de Escobar” coarta las reflexiones en torno a lo que es el narcotráfico en la cultura. “El relato que se construye es que Pablo Escobar fue un ser malo que vino a esta sociedad a dañarnos a los buenos. Pero él es producto de este contexto y la pervivencia misma de su imagen es porque la sociedad sostiene el mito. La situación es más compleja”.

En este punto de Medellín cada mañana, a eso de las 9, empiezan a afluir grupos de personas a veces numerosos, a veces escasos. Hablan en otro idioma o con acentos que delatan que son extranjeros. Con sendas sonrisas en sus rostros se detienen a tomarse selfis con el Mónaco a sus espaldas. Los guías cuentan un poco de su historia: cuándo fue construido, quién hizo el atentado y por qué. Es un atractivo turístico inspirado en los relatos de ficción de series como Narcos, de Netflix. Sin embargo, cada tanto aparece alguien furioso a manifestar su desacuerdo. Como un taxista que, horas antes de que derriben el edificio, le grita a la guía de un narcotur: “¡Hay mejores cosas que ver en Colombia que eso!”.

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El profesar Mesa dice que Escobar se convirtió en un personaje patrimonial, un producto de consumo, y que el narcotráfico persiste como un problema grave en la sociedad. Por eso pregunta: “¿Vamos a decir que el narcotráfico se acabó con él? Esto (la implosión del edificio) es volver a poner de moda un tema que dicen que no quieren tocar: ¿quién había vuelto a hablar del Mónaco o de Pablo Escobar?”. Del Mónaco en específico, tal vez no tantos. Pero, aunque han pasado 25 años desde que murió abaleado por el Bloque de Búsqueda en el tejado de una casa en el occidente de Medellín, Pablo Escobar Gaviria es un tema que parece eterno.

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