Mientras que en ciudades como Cali y Pereira muchas personas insisten en buscar vida bajo los escombros del terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto, en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses avanzan con celeridad en la identificación de los cuerpos y la entrega digna a sus seres queridos. Pero también en la búsqueda de los desaparecidos, que ya suman 262, según el último reporte de esa institución, este 19 de agosto. El subdirector de Servicios Forenses de la entidad, el doctor Carlos Antonio Murillo, habló con El Espectador sobre esa carrera contrarreloj en la que la ciencia busca dar con las identidades de las víctimas del fuerte sismo, antes de que sea más difícil devolverlos a sus familias.
Ha pasado más de una semana del terremoto y estamos en un momento distinto de la búsqueda y de la identificación de las víctimas. ¿Cómo están trabajando ahora los científicos de Medicina Legal para avanzar en ese proceso?
Cuando se presentó el desastre, primero tuvimos la novedad de que se afectó la sede de Cali, que es donde hemos recibido el mayor número de cadáveres. Nos tocó implementar un trabajo diferente, salir de nuestra sede, y empezamos un procedimiento diferente al de la rutina de las necropsias. Estas usualmente están orientadas a buscar de qué murió la persona, encontrar evidencias para correlacionar un delito y buscar culpables. Pero en un desastre, el principal objetivo es la identificación e implementamos un modelo de trabajo tendiente a eso.
¿Por medio de cuáles métodos?
En Colombia tenemos tres métodos de identificación, que son las huellas dactilares, la carta dental y la genética. Usualmente, la identificación por huellas digitales es un proceso muy rápido. Puede tardar solo minutos, porque consiste en comparar las huellas del muerto con las que tenemos en la Registraduría. Nos permite identificar a todas las personas que sean colombianas y que tengan documento de identidad aquí. Cuando recibimos cadáveres frescos, tenemos huellas y así se ha logrado identificar la totalidad de los cuerpos hasta este momento.
Los menores de siete años no tienen huellas registradas en Colombia, por lo que nos tocó recurrir a la identificación por genética. Suele ser un procedimiento más demorado. Sin embargo, gracias a la estrategia que implementamos de traslado de muestras con apoyo de la Fuerza Aérea, se hicieron en menos de un día. Para los extranjeros muertos que tenemos, puntualmente 11 venezolanos, recurrimos a huellas que nos aportaron de ese país. Y en el caso de una persona de Países Bajos, logramos identificarla por la carta dental. Eso nos ha llevado a un éxito total en la identificación. Le puedo decir que casi todos los cuerpos están identificados.
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Y esas capacidades técnicas y científicas envían un mensaje de confianza para las personas que en este momento esperan la identificación de sus seres queridos.
Es un mensaje muy importante porque uno entiende el dolor de la familia que quiere tener rápido el cuerpo de su familiar para los rituales que tiene cada persona. Nosotros tratamos de que los procesos sean rápidos, pero siempre tiene que estar la certificación de la mano con un procedimiento científico. De hecho, Colombia es de los países donde más rápido entregamos los cuerpos. Aquí llega a una sede de Medicina Legal un cuerpo y el mismo día se está entregando. Cuando hay muchos cadáveres, como en Bogotá, se pueden demorar dos días. En otros países del mundo, incluso países desarrollados, puede pasar mucho tiempo hasta que el médico forense libere los cuerpos. Aquí realmente somos ágiles y con el desastre lo demostramos.
La identificación mediante carta dental o cotejo genético implica tener cierta información o muestras disponibles, que no siempre están a la mano por razones como el difícil acceso a la institucionalidad. ¿Cómo afecta eso los procesos?
Una de las dificultades en Colombia es el tema de las cartas dentales. A pesar de que hay una ley para tomarlas, no hay un banco de cartas dentales, como sí está el banco de las huellas en la Registraduría. El Instituto ha trabajado sobre la importancia de la disponibilidad de las cartas dentales en un sistema del sector salud. Que si yo necesito la carta dental de un cuerpo, pueda pedirle al sector salud que nos la entregue porque debe estar. Esa es una historia clínica que debe estar en algún repositorio. Los odontólogos particulares no las tienen conectadas. Es algo que al futuro hay que mirar para tener esa posibilidad y no ponerle la carga al familiar de que vaya y la busque porque no la tenemos disponible.
Nosotros tenemos un banco de perfiles genéticos de desaparecidos. A las personas que tienen un familiar del que no saben el paradero, les tomamos sus muestras y las cotejamos con las de los cadáveres que no hemos logrado identificar en cualquier parte del país. Es la ventaja de tener un banco sistematizado. Ahora, los familiares tienen la inquietud de qué va a pasar con el cuerpo mientras consiguen la carta dental o la genética. Aquí les damos garantías de cuidado a las personas. Uno de los grandes logros que tuvimos en este desastre es que logramos conseguir cuatro contenedores que tienen capacidad para cerca de 200 cuerpos cada uno, para poder tener los cuerpos refrigerados y conservados mientras se lograban los procesos de identificación.
No los hemos tenido que usar en la magnitud en que pensábamos, pues apenas tenemos seis cuerpos pendientes por entregar. No va a pasar lo que ha sucedido en otros países y con otros desastres, donde han cremado cadáveres. Tampoco los vamos a llevar a un cementerio ni a inhumarlos por ahora. Esos cuerpos se van a mantener en los contenedores mientras logramos establecer la identidad. Si hay algún cuerpo que no se logre identificar o que la familia no lo venga a reclamar en un tiempo prudencial, se hará el procedimiento de rutina, que es inhumarlo estatalmente. Enterrarlo en un cementerio, de manera individual y no en fosas comunes, porque está prohibido. De forma que, si luego aparece el familiar, se pueda recuperar y entregar.
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¿De cuánto es ese tiempo prudencial al que se refiere?
No tenemos un tiempo definido en Colombia. Depende de la capacidad de nuestros cuartos fríos y de la disponibilidad de los cementerios. Aquí uno de los grandes problemas que tenemos históricamente es que hay muchos muertos en nuestras sedes. Las neveras deberían estar desocupadas para, cuando se presente un desastre, poder tener los cuerpos ahí. Pero usualmente están llenas, porque la obligación de la inhumación estatal de enterrar un cuerpo que no ha sido identificado o reclamado es de las administraciones municipales.
Cada municipio debe tener recursos para ese procedimiento, pero en Colombia eso es muy complejo. Todos los días estamos peleando con los alcaldes para inhumar personas y a veces pueden durar años en nuestras neveras. Entonces depende de las capacidades de nuestras neveras y de la disponibilidad de los alcaldes de tener contratos con los cementerios para inhumarlos. No hay un tiempo establecido y varía mucho en cada sitio.
¿Dónde están esos contenedores que alistaron para atender el terremoto?
Tenemos uno en la ciudad de Pereira, dos en Palmira y uno en Cali. Eso nos da garantía de que, si el evento hubiese sido mayor, había donde tener los cuerpos refrigerados sin tener que llevarlos a inhumaciones estatales. La Alcaldía de Bogotá tiene contenedores que se usaron durante la pandemia de covid y están dispuestos para utilizarlos en una emergencia. Son estrategias muy buenas y ojalá que todas las ciudades tuvieran esos contenedores para poderlos usar en un caso así. El instituto ha empezado a adquirir en algunas neveras y, en la emergencia, con el apoyo de la primera dama y de algunos particulares, nos empezaron a donar otras.
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Con las afectaciones al centro de genética de Cali, que es uno de los cuatro que hay en todo el país, ¿se centralizó la identificación de cuerpos en Bogotá?
En este momento, como el volumen de requerimientos de genética no es tan alto y por facilidad de traslado de las muestras, lo estamos haciendo en Bogotá. Pero en la medida en que lleguen a aumentar, tenemos también las sedes de Villavicencio y Medellín para hacerlo. Sobre todo porque ahorita viene un tema importante, que son los desaparecidos. Tan pronto se presentó la emergencia, sabíamos que iban a haber desaparecidos. Pero aparecieron links de particulares diciendo: ‘Si tiene un desaparecido, ingrese aquí la información’.
Era información desordenada. Sumaban más de 4.000 desaparecidos inicialmente porque mucha gente no sabía dónde estaban sus familiares. Empezamos a depurar diferentes bases de datos. Logramos consolidar más de 600 registros de personas de las que no se sabía el paradero o no se habían contactado con sus familiares. Ya hemos cruzado información y de esos hemos encontrado 98 cadáveres y 294 que nos han dicho que están vivos, en un centro de salud, que aparecieron o se comunicaron con el familiar.
Pero seguimos con 262 personas, con corte de hoy, de las cuales aún no se sabe el paradero. Eso no quiere decir que son desaparecidos del desastre. Tenemos registros de personas que dicen: ‘Yo sabía que él vivía allá, hace mucho tiempo no me comunico con él, pero no sé qué le pasó’. Son personas que no tienen contacto con la persona que reportó como desaparecida y estamos validando. Pueden estar en albergues, en una institución de salud; puede ser que no tengan teléfono y no se han comunicado.
Estamos verificando para saber cuántos de ellos realmente son desaparecidos. Una vez tengamos depurada esa información, si los familiares dicen que, efectivamente, no han encontrado a su ser querido, se estarán citando para tomarles una muestra genética que se procesará y se subirá al banco de perfiles genéticos de desaparecidos. Allí hay miles de casos, y los cruzaremos con todos los cadáveres que vayan llegando, incluso aunque no sean del desastre. Puede ser que no sepan de su paradero, pero apareció muerto por un accidente de tránsito en otra ciudad, por ejemplo.
En los casos de esas personas que siguen apareciendo en la lista de desaparecidos de Medicina Legal, pero que están vivas, ¿cuál es el proceso que deben seguir para reportarle a la institución y que no los sigan buscando?
Estamos publicando todos los días la lista de las personas que figuran como desaparecidas. El objetivo es que, si alguien sabe que están buscando a una persona que ya apareció, se comunique con nosotros y lo informe. Para quienes siguen con familiares desaparecidos, pueden acercarse a Medicina Legal para la toma de muestras de sangre. No necesitan nada especial, es gratuito y no requiere denuncia penal por la desaparición. Es solo ir a cualquiera de las sedes del Instituto y con eso nosotros hacemos todo el proceso.
No es necesario acercarse a la institución de forma física. Hemos divulgado un teléfono (60 19187020 o 9143960, extensión 23600) para que las personas nos informen si alguien ya apareció o pregunten dónde puede tomarse la muestra genética. Eso es muy útil porque cuando uno habla de dimensiones de más de 200 desaparecidos, uno podría decir que ese es el número de muertos que no han llegado al Instituto. Eso no es cierto. Sabemos que todavía debe haber cuerpos bajo los escombros, pero no en esas dimensiones.
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A propósito de cuánto puede durar este trabajo, el doctor Carlos Valdés, exdirector de Medicina Legal, le dijo a El Espectador que el plan para dar con todos los desaparecidos del terremoto podría ser de hasta por un año. ¿Cuál es su cálculo?
Puede ser más. Tal vez se termine el proceso de levantar escombros y que no haya más cuerpos, porque hemos sido muy ágiles en eso. Pero a los desaparecidos los buscaremos hasta encontrarlos. Muchos puede ser que no fueron desaparecidos en el terremoto, pero no se sabe de ellos y tenemos que seguir buscándolos. Todos los días hacemos cruces de información. A veces logramos encontrar personas desaparecidas hace 40 años. La búsqueda es permanente. En un par de semanas, cuando termine la remoción de escombros, cerraremos el balance de cadáveres. Pero el de desaparecidos seguirá hasta encontrar a la última persona reportada.
El exdirector Valdés también señaló que sería importante hablar de “solidaridad científica” y unificar esfuerzos para gestionar esta situación con instituciones aliadas a Medicina Legal, por ejemplo. ¿Qué opina de esa propuesta?
Medicina Legal hace parte del Puesto de Mando Unificado Nacional (PMU) en el que están todas las instituciones y estamos trabajando coordinados. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, por ejemplo, tiene el reporte de los cadáveres, pero también le estamos diciendo que nos ayude a hacer seguimiento, porque tenemos siete menores registrados como desaparecidos. Algunos estaban en condición de cuidado de terceros, entonces estamos verificando si los tienen en sus centros.
En el PMU se ha planteado cuáles son los apoyos científicos y sucede lo mismo que con los rescatistas: primero es la capacidad local y estamos trabajando con ello. Ni siquiera tuvimos que activar servicios forenses. Aunque teníamos muchos equipos del Instituto listos para actuar, hemos tenido que llevar solo cinco o seis equipos adicionales, porque no los necesitamos. Si los necesitáramos, los llevábamos. Si se superara la capacidad institucional, empezaríamos a buscar apoyo en servicios forenses particulares o de otros países. De hecho, nos ofrecieron servicios forenses y apoyo de genética de otros países de la Red Forense Iberoamericana.
Estamos atentos, pero no lo hemos necesitado. Diferente a lo de Venezuela, que superó la capacidad y nosotros fuimos como forenses a apoyar. Aquí no, porque ese volumen está bajo. Nosotros siempre tenemos un plan de emergencias y un comité que tiene que estar listo para atenderlas, incluso cuando son peores. Si bien van 314 cuerpos, no llegaron todos en un solo momento; han llegado día a día y los hemos evacuado. Colombia tiene una capacidad de resolución de emergencias y de desastres que conocemos.
Sabemos que cuando se supere eso, tendríamos que ir, por ejemplo, a buscar qué laboratorio de genética de las universidades que estén certificadas nos puede ayudar. Y sí estamos coordinadas las instituciones. Hemos pedido los apoyos que hemos requerido. Por ejemplo, la sede de Cali se dañó, pero tenemos solicitudes de apoyo a universidades que están mirando cómo nos ayudan para tener algún laboratorio mientras reconstruimos y estamos hablando de morgues alternas. Esto tiene que ser coordinado y así estamos nosotros, de acuerdo a nuestras capacidades.
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Hay alrededor de 290 familias esperando razón de sus familiares reportados como desaparecidos en el terremoto, ¿qué mensaje enviarles en este momento?
Debemos tener la tranquilidad de que hay datos claros. Nosotros no ocultamos muertos ni desaparecidos. Todos los días los estamos publicando para que la ciudadanía tenga la tranquilidad de los datos. No se puede especular sobre los desaparecidos. A las personas que aún no saben el paradero de un familiar, que se sigan comunicando con nosotros o con la Fiscalía. Que quienes ya conocen sobre la aparición de alguien, por favor, nos informen, porque eso permite que nos concentremos en los que realmente están desaparecidos. No estamos llevando un registro, sino buscando todos los días a los desaparecidos. No pueden perder la fe.
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