Publicidad
22 Dec 2021 - 11:00 a. m.

La historia del empresario acorralado y acribillado que busca salir de Colombia

El cuerpo de José Adelín Rodríguez sobrevivió a 10 tiros a quemarropa. Criminales lo llaman y le escriben anunciándole que a él y a sus hijos les “van a llenar la cabeza de plomo”. Hace siete años denunció la persecución en su contra, pero su expediente no tiene avance. Pide salir del país.
José Adelín Rodríguez enseña la radiografía en la cual se ve cómo una bala quedó incrustada en su nuca.
José Adelín Rodríguez enseña la radiografía en la cual se ve cómo una bala quedó incrustada en su nuca.
Foto: Archivo El Espectador

Don José Adelín Rodríguez sobrevivió a un disparo directo a la cabeza. Quedó en pie tras recibir un tiro en el abdomen y varios más en sus dos brazos, los mismos con los que apenas puede enseñar las radiografías que guarda en su celular. Decenas de fotos en las cuales se le ven los huesos del brazo izquierdo trozados y una fotografía estremecedora de una bala que, para su fortuna y para la desdicha de quienes lo persiguen, quedó incrustada en su nuca sin romperle la vida para siempre. “Esto no es vida”, dice señalándose la más profunda de sus cicatrices. Pide que ayuda a las autoridades para que lo saque de Colombia.

Lea: Presos de La Modelo de Bogotá se hacían pasar por policías para extorsionar

“Me han pegado 10 tiros en dos atentados. Ahí están las cicatrices -dice subiéndose la manga de su camisa-. La ley es para todos. Le diría al fiscal general de la Nación que pusiera ojos sobre mi caso, porque ya de pronto le va a salir una solución cuando lo maten a uno. Siete años y no han investigado a nadie. Yo espero tener una vida tranquila, que yo no tenga persecución. Yo espero irme y dejar la ley tranquila aquí, que haga su trabajo. Y eso que en siete años no han hecho nada. Yo aquí estoy expuesto las 24 horas a la muerte mía y de mi familia”, dice Rodríguez.

No tiene otra opción, asegura. En la Fiscalía, desde 2014 cursan ocho noticias criminales en las que él es la víctima. La entidad hace años abrió indagaciones por los delitos de hurto, extorsión, amenazas, constreñimiento ilegal e intento de homicidio, de las cuales, denuncia el empresario, no hay desarrollo. No existen capturas, ni mucho menos condenas. Su sombra es un grupo criminal que le envía mensajes constantes y panfletos siniestros en nombre de las “Autodefensas Unidas del Meta, Casanare y Arauca”. Rodríguez siente que la muerte le toca el hombro, ya la ha tenido frente a frente.

Don José Adelín Rodríguez fue militar del Ejército y escolta durante su juventud. Tiene un don único para hacer negocios. De hecho, en Bogotá comandó un taller de confecciones que fue exitoso hasta que unos ladrones se llevaron su maquinaria. Con la plata que le quedó, Rodríguez compró una casa en Villavicencio y se mudó con su esposa e hijos. Ahí fue conocido como el “señor de los Xbox”, pues en el primer piso de la vivienda montó un local de videojuegos. Diez pantallas, a $1.000 la hora. Además, inició a comprar lotes para revenderlos a mejor precio. En 2014 los criminales lo notaron.

Lea también: Por supuesta extorsión a su abuelo, envían a hombre a la cárcel

“De ahí para adelante fue la tortura más grande. En mayo de 2014 empezaron con esa molestadera. Me dijeron que me iban a proteger si pagaba la extorsión, que si algún ladrón me iba a robar ellos estarían pendientes. Yo creo que ese año recibí más de 10 llamadas. Me mandaron el número de una señora para que yo les pasara una plata. Me siguieron tratando mal. Me decían: ‘Hijueputa no me mame gallo, le lleno la cabeza de plomo a usted y a sus hijos’”, reseña Rodríguez. Supuestos paramilitares lo extorsionaron, intentando que les comprara 10 radios. Nunca lo hizo.

Sin embargo, en casa la opinión era diferente. “Uno mira las noticias y uno nunca cree que le va a pasar. ¿A uno le pasan cosas malas por trabajar? Y la ley dice: no pague, denuncie. Y eso fue lo que él hizo. Yo sí le dije que pagara la extorsión y que hiciera de cuenta que esa plata se la robaron. A mí me daba mucho miedo. Es que en las llamadas decían que le iban a llenar la cabeza de plomo a mis hijos. Él no quiso pagar y vea las consecuencias. A él siempre lo llaman, le mandan mensajes al teléfono”, dice la esposa del empresario. Se quiebra al hablar del expediente.

19 de septiembre de 2014. José Adelín Rodríguez llegó a su casa. Tras cruzar un par de palabras con uno de los muchachos en el local de videojuegos, uno de los recientes clientes, quien se había pintado el pelo días antes, se aceró y le descargó un arma de fuego. Le disparó en la clavícula y le destrozó el brazo izquierdo. Una bala, la cual tenía destino de muerte, quedó incrustada en su nuca. Otro que iba para su cabeza quedó en la pared. El victimario, sin cumplir su objetivo, escapó en una moto que lo esperaba en frente del lugar. Han pasado siete años y no ha sido capturado.

Lea: Judicializan a ocho personas señaladas de extorsionar desde la Cárcel Modelo

“Yo he escuchado, de más de 10 personas, que estoy vivo de milagro. Los doctores me dicen que debo de agradecer mucho a Dios, porque quien sabe que santo me cuida. Me han hecho 14 cirugías. Ocho días después del primer ataque me querían atentar en Bogotá, que me tenían que joder, cuando yo me estaba recuperando. Después de eso me empezaron a llegar más mensajes”, agrega. “Y siguió mariquiando viniendo a la Fiscalía. Acuérdese que se fue, pero dejó gente atrás. No busque lo que no se le ha perdido, que la próxima no fallamos”, ha recibido a su número personal.

José Adelín Rodríguez consiguió protección de la Unidad Nacional de Protección (UNP) un año después de su primer atentado. Desde entonces ha recibido constantes mensajes y llamadas, lo cual lo ha obligado a desplazarse como nómada por varios lugares del país. Lo “paracos” lo condenan por no pagar, denunciar y sobrevivir. Perdió su capacidad laboral e incluso se le han roto las platinas que le han puesto para conjurar las heridas de su brazo izquierdo. Atiende su primera entrevista a medios desde un municipio de Cundinamarca. Dos hombres, portentosos y atentos al perímetro, guardan su vivienda a la salida.

Volver a nacer

Uno de los hijos de Rodríguez, quien lo acompaña para la entrevita, es quien guarda los elementos clave del expediente. Es el menor de la familia. Serio, pensativo y algo nostálgico, comenta que está cansado de salir a la calle con el temor de perder la vida. Habla con tristeza sobre su padre, con quien tuvo la suerte de sobrevivir a un atentado el 10 de noviembre de 2019, en Bogotá.

Lea: Extorsiones en Arauca: el tema del que nadie se atreve a hablar

“Nos dirigíamos a una reunión familiar, a un almuerzo. Íbamos con mi esposa, mi mamá y mi papá. Paramos a pocas cuadras de la casa. Mi mamá y mi esposa se bajaron a comprar unos panes. Nos quedamos hablando, cuando a los cinco minutos una persona se nos acerca por el lado del copiloto. Cuando le pegan el primer tiro a mi papá, él cae sobre la palanca. Yo me boto encima de él. Cuando dejan de sonar los disparos reacciónanos”, responde.

Tiene tatuado en su brazo izquierdo y en su memoria los hechos que su padre denuncia. “Tengo la fecha del primer atentado, el 19 de septiembre de 2014. Y tengo la del 10 de noviembre de 2019. Marcaron mi vida. El tatuaje dice ‘vive por siempre’, también tiene la fecha de nacimiento de él y las dos veces que volvió a nacer. Fueron momentos amargos, pero a la vez una nueva oportunidad de vida”. Espera salir de Colombia junto a su familia, pues está cansado de sentirse el blanco de un potencial ataque cada vez que sale a la calle.

Lea: Las amenazas contra los líderes del Catatumbo tras anuncio de las curules de paz

Don José Adelín Rodríguez tiene en su memoria a los “paramilitares de San Martín”. Personas que se hacen llamar así lo han acorralado desde el 2014. Antes de la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), el Bloque Centauros operaba en los Llanos Orientales y Cundinamarca. Uno de sus frentes, el Meta, tenía su centro de operaciones en el municipio de San Martín. A la víctima le han llegado panfletos de muerte de las Autodefensas Unidas del Meta, Casanare y Arauca, sin embargo, el único registro que se tiene de ese grupo son otras amenazas que han llegado a la población del departamento durante el proceso de paz con las Farc.

“En un informe de la Defensoría del Pueblo sobre bandas criminales, se ha alertado sobre la presencia de panfletos amenazantes contra la población firmados por las Autodefensas Unidas del Meta, Casanare y Arauca, que a pesar de no reportar bajas o capturas se presume sea un reducto del extinto Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (Erpac)”, registró el portal Rutas del Conflicto en marzo de 2016. Quizás sean paramilitares, quizás sea una banda criminal. Todavía nadie lo sabe, pues no hay registro en sentencias judiciales del caso Rodríguez.

“La fiscal de Villavicencio no me ha atendido de ninguna índole, la que lleva mi caso desde 2014. Le pido que me solucione mi problema, esto ya lleva siete años y yo aporté mucha prueba -asegura tener el nombre de quien buscan su cabeza-. Es un riesgo, con esa gente no se juega. No estoy seguro aquí en donde estamos sentados, cualquiera puede entrarse. Ahora tengo el carro blindado, pero necesito que me colaboren porque me van a matar. Me voy a hacer matar por andar en estas, denunciando, porque la Fiscalía no ha hecho nada”, concluye Rodríguez. La Fiscalía le respondió a este diario que en Bogotá solo hay un proceso en la Unidad de Vida, el cual se encuentra en indagación.

Para conocer más sobre justicia, seguridad y derechos humanos, visite la sección Judicial de El Espectador.

Síguenos en Google Noticias